Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone
«La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»
Epístola (Flp 4, 4-7)
4Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. 5Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. 6Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. 7Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Evangelio (Jn 1, 19-28)
19Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». 20Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías». 21Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». 22Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». 23Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». 24Entre los enviados había fariseos 25y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». 26Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». 28Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

James TISSOT, San Juan Bautista y los fariseos (c.1886-96), Brooklyn Museum
Reflexión
La liturgia de hoy se inicia (introito) con una exhortación del apóstol san Pablo que es la nota dominante de este III Domingo de Adviento y que se repite en la Epístola (Flp 4, 4-7): «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos». Y El motivo de esa alegría es que «el Señor está cerca» (vv. 4-5). El Apóstol está hablando de la segunda venida de Cristo en gloria y majestad y la Iglesia acoge esta invitación cuando también nos preparamos para recordar y celebrar la primera venida del Señor en la humildad de Belén y de la Cruz.
El santo Evangelio (Jn 1, 19-28) nos presenta a san Juan Bautista y a la expectativa mesiánica que se había creado en torno a él. «Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». Muchos identificaban a Juan con el Mesías o Cristo; él se anticipa a desvirtuar tal creencia y se presenta como el que anuncia a Cristo, por eso es llamado el precursor: «porque Dios le envió para anunciar a los judíos la venida de Jesucristo y para prepararlos a que lo recibiesen» (CM nº 179). Además su nacimiento trajo al mundo una santa alegría porque indicaba estar próxima la venida del Mesías (nº 182). Precediendo a Jesús «con el espíritu y el poder de Elías» (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (CATIC nº 523)
La predicación de san Juan Bautista preparaba al pueblo para recibir al Mesías porque ante la venida inminente del Señor, los hombres deben disponerse interiormente, hacer penitencia de sus pecados, rectificar su vida para recibir la gracia que trae el Mesías. La salvación viene por la conversión que se manifiesta en obras concretas, particulares para cada uno.
II. El ejemplo de san Juan Bautista nos recuerda que nosotros, al ser incorporados a la Iglesia, también nos convertimos en instrumentos de salvación para otros, tenemos el deber de transmitir lo que hemos recibido.
Los creyentes tenemos que ser «testigos de la luz». El mismo Jesús dice a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 14). Es decir, han de presentar la verdad para que, al cumplir su misión de apostolado, la «vean los hombres» que están en tinieblas y puedan ellos incorporarse a esta luz salvadora.
CATIC nº 900 Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra […]
nº 898 «Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios… A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos» (LG 31)
899 La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas […].
Los cristianos somos luz en medio del mundo:
III. Roguemos pues al Señor, por intercesión de María Santísima, que aprendamos a vivir el Evangelio y anunciar con nuestras palabras y nuestras obras la fe que profesamos dando así buenos frutos de santidad y de conversión.