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«La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»
Epístola (1Pe 3, 8-15)
8Y por último, tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes. 9No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados, para heredar una bendición. 10Pues quien desee amar la vida | y ver días buenos, | refrene su lengua del mal | y sus labios de pronunciar falsedad; 11apártese del mal | y haga el bien, | busque la paz | y corra tras ella, 12pues los ojos del Señor se fijan en los justos | y sus oídos atienden a sus ruegos; | pero el Señor hace frente a los que practican el mal. 13¿Quién os va a tratar mal si vuestro empeño es el bien? 14Pero si, además, tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora bien, no les tengáis miedo ni os amedrentéis. 15Más bien, glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones
Evangelio (Mt 5, 20-24)
20Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 21Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. 22Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. 23Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda
Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Gustavo Doré: El Sermón de la Montaña
Reflexión
I. El Evangelio de este Domingo (Mt 5, 20-24) está tomado del Sermón de la Montaña que trae san Mateo en los capítulos 5-7. Comienza con las «Bienaventuranzas» y continúa desarrollando una serie de enseñanzas cuyo núcleo común podemos decir que es la «“Relación de la Antigua Ley con la Nueva”; o simplemente “La Transmutación de la Ley”» [1]. Esa relación o transmutación se establece explícitamente cuando Jesús dice al introducir esta parte del Sermón: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud» (v.17).
Al hablar de la Ley y los Profetas. Jesús se está refiriendo al conjunto de las prescripciones legales y ceremoniales del AT, con su moral y sus profecías mesiánicas. Y Cristo da esa plenitud al AT de la siguiente manera [2]:
De hecho, la frase con la que comienza el Evangelio de hoy y que luego se desarrollará en los versículos siguientes, se entiende mejor a la luz de esta relación de dar plenitud a la Ley y los Profetas del AT: «Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (v. 20).
II. El principio general que se establece es una superioridad de los discípulos de Cristo que no podía referirse a la escrupulosa materialidad de la práctica de la Ley ya que en esto los fariseos eran insuperables sino al espíritu que debía informar esa práctica de los preceptos ahora formulados de nuevo. La justicia del reino mesiánico de Cristo es la justicia de la autenticidad religiosa en los espíritus.
El sentido más profundo de esta enseñanza nos lo da San Juan en el prólogo a su Evangelio: «La Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo» (Jn 1, 17).
Es decir, la gracia, superior a la Ley de Moisés, se nos da por los méritos de Cristo, para nuestra justificación. Esa plenitud de vida que deseamos y necesitamos nos la da Cristo y, en Cristo, verdad y vida son inseparables: el Credo, está muy lejos de constituir un sistema de ideas frías y abstractas; es la historia de una acción salvadora, que parte de la vida eterna de Dios y nos conduce a nuestra propia vida eterna.
De ahí la nota diferencial de la moral cristiana: la filiación divina. Se trata de una moral de filiación: es decir, no del deber abstracto, no de meras normas y leyes, sino comunicación personal y cordial, que es lo que transfigura las normas, sin suprimirlas («No he venido a abolir, sino a dar plenitud») y, por tanto, da un sentido a la vida, que es la auténtica novedad práctica y vital del cristianismo. Sean cuales fueren las situaciones en las que nos encontremos, la verdadera aportación novedosa del cristianismo es la posibilidad de vivir con espíritu filial: sentirse animado por la presencia del Padre, atraído por Él, con confianza, serenidad, gratitud, alegría.
III. Dos aplicaciones de estas consideraciones:
Pidamos a la Santísima Virgen, Asiento de la Sabiduría, que nos enseñe a valorar y a amar siempre más la voluntad de Dios manifestada en sus mandamientos y nos alcance la gracia de ser tan fieles a la hora de ponerlos en práctica que merezcamos un día participar en plenitud de esa misma vida divina.
[1] Leonardo CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2011, 226-230.
[2] Cfr. Manuel de TUYA, Biblia comentada, vol. 5, Evangelios, Madrid: BAC, 1964, 104.