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22 junio 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

V Domingo después de Pentecostés: 23-junio-2024

Epístola (1Pe 3, 8-15)

8Y por último, tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes. 9No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados, para heredar una bendición. 10Pues quien desee amar la vida | y ver días buenos, | refrene su lengua del mal | y sus labios de pronunciar falsedad; 11apártese del mal | y haga el bien, | busque la paz | y corra tras ella, 12pues los ojos del Señor se fijan en los justos | y sus oídos atienden a sus ruegos; | pero el Señor hace frente a los que practican el mal. 13¿Quién os va a tratar mal si vuestro empeño es el bien? 14Pero si, además, tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora bien, no les tengáis miedo ni os amedrentéis. 15Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones

Evangelio (Mt 5, 20-24)

20Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 21Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. 22Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. 23Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Reflexión

I. El Evangelio de este Domingo (Mt 5, 20-24) está tomado del Sermón de la Montaña que trae san Mateo en los capítulos 5-7. Comienza con las «Bienaventuranzas» y continúa desarrollando una serie de enseñanzas cuyo núcleo común podemos decir que es la «“Relación de la Antigua Ley con la Nueva”; o simplemente “La Transmutación de la Ley”» (CASTELLANI).

Hay dos expresiones de Jesús que explicitan esto que decimos

  • Unos versículos antes del fragmento que hemos leído, Jesús advierte: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud» (v.17). Al hablar de «la Ley y los Profetas». Jesús se está refiriendo al conjunto de las prescripciones legales y ceremoniales del AT, con su moral y sus profecías mesiánicas, que Él no abrogará sino que realizará y perfeccionará.
  • Al comienzo del Evangelio de hoy: «Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (v. 20). Estas palabras son la conclusión del párrafo que se inicia con el versículo que antes hemos citado y completa la doctrina sobre la relación de Cristo con la Ley porque sirve de introducción al perfeccionamiento que Jesús va a señalar para numerosos de sus preceptos en los versículos siguientes.

El principio general que se establece es una superioridad de los discípulos de Cristo que no podía referirse a la escrupulosa materialidad de la práctica de la Ley ya que en esto los fariseos eran insuperables sino al espíritu que debía informar esa práctica de los preceptos ahora formulados de nuevo. La justicia del reino mesiánico de Cristo es la justicia de la autenticidad religiosa en los espíritus.

II. El fundamento de esta interiorización de la práctica de la Ley radica en su íntima vinculación con la Palabra de Dios tal y como aparece en la Revelación. «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo» (Heb 1, 1-2).

En el antiguo Oriente “la palabra” (Logos) no es un simple sonido sino el principio de la acción; es la más clara expresión de la voluntad, así de la de los hombres como de la de Dios. En el Antiguo Testamento la Palabra divina es expresión de la revelación profética que dirige toda la historia de Israel: exhortación, conminación y promesa, etc. Secundariamente significa la Ley, sobre todo el Decálogo (Ex 34, 27-28), el Deuteronomio y la Sagrada Escritura. La Biblia reconoce, por tanto, en la Palabra de Dios un poder de Dios que se manifiesta en la Creación, en el reinado de la Gracia y en la guía del pueblo elegido y del individuo (SPADAFORA, 363-364). Esa guía de la conducta de los hombres se expresa con mucha frecuencia bajo la forma de Ley o Mandamientos.

III. Tres aplicaciones de estas consideraciones:

  • Una exhortación, en primer lugar a conocer los diez mandamientos de la Ley de Dios y a procurar una adecuada formación cristiana que nos enseñe lo que nos mandan y lo que nos prohíben cada uno de ellos. Procurar conocer también al menos lo más importante de la ley canónica
  • En segundo lugar, ajustar nuestra vida a esta norma de conducta convencidos de que los mandamientos de Dios no son el deber abstracto, ni meras normas y leyes sino una manifestación a nuestro alcance del camino que conduce a Dios y nos lleva a vivir como hijos suyos.
  • Por último, no podemos olvidar la relación entre ley natural y divina y las leyes humanas, aunque se trata de ámbitos distintos porque entre ellos existe una íntima relación.

CATIC 1902 La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. […] La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual dice que recibe su vigor de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia (STh 1-2, 93, 3 ad 2).

1903 La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo considerado y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. «En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa» (Pacem in Terris 51).

*

Pidamos a la Santísima Virgen, Asiento de la Sabiduría, que nos enseñe a valorar y a amar siempre más la voluntad de Dios manifestada en sus mandamientos y nos alcance la gracia de ser tan fieles a la hora de ponerlos en práctica que merezcamos un día participar en plenitud de esa misma vida divina.

Oh Dios, que tienes preparados bienes invisibles a los que te aman: infunde en nuestros corazones el afecto de tu amor; para que amándote en todo y sobre todo, consigamos esas tus promesas, que exceden a todo deseo (Oración colecta)