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19 abril 2026 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

II Domingo después de Pascua: 19-abril-2026

Epístola (1Pe 2, 21-25)

21Pues para esto habéis sido llamados, | porque también Cristo padeció por vosotros, | dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. 22Él no cometió pecado | ni encontraron engaño en su boca. 23Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; | sufriendo no profería amenazas; | sino que se entregaba al que juzga rectamente. 24Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, | para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. | Con sus heridas fuisteis curados. 25Pues andabais errantes como ovejas, | pero ahora os habéis convertido | al pastor y guardián de vuestras almas.

Evangelio (Jn 10, 11-16)

11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan las ovejas. 14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. 16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 

Reflexión

I. Se llama este domingo, del Buen Pastor, debido al asunto del Evangelio (Jn 10, 11-16) que nos invita a honrar particularmente la mansedumbre de nuestro Señor. El introito, la epístola, el evangelio… nos predican la bondad y el ejemplo de mansedumbre de este divino Redentor, la caridad extrema que este buen Pastor tiene por sus ovejas, por las cuales ha venido, no solo para conducirlas al redil, sino también para dar su vida por ellas.

Las apariciones de Jesús resucitado manifiestan sensiblemente esta virtud de la mansedumbre:

  • En primer lugar, porque removió el corazón de sus discípulos explicándoles las Sagradas Escrituras que se habían cumplido en su Pasión, Muerte y Resurrección. Y les así dirá en el camino de Emaús: «¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?» (v. 26). Jesús les saca de su error porque ellos sólo pensaban en la venida del Mesías glorioso y les mostró cómo las profecías y figuras del AT se referían también a su primera venida, a la encarnación del Hijo de Dios para morir en la Cruz «por nosotros los hombres y por nuestra salvación».
  • De esta manera, Jesucristo, que ha de constituir a los Apóstoles en testigos de su Resurrección, los saca de la incredulidad mediante sus apariciones: Cristo se aparecía para sembrar las semillas de la fe (santo Tomás de Aquino). No bastó el sepulcro vacío pues en un primer momento esto les llena de consternación y perplejidad. En todos los relatos aparece claro que los Apóstoles piensan primero en otra cosa y sólo se convencen paulatinamente tras la solución de sus dudas por medio de la visión del Señor.

II. En la Epístola (1 Pe 2, 21-25), san Pedro nos propone la paciencia y la mansedumbre de Jesucristo como el modelo que debemos tener en todos los momentos de esta vida. Nada más eficaz, para inspirarnos esta paciencia y esta mansedumbre, que el ejemplo del mismo Jesucristo: «Cristo padeció por vosotros, | dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas».

Jesucristo, aunque inocente, ha querido padecer por nosotros los pecadores; ¿qué no debemos hacer para hacernos semejantes a Él que sobre el madero de la cruz ha llevado nuestros pecados en su cuerpo (v. 24), a fin de que, muriendo a los pecados, vivamos en la santidad

Fácilmente se advierte la relación que tiene el Evangelio con esta Epístola. Después de haber hecho el retrato de los sacerdotes, de los doctores de la ley y de los fariseos como mercenarios y malos pastores que huyen viendo venir el lobo, y que en lugar de apacentar las ovejas las degüellan para mantenerse ellos mismos, hace aquí el suyo: «Yo soy el buen pastor». Este divino Pastor, dice san Gregorio, nada satisfecho con haber dado su vida por su rebaño, quiere todavía alimentar y saciar con su propia carne las ovejas que ha rescatado, y nada omite para su salvación.

III. Consideremos por todo esto la misericordia y la bondad que Jesús tiene con los pecadores. Su encarnación y los misterios de su pasión y de su muerte, sus parábolas, sus ejemplos… todo nos anuncia y nos demuestra esta misericordia. Particularmente:

  • En el padre de la parábola del hijo pródigo: en la manera solícita, amable, preveniente, con que el padre de este hijo perdido le recibe.
  • En la mujer adúltera.
  • El símbolo del buen Pastor que sale en busca de la oveja perdida y la carga sobre sus hombros lleno de contento.

Si la gran misericordia de Dios con los pecadores es para estos un gran motivo de confianza, no por esto debe servirles de ocasión para perseverar en sus pecados. La misericordia debe inspirar la confianza, pero una confianza inseparable del arrepentimiento, sin abusar de la bondad de Dios, de la paciencia y de la misericordia de Dios.

Hagamos dos propósitos: 1º El efecto de la confianza que debemos tener en la misericordia de Dios es esperarlo todo de su bondad sin dilatar un día nuestra propia penitencia

2.° La gran misericordia de que Dios usa con nosotros debe ser el motivo, y como la medida de la que nosotros debemos tener con nuestros hermanos. Sed indulgentes con todo el mundo. Nunca reprendáis sino con dulzura; corregid las faltas, pero jamás con palabras desabridas, ni con términos de desprecio.

IV. Inspirándose en estas palabras de Jesús al definirse como el Buen Pastor, la piedad cristiana y la liturgia de la Iglesia también aplican a la santísima Virgen María los títulos de “Divina Pastora” o “Madre del Buen Pastor”, por ser la Madre de Jesús que así se presenta y la Madre de todos los miembros de su Cuerpo Místico que es la Iglesia.

Esta verdad debe llevarnos a rodear de amor a la Madre de Jesús, honrándola de forma particular, sobre todo con el culto litúrgico, asistiendo a la celebración de la santa Misa, y con el rezo del Rosario. Y pidiendo a Dios los favores y gracias que necesitamos por intercesión de esta Divina Pastora.


Cfr. Juan CROISSET, Año Cristiano, Domingos, II Domingo de Pascua