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7 Agosto 2017 • La condena a Tertsch exige la solidaridad activa de cuantos amamos la libertad y a España

Pío Moa

Tertsch, Iglesias y el legado de Rajoy

Algunos recordarán el caso de Zarrías, el socialista relacionado con tramas de corrupción, que votaba a cuatro manos o patas en el Senado. En plena orgía de abuelitos dijo que el suyo había sido fusilado por los franquistas por haber sido un alcalde democrático. Alguien se ocupó de aclarar el asunto, y Arcadi Espada recordó que el abuelito del honrado Zarrías había sido fusilado, no por demócrata (no había demócratas en el Frente Popular, y menos en el PSOE), sino por estar complicado en unos cuantos asesinatos.

El caso del abuelo de Zarrías no es único o excepcional, es precisamente lo normal en los fusilamientos de posguerra. Casi siempre se olvida que los sicarios y chekistas del Frente Popular cometieron innumerables crímenes, torturas y asesinatos, también entre ellos mismos, a menudo con un ensañamiento y un sadismo que superan a los del Estado islámico actual, y desde luego a los excesos en el bando nacional; que fueron abandonados por sus jefes políticos, los cuales se preocuparon de huir con grandes tesoros expoliados a lo largo de la guerra, y que por eso fueron capturados, juzgados y sentenciados. Lo he tratado ampliamente en Los mitos de la guerra civil o en Los mitos del franquismo, para quien quiera más información

Después de bastantes años de propaganda, hoy nos vamos aproximando a las cifras reales de los fusilamientos. Nada de 200.000, 100.000, 80.000 y otros números dados por los especialistas en el embuste, que diría Gregorio Marañón. Hubo unas 22.000 condenas a muerte, la mitad de las cuales fueron conmutadas a cadena perpetua, una “perpetua” que normalmente no llegaba a los seis años. Seguramente hubo injusticias, dada la emocionalidad del momento, pero en conjunto eso fue lo que pasó. Sin embargo, para los golfos de la “memoria histórica” no se trata de criminales juzgados y ejecutados, sino de “luchadores por la libertad víctimas del franquismo”. Con lo cual ya revelan los autores y ejecutores de esa ley totalitaria lo que entienden por libertad.

Y aquí entra el caso del periodista Hermann Tertsch, que lleva tiempo defendiendo verdades evidentes, pero dolorosas para los aficionados a la cultura de la falsificación histórica. Porque izquierda y separatistas, componentes de aquel Frente Popular salido de un brutal fraude electoral, no es que vivan en la mentira, sino que viven DE la mentira. Tertsch ha documentado cómo el abuelo de Pablo Iglesias participó en persecuciones y sacas de personas para ser asesinadas sin ningún delito concreto, cómo fue por ello condenado a muerte y conmutado a cadena perpetua de la que, como era normal, solo cumplió cinco años. La conclusión de Tertsch era lógica: el abuelo fue un criminal de los muchos de la época, y la admiración que le profesa Pablo Iglesias dice todo de este fulano, y nos informa también de lo que podría hacer si llegase al poder, como su patrón y también admirado Maduro, o los ayatolas, con los que “cabalga contradicciones” como dice en su curioso léxico.

Una jueza ideologizada de las muchas y muchos que hoy deprimen la justicia en España (una institución muy desprestigiada en la opinión pública, hecho gravísimo en una democracia y al que apenas se da importancia en esta democracia fallida) ha condenado a Tertsch simplemente por decir una verdad que perjudica políticamente al nieto admirador del miliciano chekista. Porque, repito, autores y ejecutores de la “memoria histórica” no viven en la mentira, sino de ella.

Milicias socialistas (Sáenz de Tejada)

¿Qué es Iglesias y su partido, en definitiva? Es un grupo proetarra, proseparatista, antiespañol, plagado de ignorantes e incultos, abortista (el aborto es la liquidación de vidas humanas indefensas), antifranquista (¡cómo no!), pro LGTBI, esa extraña y siniestra mafia cargada de odio que pretende regular y penalizar no ya la expresión de otras ideas, sino hasta de otros sentimientos que los suyos. Su “cabalgamiento de contradicciones” es también una buena prueba de intrínseca corrupción. Ahora bien, pregúntense ustedes: ¿en qué se diferencia ese partido del PP, del PSOE o de Ciudadanos? Esencialmente, ideológicamente, en nada. Todos coinciden en las señales definitorias dichas, con la diferencia de que el PP, por ejemplo, ha continuado la labor de salvación de la ETA emprendida por ZP y ha financiado generosamente a los separatistas, cosas que Podemos no ha tenido ocasión de hacer todavía. En cierto modo esta fallida democracia se ha convertido en un régimen de partido único con cuatro variantes que pugnan entre sí simplemente por el poder y el dinero, sin otros valores o intereses superiores.

Si acaso cabe pensar que Podemos es menos hipócrita y en algunos aspectos más demencialmente demagógico que los otros. Y uno tiene derecho a preguntarse: ¿cómo unos individuos semejantes han llegado a tener tanta influencia? La respuesta es evidente: por su acceso privilegiado a los medios de masas. ¿Y quién le ha proporcionado ese acceso? También lo sabemos: el PP, que en cambio ha mostrado el mayor celo en acallar a partidos como Vox, que podían hacerle la competencia. Para los maquiavelos de aldea que dirigen el PP, Podemos no es realmente la competencia, sino más bien una tabla de salvación. Hace pocos años, cuando la gente percibía como Rajoy era un discípulo aventajado de Zapatero, la indignación entre sus votantes crecía a diario. Pero llegó Podemos y se impuso el voto del miedo, tal como habían calculado los maquiavelillos. Podemos vive del radical ataque político al PP –pese a coincidir con él ideológicamente en casi todo—Y el PP conserva y recupera votos gracias al miedo que la palabrería de Iglesias y cia suscitan entre los ilusos y los timoratos. De esta manera se crea un círculo vicioso en el que cualquier alternativa queda silenciada y anulada.

El balance de la gestión de Rajoy puede expresarse así: ligera reducción del paro (con peores condiciones laborales y menos derechos de los trabajadores) como elemento positivo. En cambio: un separatismo más masivo y más audaz; reducción del estado español a residual en varias regiones; más ETA en las instituciones y la agitación callejera; burla permanente del estado de derecho; menos soberanía, entregada “por grandes toneladas” a Bruselas y la OTAN; permanencia insultante de Gibraltar y abrumadora colonización cultural por el inglés; más LGTBI y amenazas a las libertades públicas; más “memoria histórica”; más deuda pública… En suma continuación agravada de la política de Zapatero. Tal es el legado que deja el pensador del “Marca”, el político más nefasto desde la Transición: ruina de la democracia y seria amenaza de ruina de la propia nación española. La política de Rajoy (“la economía lo es todo”) ha consistido básicamente en cesiones sistemáticas y soborno, y su necedad es tal que con ello, en lugar de aplacar a sus competidores, los ha radicalizado y exacerbado sus fobias y furias.

Contra todas estas tendencias, presentadas desvergonzadamente como democráticas, es preciso luchar. El caso de la condena a Tertsch, entre esperpéntico y totalitario, exige la solidaridad activa de cuantos amamos la libertad y a España.

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