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18 enero 2025 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

II Domingo después de Epifanía: 19-enero-2025

Epístola (Rom 12, 6-16)

6Teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado, deben ejercerse así: la profecía, de acuerdo con la regla de la fe; 7el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a la enseñanza; 8el que exhorta, ocupándose en la exhortación; el que se dedica a distribuir los bienes, hágalo con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace obras de misericordia, con gusto. 9Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno. 10Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; 11en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor. 12Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; 13compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. 14Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. 15Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. 16Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios.

Evangelio (Jn 2, 1-11)

1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. 3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». 5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». 11Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Fernando Cabedo Torrents (Misal diario dominicano, 1958)

Reflexión

I. Durante el tiempo de Navidad y el inicio de la Epifanía, hemos considerado los misterios de la vida oculta del Señor. A partir de este domingo vamos a contemplar su vida pública. Hablamos de «vida oculta» para referirnos al tiempo que Jesús vivió en el hogar de Nazaret mientras que su «vida pública» se inicia con el bautismo y las tentaciones en el desierto. A partir de entonces, el Señor comienza a predicar la llegada del reino de Dios y las disposiciones que exige; a llamar a sus discípulos y a confirmar su enseñanza con los milagros que hacía.

Hoy, el Evangelio (Jn 2, 1-11) nos presenta su primer milagro con ocasión de una boda en Caná. Al convertir el agua en vino, no solamente estaba remediando la necesidad de aquellos esposos, sino que manifestaba al mundo su gloria de Hijo de Dios como había hecho en la Epifanía y el Bautismo. Por eso la Liturgia une estos tres misterios de la vida de Cristo: «Hoy la Iglesia se ha unido con sus celestial Esposo. Cristo en el Jordán la ha lavado de sus pecados. Los Magos acuden con regalos a las bodas reales. Y el agua convertida en vino alegra a los invitados. Aleluya» (6-enero, antífona del Benedictus).

El evangelista san Juan habla de un “signo” para referirse a este milagro: «Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él» (v. 11). Los discípulos, que ha comenzado a reunir en torno suyo, contemplan su gloria, es decir: «ven en el hombre la oculta Divinidad; en lo frágil de su naturaleza humana ven la fuerza de su naturaleza divina; en lo débil de su apariencia externa contemplan la omnipotencia de Dios» (Bruno BAUR, Sed luz, I, Barcelona: Herder, 1953, 252). Jesús ha convertido el agua en vino sin necesidad de pronunciar una palabra y los discípulos creen en Él y le siguen.

II. San Juan subraya la abundancia del don concedido por el Señor (seis tinajas de unos 100 litros cada una). Tal abundancia es señal de la llegada de los tiempos mesiánicos, y el vino, a su vez, simboliza los dones sobrenaturales que Cristo nos alcanza y que en muchas ocasiones los profetas habían anunciado bajo la imagen de una alianza matrimonial.

Esta obra divina de la gracia en nuestras almas, la lleva a cabo Dios principalmente a través de los Sacramentos y cuando los recibimos dignamente se lleva a cabo esa transformación que nos lleva a una vida santa, verdaderamente cristiana. Así, en la sagrada Comunión somos transformados y nos unimos cada vez más íntimamente a Cristo. «Son las nupcias del Hijo de Dios con nosotros para sacarnos de nuestra nada y elevarnos hasta la gloria y plenitud de su vida divina» (ibíd., 254).

III. Por último, la presencia de la Virgen María y su intervención en este milagro pone de manifiesto su cometido en la obra de nuestra Redención.

En el evangelio de san Juan, la «madre de Jesús» aparece solamente dos veces. Una en este episodio (v. 1), la otra en el Calvario (19, 25). Estos dos acontecimientos, Caná y el Calvario, se sitúan uno al comienzo y el otro al final de la vida pública, como para indicar que toda la obra de Jesús está acompañada por la presencia de María Santísima. María colabora en la obra de Jesús desde el comienzo hasta el fin, actuando como verdadera Madre y mostrando su especial solicitud hacia nosotros. En Caná intercede por aquellos esposos; en el Calvario ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo y acepta la misión que Jesús le confiere de ser Madre de todos los creyentes.

Las palabras de la Virgen María a los sirvientes se dirigen también a la Iglesia de todos los tiempos: «Haced lo que Él os diga» (v. 5). La Virgen nos invita a poner en práctica todas las enseñanzas de Jesús para llegar a una total identificación con Él. De ahí la importancia de cuidar la devoción a la Virgen María en nuestra vida cristiana y de concretarla eficazmente en determinadas prácticas (como el rezo del santo Rosario) que se cumplen con fidelidad. Ella está siempre pendiente de todas nuestras necesidades y a Ella debemos acudir con frecuencia, amor y confianza en quien puede alcanzarlo todo de su divino Hijo N. Sr. Jesucristo.