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3 febrero 2017 • Crónica de la presentación del libro en Pamplona: Análisis de un nuevo final ante un nuevo comienzo • Fuente: Navarra y Pamplona. España. Cuba

José Fermín Garralda Arizcun

Mercedes Vázquez de Prada: “El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-1967)”

El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-1967)

Mercedes Vázquez de Prada

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Tel. 911264770
ofi@schedas.com

Fue el martes 24 de enero a las 19:30 y durante una hora, cuando se presentó un importante libro sobre Carlismo en el Nuevo Casino de Pamplona. Se trata de la obra ganadora ex – aequo de la XIVª edición del Premio Internacional de Historia del Carlismo “Luis Hernando de Larramendi” -abuelo del presentador del acto- de la conocida Fundación Ignacio de Larramendi. Fue fallada hace dos años y medio en Sevilla para fallarse el próximo 25 de enero la XVª edición.

El hermoso salón principal, cuyo balcón señorea la plaza del Castillo de tantos recuerdos siempre -festivos y no tan festivos-, estaba lleno de público. Los convocantes fueron el presidente don Joaquín Molinero Abaurrea y don Luis Hernando de Larramendi como presidente de la Fundación.
Entre los asistentes había numerosos conocidos, doctores e intelectuales, profesores de universidad, como el Dr. Valentín Vázquez de Prada -padre de la autora, historiador de la Edad Moderna y que en 1986 fue director de tesis de quien esto escribe sobre la administración municipal de Pamplona en el siglo XVIII- , los doctores Satanley G. Payne de University of Wisconsin-Madison, Alfonso Bullón de Mendoza del CEU, Asín RemÍrez de Esparza, Andrés Gambra, Juan José Martinena de la RAEH, Fco. Javier Caspistegui, Jesús Tanco Lerga, Pablo Larraz, Juan Cruz Alli, la profesora Artazcoz y un largo etc., autores como Joaquín Ansorena, Javier Garisoain, Javier Baleztena entre otros muchos.

El acto fue retransmitido en directo y puede visionarse en el canal youtube (www.larramendi.com).

Correspondió dar la bienvenida en nombre del Casino al historiador Joaquín Ansorena, que agradeció a la Fundación convocante, a los miembros de la mesa y al público. Advirtió que por primera vez se iba a retransmitir el acto en directo, uniendo así este hermoso y antiguo salón con las nuevas tecnologías.

El señor Larramendi -en nombre propio y de sus hermanas Carmen y Coro ahí presentes- inició la presentación del título: El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-67), de la conocida autora la Dra. Mercedes Vázquez de Prada y Tiffe. Este libro de 355 páginas y portada a color, ha sido impreso en Gran Bretaña por Amazon.com y se encuentra en la red digital, pudiendo imprimirse en formato tradicional a pedido. En la sala se vendió a 15 euros. La editorial es Schedas S.L.

Dr. Fco. Asín , el hispanista Dr. Stanley G. Payne, Luis Hernando de Larramendi, la Dra. Mercedes Vázquez de Prada, autora del libro presentado. Foto: JFG2017
El Señor Larramendi presentó la Fundación Ignacio Larramendi, su origen y objetivos, así como el susodicho Premio Internacional. Destacó algo evidente, y es que la Institución convocante no admite la llamada historia apologética, que es una pseudo historia. El Premio se inserta en el vasto marco científico (que -añade quien esto escribe- sobrepasa de forma inclusiva el ámbito del profesorado universitario, conforme a la endogamia e ideologización de la universidad española), de la honestidad académica, en la exposición de los hechos, en un rigor que rechaza la apología o el intento de demostrar apriorismos. En efecto, el historiador tan sólo debe alumbrar el pasado histórico.

Las intervenciones recogidas a continuación sitúan el libro en el ámbito historiográfico, y mostraron ciertas discrepancias entre algunos miembros de la mesa que es interesante resaltar. Su exposición la hacemos según las notas tomadas en la sala, que hemos contrastado y el lector puede contrastar con el vídeo de youtube.

* * *

El Dr. Stanley G. Payne, uno de los mejores hispanistas del ámbito académico, recordó con afecto y no sin melancolía, a dos amigos que -según él- tanto han hecho por el conocimiento histórico de la última guerra en España. Mencionó con emoción a sus amigos el abogado Fco. Javier de Lizarza -recordado como mecenas, gran carlista y español- y al jurista Javier Nagore Yárnoz -gran foralista, también carlista, y que dejó su testimonio e investigaciones sobre la vivencia de los Tercios de requetés en la Cruzada-. A este insigne hispanista americano se debe el prólogo del libro presentado.

A decir de Stanley G. Payne, el Carlismo ha sido el movimiento político más longevo de la historia contemporánea de España y ha durado mucho tiempo. Ha sufrido un declive sociológico en sus números hasta la actualidad debido a las modernizaciones y los cambios sociales. El destino del Carlismo fue ser resucitado por sus enemigos en 1868 y la primera República, y con las provocaciones de la IIª República. Rejuvenecido por entonces, en 1936 Fal Conde quiso una sublevación sólo carlista y monárquica, aunque finalmente tuvo que sumarse a otros sectores. Eso sí, los carlistas eran los que tenían más determinación. La guerra de 1936 no significó la victoria de los carlistas, aunque tantísimo hiciesen para su logro. A Franco le gustó el tradicionalismo como visión histórica, religiosa y social. Ahora bien, no le gustaba nada el Carlismo como cuestión dinástica o legitimista, por ser -según él- insuficientes para movilizar a todos los españoles, y un factor de división entre los españoles. A pesar del Decreto de Unificación de 1937, el Carlismo se insubordinó en la primera época del Régimen, lo que ya ha sido estudiado por alguna obra premiada por la Fundación. Franco reservó los cargos de Ministro de Justicia y de presidente de las Cortes a carlistas colaboracionistas, admitió una autonomía limitada de Álava y Navarra, afirmó algunos de los puntos básicos del Carlismo como el catolicismo tradicional, su cultura moral y religiosa y la unidad nacional. Para Franco, exigir más era entrar en el reino de las fantasías. Luego Franco promovió la candidatura del malogrado Carlos VIII. Si hubo carlistas destacados que colaboraron con Franco, sin embargo Fal Conde se opuso rotundamente durante muchos años, a la vez que don Javier se mostraba ambivalente. Franco tildaba a éste de aristócrata francés que no tenía que ver con España, aunque don Javier aceptase los términos básicos del tradicionalismo. Frente a los posibilistas estaban los intransigentes, lo que abre las muchas peripecias narradas en el libro de la presentación.

Según Stanley G. Payne, la autora ha analizado con éxito varios archivos personales para conocer un proceso contradictorio y confuso como es la etapa del Carlismo de 1957 a 1967. Ha sido una labor complicada y ha exigido mucha iniciativa personal en la historiadora. Según el hispanista, lo que hizo difícil la continuación del tradicionalismo genuino -esto es, mantenerse con éxito- fueron tres elementos. Primero, la eclosión de la democracia-cristiana y la social-democracia en Europa, acompañada de una mejora económica sin precedentes. Segundo, el cambio generacional entre los carlistas. Tercero, aquellos aspectos del Concilio Vaticano II que parecían dar al traste la unidad católica y que parecía legitimar la democracia existente; ¡qué puñalada por la espalda! -la del Vaticano II- decían Franco, así como los carlistas puros y el carlista moderado don Javier. Años después, don Carlos Hugo cambió el Ideario y programa tradicionalista por un llamado socialismo autogestionario, que implicaba una oposición al tradicionalismo político y fue heterodoxo, llegando así las primeras elecciones del año 1977. Don Carlos Hugo hizo pasar al Carlismo de la extrema derecha a la extrema izquierda. Según el hispanista, en el libro la autora describe con detalle y equilibrio la lucha de las élites dentro del Carlismo, pondera el peso relativo de sus líderes y sectores, y analiza el conflicto fundamental con la nueva heterodoxia de don Hugo. Se hace a través de una seria investigación de fuentes primarias, que analiza con precisión esta etapa clave de la historia del Carlismo, la última fase del Carlismo verdadero.

* * *

El Dr. Francisco Asín Remírez de Esparza se presentó como investigador de la primera guerra carlista en Aragón siendo profesor universitario de Zaragoza durante dos décadas. Por eso, lo suyo no era juzgar en profundidad el libro presentado. Quien le conoce, sabe que desde hace muchos años don Francisco Asín es un gran conocedor del mundo editorial y del libro antiguo. Pero lo que aquí más importa es que, además de su rigor doctoral, el ponente conoció en primera persona el Carlismo desde dentro de él durante los años sesenta, como miembro de AET. Así mismo, el hecho de trabajar en las revistas Montejurra y Esfuerzo Común le dio acceso a muchas cartas y a conocer los problemas que se suscitaron.

Francisco Asín agradeció a la autora su trabajo investigador, lo que no impidió mostrarse crítico con algunos de sus planteamientos.

Según el Dr. Asín, los hechos como tales son objetivos, pero no lo son las interpretaciones que se hacen de ellos, pues pueden estar sujetas a diversos planteamientos, principios y prioridades. Es más, también en los documentos hay elementos de subjetividad. Puso un divertido ejemplo de ello. Consideró que el libro es interesante, está lleno de informaciones, a veces poco conocidas y que aporta una visión y una parte de lo que fue el Carlismo. Sin embargo -continuó- la realidad de entonces era mucho más compleja, por lo que se hacen necesarias más fuentes y más puntos de vista que las utilizadas en el libro. Él hubiera preferido más visiones y un mayor contraste entre ellas.

Para el Dr. Asín, el título del libro se refiere a lo que será el huguismo, es decir, la evolución de la Comunión Tradicionalista y el quehacer de José María Valiente hasta el momento de formarse -añade quien esto escribe que mediante ruptura- el llamado Partido Carlista. Sin embargo, en el libro faltan otros sectores como la Regencia de Estella nacida en 1958, la existencia de otras muchas sensibilidades que pudieran dar una visión diferente, y se relega a Fal y a otras importantes personalidades.

Según su propia experiencia y la de otros carlistas, los años 1965-1972 no supusieron para ellos un giro de la extrema derecha a la extrema izquierda, pues no se sintieron en ninguno de ambos ámbitos.

Si la época de José María Valiente y también la de José María Zavala fueron posibilistas, es porque había una presión de los carlistas para obtener del Régimen lo que iban obteniendo don Juan y don Juan Carlos. Con Zavala ocurrió lo mismo, y si Carlos Hugo no se presentó como el príncipe del Régimen sí se presentó como el Príncipe del 18 de Julio -hay carteles de propaganda que lo indican-, pasando luego a intentar ser “rey” en la oposición.

¿Cómo es posible que un movimiento tan popular, vigoroso y combativo desapareciera casi de golpe en la década de los sesenta? El libro lo quiere explicar de dos maneras. Primera, alegando la postura no firme de don Javier y sus titubeos con don Juan, y, segunda, subrayando los enfrentamientos internos entre los carlistas. La existencia de dichos enfrentamientos es verdad, pero lo primero hay que matizarlo mucho. A continuación el Dr. Asín aportó sus argumentos como idea principal de su exposición.

A modo de síntesis puede decirse que a la afirmación de que al Carlismo le resucitan sus enemigos, habría que añadir que también es cierto que lo matan sus amigos.

Desde su experiencia personal, Asín manifestó lo siguiente. Don Javier fue un hombre sencillo y próximo, y fue coherente en sus ideas, nunca tuvo los vaivenes de don Juan capaz de pactar con los nacis en los 40, hacer declaraciones tradicionalistas en Estoril, y luego pactar con los comunistas en el 75. Se opuso totalmente al fascismo -con palabras y con el hecho de estar prisionero en Dachau-, y aceptó la evolución del quehacer de los carlistas para su permanencia, adaptaciones que muchos años antes hizo don Jaime y se hacen evidentes en otras ocasiones. El Carlismo no intentaba conquistar el poder por el poder, sino para lograr unas estructuras nuevas que hicieran posible las libertades. La sociedad pluralista se debía hacer por la vía social cristiana y no marxista. El libro -según el ponente- olvida que don Alfonso Carlos le designó rey a don Javier sino regente, lo que le permitió tener sus dudas sobre qué sería lo mejor para España.

Por otra parte, los movimientos de juanismo y el Carlismo son muy anteriores a don Javier. Comienzan con don Jaime y don Alfonso Carlos y nadie ha dicho que ambos tuvieran titubeos o vaivenes. Sobre ello el ponente aporto diferentes datos al respecto, así como del entrismo de juanistas en los círculos carlistas. En realidad, ni Alfonso Carlos ni don Javier reconocieron a don Juan porque no veían claro ni sus ideas, ni sus actitudes, ni siquiera su legitimidad.

La causa de la crisis de los carlistas no sólo son las desavenencias internas, sino también una labor de ataque exterior desde el Régimen de Franco. El Carlismo recibió ataques por el Régimen con la seducción, mediante ofrecimientos y prebendas, y diferentes actos de fuerza. La autora explica cómo intentaron convencer a algunos profesores de la Universidad de Navarra, y si el historiador y sacerdote Suárez Verdaguer aceptó ser preceptor de don Juan Carlos (añado quizás por ser sacerdote), Álvaro D’Ors rechazó la oferta y dijo: “Los hombres somos flacos capaces de cualquier villanía, pero en este caso me he salvado”. Pocos carlistas cedieron a los ofrecimientos del franquismo o del juanismo, pero eso también erosionó a los carlistas.

A partir de los años 1965, el juanismo desapareció como una opción para los carlistas. Los carlistas vieron en el juanismo un acicate para atacarle por las prebendas, preferencias y distinciones que obtuvo del Régimen frente al Carlismo.

Al hablar de la crisis de los carlistas hay que abordar la actitud del régimen del Franco: prisiones, prohibiciones, seducciones, y en plena guerra y después el cierre de Círculos y la clausura de los 49 periódicos sin contar las muchas revistas. En efecto, la crisis de los carlistas no son sólo las desavenencias internas sino también la presión e intervención externa. Ello hizo que el Carlismo fuese un movimiento popular que perdiese ganando, que perdió en la paz después de ganar la guerra, siendo excluido de las ventajas de los ganadores y también de los perdedores.

El Carlismo no participó en el Régimen franquista -y mucho menos pudo ser agente de la construcción de España por la que había luchado-, aunque sí participasen en el Régimen algunos carlistas a título particular.

Con estas palabras, el Dr. Asín se distanció desde la experiencia de algunos planteamientos de la autora. Sin duda ello enriqueció la aportación de la mesa.

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Llegó el turno de la autora, la Dra. Mercedes Vázquez de Prada, tan esperado por el público, que explicó algunas cuestiones sobre la elaboración y redacción de un libro de historia política general, correspondiente a la etapa posibilista de los carlistas con el Régimen franquista entre 1957 y 1967. Contó el cómo y por qué escribe la obra y otras cuestiones significativas.

Con el título El final de una ilusión quiso reflejar dos sentimientos que aletean en el carlismo en esta época, que son el entusiasmo y el fervor, contagiado a las masas y percibido en el Acto de Montejurra de forma visual, lugar donde se juntaban carlistas de todas las edades, de todos los grupos sociales y lugares. En la portada del libro hay cinco muchachas con la ilusión propia esa joven edad durante los años 60. “Un sentimiento de ilusión en el sentido de una imagen irreal creada por el sentimiento que es una esperanza de llevar al país a una monarquía tradicionalista, pero que es algo que difícilmente podía llevarse a término y que en definitiva no pudo ser” (1). (Quien esto escribe, considera que esta expresión es clave en la exposición del libro, por lo que remitiré mi valoración en nota).

La autora consideró que el Carlismo fue un movimiento importante en la Historia de España hasta los años setenta del siglo XX. Después de más de un siglo y medio de historia, y de tres guerras, aún no se había estudiado lo ocurrido en la década de 1960, etapa conocida sólo por los que la vivieron. Pues bien, es en ella donde se encontrarán -según la autora- las claves del movimiento tradicionalista, que a su vez explicarían el futuro giro del tradicionalismo socio-político al llamado socialismo autogestionario.

Las fuentes utilizadas corresponden a los archivos personales de Valiente y Fal Conde, ambos depositados en la Universidad de Navarra. El archivo de José María Valiente es de primera categoría, pues atesora una correspondencia activísima entre 1957 y 1967, que incluye a las altas personalidades esparcidas por toda España, y refleja los ambientes económicos y culturales y sociales. Valiente será un catedrático de derecho civil, que procediendo de las JAP y siendo su presidente, militará en el Carlismo desde 1934. Por otra parte, también el archivo de Fal Conde, abogado sevillano anti colaboracionista con el Régimen, es importantísimo porque será un referente político de primer nivel en la Comunión Tradicionalista, a pesar de ser retirado por don Javier de la jefatura por su tenaz oposición a Franco. Por ello don Javier le nombró consejero especial.

Gran parte de los carlistas no aceptaron el posibilismo. Cuando los dirigentes apreciaron que Franco giraba en torno a los liberales que apoyaban a don Juan Carlos, es cuando don Javier realizó un giro posibilista acercándose a Franco. Este posibilismo no era una identificación con el franquismo. Los posibilistas querían congraciarse con Franco y acercarse al Régimen por dos motivos.

Uno, para tener una holgura política con la que sobrevivir, conseguir una estructura y organización política, no ser arrinconados, actualizar su Ideario, y obtener puestos de influencia. En segundo lugar, para adelantarse en la carrera a los liberales -así dice la autora-, que con Laureano López Rodó a la cabeza estaban diseñando sus estrategias para poner a Juan Carlos de Borbón.

El libro se centra en el período posibilista de los dirigentes del Carlismo oficial con el Régimen de 1957 a 1967, que se divide en dos fases. La primera, de 1957 a 1964, fue una etapa de auge e ilusión, en la que se reactiva un movimiento que aún tenía rescoldos muy vivos, que coincidía con la labor de Valiente -jefe de la secretaría desde 1957 y jefe delegado en 1960- para al final tener lugar el matrimonio de don Carlos Hugo en 1964. La segunda fase, desde finales de 1964 a 1967, fue de declive y desilusión. Luego vino el giro heterodoxo de carlistas hacia el huguismo.

El Tradicionalismo político quedará engullido por la crisis general de los años sesenta en todos los ámbitos: social, político, eclesial, y generacional. Esto va a minar las bases de tradicionalismo. Se asistía a una revolución silenciosa de amplitud occidental y europea. Tras 1964 todos los vientos soplaban en contra: el Régimen de Franco, la Iglesia (quien esto escribe hablaría mejor de crisis en la Iglesia por todos vivida), la sociedad, la crisis generacional (que enfrentará a los tradicionalistas con los que querían hacer otra cosa según el momento). Así, según la doctora, se produce una triple fragmentación de la Comunión: en sus líderes, en su proyecto político, y en las masas desconcertadas por la magnitud del cambio político, social y en el seno de la Iglesia.

Para la autora se trata de un libro sin conclusiones porque es el propio lector quien debe extraerlas fundado en las fuentes que se ofrecen en él, de por sí muy significativas y elocuentes.

El libro saca a la luz aspectos sorprendentes y hasta ahora poco conocidos de la historia reciente del Carlismo. Plantea incógnitas que pueden ser un punto de partida para muchas investigaciones, pues hay muchísimo Carlismo en todas las regiones de España desde Asturias hasta Canarias, siendo quizás la región de Extremadura la que menos tenía. Además, hay fuentes abundantes para abordar estos trabajos.

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Para terminar don Luis Hernando de Larramendi agradeció la profesionalidad, el rigor, la honradez, el espíritu auténticamente investigador, el ansia por descubrir, tampoco por tomar partido que naturalmente las cosas se ven desde un ángulo y eso es inevitable… porque ha hecho una gran contribución de la que pueden salir muchos trabajos sobre ese período donde inciden muchas concausas, y del período posterior.

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A modo de curiosidad, un caballero con boina roja repartió abundantes calendarios de bolsillo del año 2017. Lo hizo a la salida del acto académico y después del vino español servido en la sala. Seguramente con ello querría comunicar que el tradicionalismo carlista (en España de ser verdadero continúa la transmisión carlista) sigue siendo un proyecto ilusionante para unos y, para estos mismos y muchos simpatizantes, un proyecto -así dicen hoy- necesario para la sociedad navarra y española. Necesario por la verdad de sus principios generales y particulares, por su “olfato” político, porque todo se ha ensayado con un total fracaso menos los valores del cristianismo y los valores de la tradición (tradere) española -en cuanto tal renovadora- como bagaje propio de la persona concreta, de las familias y las comunidades, y de los pueblos hispanos en sus coordenadas espacio temporales.

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