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25 julio 2025 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Santiago Apóstol, patrono de España: 25-julio-2025

Epístola (1Cor 4, 9-15)

9Por lo que veo, a nosotros, los apóstoles, Dios nos coloca los últimos; como condenados a muerte, dados en espectáculo público para ángeles y hombres. 10Nosotros unos locos por Cristo, vosotros, sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros célebres, nosotros despreciados; 11hasta ahora pasamos hambre y sed y falta de ropa; recibimos bofetadas, no tenemos domicilio, 12nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; nos insultan y les deseamos bendiciones; nos persiguen y aguantamos; 13nos calumnian y respondemos con buenos modos; nos tratan como a la basura del mundo, el desecho de la humanidad; y así hasta el día de hoy. 14No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; 15ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús.

Evangelio (Mt 20, 20-23)

20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Reflexión

Celebramos la fiesta de Santiago Apóstol, patrón de España; es decir, ponemos a Santiago como intercesor y modelo para nuestra vida cristiana no solo individualmente sino también como protector de nuestra nación en la que él mismo anunció el Evangelio.

I. La misión de la Iglesia comenzó a realizarse precisamente gracias a que san Pedro y los demás Apóstoles, llenos del Espíritu Santo recibido en el día de Pentecostés, obedecieron a Dios antes que a los hombres cuando las mismas autoridades judíos que habían condenado a muerte a Jesús, pretendieron imponerles el silencio y que no anunciaran al Resucitado: «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los apóstoles replicaron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 28-29).

Santiago fue precisamente el primero de los Apóstoles que dio este testimonio hasta la muerte (Hch 12, 1-2), «bebió el cáliz del Señor»  cumpliendo así lo que había dicho a Jesús junto con su hermano Juan: «¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: Podemos» (Ev. v. 22).

II. La vida y el ejemplo de Santiago nos recuerdan que una de las notas que definen a la Iglesia fundada por Jesucristo es la Apostolicidad. La Iglesia es apostólica. Está fundada sobre testigos elegidos y enviados por Jesucristo. Por ellos enlazamos de un modo sensible con el Hijo de Dios asociado a nuestra historia. Como nos recuerda la Epístola de esta Misa, los Apóstoles son piezas básicas en la vida cristiana ya que ésta no se alimenta sólo de aspiraciones o de teorías, sino de realidades atestiguadas: «ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús (Ep. v. 15). Y en otro lugar dice san Pablo que los fieles en Cristo Jesús «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (Ef 2, 20)[1].

Como miembros de la Iglesia Apostólica y de la nación puesta bajo el patronazgo de Santiago podemos pedirle a este Apóstol que nos ayude a purificar y enderezar la fe, como principio y fundamento de toda nuestra vida; a situarnos con exactitud ante el reino de Dios, proclamado por Cristo y su Iglesia.

Santiago nos ha inspirado siempre este aprecio de la fe, como valor primario. Con su protección se ha dado en nuestra patria un prodigio histórico: que, a través de siglos, se haya conservado la continuidad de un pueblo cristiano, sin diluirse. Y no fue una conservación meramente defensiva: la fe impulsó en su momento a España a una expansión misionera que le dio a la Iglesia su universalidad geográfica.

Así se ha configurado el legado de una tradición que debemos transmitir a las generaciones futuras con fidelidad y enriquecida con nuestras contribuciones a ese proyecto de vida común. Precisamente, como la Patria es también un proyecto de vida común, el amor a ella tiene una dimensión social que es fundamental y que crece aún más por nuestra condición de cristianos. No es casualidad que en la medida que se desdibuja el verdadero patriotismo, sufran muchos españoles a consecuencia del paro, de la inseguridad y de la crisis económica. Muchas son las economías familiares que se han visto arruinadas y endeudadas por las consecuencias de lo que el Papa Pío XI denominó «imperialismo internacional del dinero»[2].

Hoy, vuelve Jesús a preguntarnos si estamos dispuestos a seguirle con fidelidad, entregando nuestra vida en el testimonio de la fe. Obedecer a Dios antes que a los hombres es la gran lección que nos enseña Santiago y con ella la fidelidad a la fe, el esfuerzo por propagarla y defenderla, la lógica consecuencia de que las leyes humanas se sometan a la Ley de Dios para que así, «fortalecida la Iglesia, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos» (or. colecta del Misal romano reformado).

III. Que el Señor nos ayude a vivir nuestro cristianismo radicalmente, imitando a Santiago Apóstol. A él le pedimos que vele sobre todo el pueblo de España, para que se reavive el gozo y el compromiso de la fe y las generaciones sucesivas hereden de nosotros la fidelidad al Evangelio que él nos anunció en los primeros tiempos de la Iglesia.


[1] Cfr. José GUERRA CAMPOS, Santiago Apóstol (25-julio-1972), in: El Octavo Día, Madrid: Editora Nacional, 1972.

[2] PÍO XI, Encíclica Quadragesimo anno (15-mayo-1931), 109.