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1 febrero 2017 • Permite adentrarse en una historia alternativa de los últimos cincuenta años de la vida española

Francisco Torres García

“El incomparable semanario Fuerza Nueva”

Con el título que rotula este artículo criticaba en tono irónico la oposición al franquismo, pero también los reformistas del franquismo, el semanario Fuerza Nueva, un histórico de la prensa española tras la guerra civil.

Revisar la historia de la revista Fuerza Nueva, al cumplirse el cincuenta aniversario de la aparición de su primer número, es poder adentrarse en una historia alternativa de los últimos cincuenta años de la vida política y social española; entrar en la crónica de lo que los demás medios ignoraban y de la denuncia constante de lo políticamente correcto. Una publicación a contracorriente, tanto en el régimen de Franco, como en la Transición o en la Monarquía democrática. Molesta para muchos, hasta tal punto que a ambos lados del espectro ideológico hubiera voces que abogaran por su suspensión. Quizás lo más significativo, a día de hoy, sea su supervivencia y le cabe el triunfo de ser la última publicación que se mantiene viva en un sector ideológico ayuno de prensa periódica. Estos cincuenta años sin faltar a su cita con sus lectores quizás sea su mejor carta de presentación. Su historia ha sido también un termómetro con el que medir la penetración en la sociedad de las ideas que sustenta la revista ya que no se trata de una publicación neutra, una fuente fundamental para poder aproximarse a este sector político y su evolución desde finales de los años sesenta.

“Fuerza Nueva quiso ser -anota Blas Piñar- y lo fue sin duda, aglutinante y portavoz a la vez de una corriente de opinión que comenzaba a dibujarse en la segunda mitad de la década de los sesenta, y que estimaba que la evolución política, propia de una sociedad en pleno desarrollo, no podía transformarse en ruptura… Nuestra razón de ser -la que dio origen a la revista- se hallaba en deseo vehemente de que esa evolución fuese perfectiva y se operase a partir de la carga ideológica del 18 de julio”.

El 2 de mayo de 1966 se fundaba formalmente Fuerza Nueva Editorial. 92 personas habían puesto en marcha en realidad un movimiento. Su proceso de gestación había sido largo, pues las primeras reuniones se iniciaron a finales de 1963. El objetivo real es alumbrar, en pleno régimen de Franco, un movimiento de opinión, ya que no existían los partidos políticos ni las asociaciones políticas. La revista Fuerza Nueva, que se iba a caracterizar por una lealtad absoluta a Francisco Franco y una atrevida crítica con respecto a los gobiernos de Franco. En ese tiempo fundacional, como reconocía el propio Piñar, la idea de Fuerza Nueva era todavía “vaga e imprecisa”, aunque en el fondo subyacía la idea de crear un “movimiento político nacionalista y cristiano”, cuyo objetivo era enfrentarse a las tres “revoluciones anticristianas y antinacionales: la liberal, la marxista y la erótica”.

La revista de las portadas.

La revista arrancó con un proyecto del periodista Jesús María Zuloaga quien fichará a quien ha sido en realidad el alma de la publicación durante cincuenta años, el joven periodista Luis Fernández-Villamea, entonces en la revista Semana. El primer director sería Julio Jesús Mora, que venía del diario Marca. No fue fácil completar la nómina de redacción y colaboradores. La revista salió a la calle con 6.000 números. Una tirada aceptable para una revista política cuando este tipo de publicación no era muy abundante en la época.

Aunque sea redundancia, por conocido y citado, la portada de su número cero era toda una declaración de principios y una crítica abierta al gobierno ejercida por una publicación a cuyo frente se encontraba un Consejero Nacional del Movimiento, pues indicaba que el régimen estaba abandonando sus principios. “El 18 de Julio ni se pisa ni se rompe” era el titular de la portada. El editorial era toda una advertencia de cuál era el objetivo de la nueva publicación, pero no pocos debieron tomárselo como un mero fuego de artificio, un quiero y poco más:

“Por nuestra adhesión cordial [al régimen] nos vemos precisados públicamente desde ahora, a mantener una postura crítica ante quienes, desde cualquier puesto, desfiguren tales ideas, pues entendemos que muchos de los fallos que la conciencia nacional pone de relieve son imputables a quienes por cambio de mentalidad, razones tácticas, o alegando una visión profética del futuro, han hecho posible que cundan los rebrotes de indisciplina, disolución moral. Contra los cuales España luchó con el propósito de extirparlos para siempre”.

Periodísticamente Fuerza Nueva no se va a apartar a lo largo de su historia de la reiteración de portadas y titulares impactantes capaces de levantar a la cúpula militar o política del sillón. Ahí queda, por ejemplo, aquella portada de 1977 con la corona en la portada y el titular de “ni católica, ni social, ni tradicional, ni representativa”; o la de abril de 1977, con un Adolfo Suárez, cuando se especulaba si se presentaría a las elecciones, vestido con uniforme del Movimiento con un titular en interrogación: “¿Será una rosa? ¿Será un clavel?”; o la que, señalando directamente al estamento militar, cuando se asesinaba con asiduidad a militares y se realizaban entierros en silencio e incluso cargas policiales contra quienes querían asistir, aparecía una portada con luceros en lo alto y unos dibujos de gallinas ponedoras con el titular exagerado en el tamaño de la letra de “Gallinas”, eran los años en los que se solía echar alpiste a las puertas de algunos cuarteles; o aquella en la que un puñal, cuya empuñadura era la rosa socialista, ensartaba a un feto al legalizarse el aborto; o más recientemente la que nos presentaba un primer plano de Mariano Rajoy con una gesto acompasado al titular de “Manso”.

Vistas desde hoy, una selección de las portadas de Fuerza Nueva se convierte en un auténtico flash-back de los últimos cincuenta años de historia política de España. Detengámonos, por ejemplo, porque una revisión profunda excedería las dimensiones de un artículo como este, en la batalla que la revista, prácticamente en solitario, libró contra la Reforma Política. Arranquemos con aquella en la que aparecía la imagen multiplicada de Carlos Arias Navarro, último presidente del gobierno de Franco y primero de Juan Carlos I, y un texto significativo “Más espíritus” (la revista Fuerza Nueva había contribuido decisivamente a enterrar el denominado “Espíritu del 12 de febrero” por la denuncia que hizo de la propuesta de Arias todavía en vida de Franco). En febrero de 1976 la revista clamaba: “Se vende España”, denunciando la entrega que el gobierno estaba dispuesto a hacer para poder entrar en el Mercado Común y ser aceptada políticamente por la Europa Occidental (entonces media Europa estaba bajo la dictadura comunista). Pocas semanas después insistía: “Por los caminos de Europa: mendigando”, pues FN siempre fue crítica con la entrada de España en lo que sería la Unión Europea y el precio que por ello iba a tener que pagar nuestro país. En su número 487, pese a las presiones, FN no se arredraba y acusaba de traición a quienes estaban impulsando la reforma política: “A los treinta y siete años de la Liberación, Traición”. Debió de ser la única publicación que protestó ante el fin del Movimiento por lo que ello significaba: “Tiro en la nuca al Movimiento”. Y ello, pese a que años antes había salido con una portada que era una declaración de oposición a un Movimiento que no era más que una cáscara burocratizada: “De espaldas a la Secretaria General”. En eso años Blas Piñar había tenido serios incidentes, con prohibiciones de actos incluidas, cuando era reclamado para participar en actos conmemorativos relacionados con la victoria nacional en la guerra o las efemérides falangistas. Línea de denuncia que se continuaría con aquella esquela del Movimiento que figuraba en la portada de uno de sus números. Fuerza Nueva estaba denunciando lo que iba a suceder mientras que otras publicaciones, que también sabían lo que significaba la reforma, lo ocultaban pese a su aparente vinculación a lo que había sido el régimen de Franco. Así, en su número 490 recogía con un interrogante: “XXXVII Desfile de la Victoria. ¿Por última vez?”. Y unos meses después iba más allá en su escalada de oposición y denuncia con un informe que señalaba al gobierno, a los procuradores y a la propia Jefatura del Estado ejercida por el heredero de Franco, el rey Juan Carlos I: “Sobre juramentos y principios: el perjurio a examen”. La conclusión de este recorrido sería aquella otra con la imagen del Caudillo y su “Franco hubiera votado NO” ante el referéndum sobre la Ley para la Reforma Política. Como ha recordado el general Blas Piñar fue la única publicación que abiertamente hizo campaña por el NO.

La expansión

Entre 1969 y 1975 Fuerza Nueva Editorial se fue transformando en un partido político encubierto mientras otros hablaban de “estados gaseosos”; la revista se transmutaba en algo más que una revista. Estaba constituyendo una corriente de opinión militante; un nicho sociológico que iba a sustentar la creciente presencia de Blas Piñar en actos por toda España. Cuando el régimen, o mejor dicho los gobiernos del régimen, abandonaba actos conmemorativos y lo que había sido el “franquismo militante” Piñar se convertía en el líder natural de esa corriente. Lo que a la vez abría la persecución de la revista por parte de esos gobiernos y la animadversión de los que preferían mirar para otro lado compartiendo espacio ideológico pero que se mantenían en la inanidad o el conformismo político del “atado y bien atado”.

A lo largo de su historia la revista Fuerza Nueva ha tenido varios directores. A Julio Jesús Mora sucedió el periodista y militar Manuel Ballesteros. Pero FN ya molestaba a los gobiernos de Franco por lo que el Ministro del Ejército, general Francisco Coloma Gallegos, ordenó a Ballesteros que presentara su renuncia a la dirección de la revista o sería encerrado en un castillo. Ballesteros tuvo que dejar la dirección siendo trasladado a Mallorca por el Ministro (fue el único militar que sufrió tal medida), aunque siguió escribiendo bajo seudónimo. Se harían cargo de la dirección sucesivamente los periodistas Waldo de Mier y Pedro Rodrigo y el abogado José Luis Jerez. Siendo ya general, Ballesteros volvería a dirigir Fuerza Nueva y finalmente, hasta la actualidad, la revista continuaría bajo la dirección de Luis Fernández-Villamea. Durante los primeros años el editorial sería realizado por el propio Blas Piñar (sin firma estarían los de Ballesteros o Fernández-Villamea; en los últimos años, también sin firma, ha realizado no pocos el autor de estas líneas).

El posicionamiento crítico de la revista con respecto a los gobiernos de Francisco Franco, contra el predominio de la tecnocracia, se concreta cuando se conoce la composición del nuevo ejecutivo tras la crisis de 1969. Revisando la revista se podría afirmar, sin exageración, que Fuerza Nueva se convertirá en su máximo opositor. Los editoriales y algunos artículos van a poner en evidencia que algunas de las propuestas del nuevo gobierno pueden llevar a la desintegración del régimen. Esta postura lleva a los círculos de poder a intentar cauterizar lo que consideran una amenaza, haciendo llegar al propio Franco la idea de que Piñar se ha transformado en casi un enemigo del régimen. La contestación la da el propio Piñar en un editorial publicado en enero de 1970 diferenciando entre la oposición al régimen y la posición al gobierno en defensa del régimen, que es lo que él hace. La revista no hace gracia al gobierno y sufre su primer secuestro cuando su número 163 sale a la calle. Hasta la muerte de Franco Fuerza Nueva será víctima de dos secuestros, tres expedientes administrativos, tres denuncias ante el Tribunal de Orden Público y diez comparecencias judiciales. Todo ello acompañado por la campaña, ordenada por el gobierno, de la prensa del Movimiento contra Piñar y Fuerza Nueva. Esto no amilanó ni a Blas Piñar ni a la revista. En Zaragoza, Piñar sube los decibelios de su denuncia: “Algunos cuadros directivos del país han sido ganados ideológicamente por el adversario”. En la misma línea, el número 189 aparece con un editorial firmado por el fundador de FN en el que pide la dimisión del gobierno, algo inusual en la época. En esos años la revista abre un nuevo frente: la denuncia de los contenidos de las publicaciones vinculadas a la “oposición moderada” al régimen, revistas como Triunfo o Cuadernos para el Diálogo. La respuesta de estas publicaciones fue la típica de la izquierda acusando al Estado -que persigue a FN- y a la banca -lo cual era de risa- de financiar los “exabruptos del incomparable semanario Fuerza Nueva”.

“Si los ideales que justificaron la revolución -afirmaba en una declaraciones Piñar- no hubieran sido torpedeados, ironizados, y en última instancia defenestrados Fuerza Nueva no había surgido y el que ahora te habla se hubiera ahorrado infinidad de disgustos. Nuestros gobernantes han dejado entibiar la filosofía política del régimen”.

La revista se estaba convirtiendo en un referente para un sector de la opinión pública española, más que por su difusión por las repercusiones políticas de sus artículos. Sin embargo, al finalizar los sesenta la revista contaba con 6.851 suscriptores, entre ellos no pocos antiguos ministros de los años cuarenta y cincuenta. El propio Hedilla había colaborado con Piñar para conseguir esos suscriptores que han asegurado la continuidad de la revista hasta el presente y Patricio González Canales apoyó la campaña siendo, como tantos falangistas de la primera hora, un colaborador activo de Fuerza Nueva. Sin ir muy lejos también estaba entre ellos José Luis de Arrese. La tirada había alcanzado entonces los 20.000 ejemplares. Pero lo interesante es que al compás que se hace evidente que el régimen no va a sobrevivir a Francisco Franco, o mejor dicho que los gobiernos aspiran, de un modo u otro, a cerrarlo, crece la revista. De hecho, es en los setenta cuando llegan las suscripciones de jefaturas locales del Movimiento, de unidades militares (es evidente que es el jefe de la unidad el que decide la suscripción), etc. La revista se hacía cada vez más molesta, porque sí que estaba presente en lo que era la cúpula del régimen. Por un lado, acusaba, más o menos veladamente, a parte de esa clase política de “traición” por lo que impulsaba a no pocos, aunque fuera a regañadientes o por disimulo, a nadar y guardar la ropa (uno de los objetivos que asumieron los fundadores del semanario fue el de “empujar a los responsables a cumplir”). Cada vez que el editorial de Fuerza Nueva anunciaba que ellos, que ya eran algo más que una revista, estaban en la vida pública “para ocupar trincheras y taponar fisuras”, se producía un pequeño revuelo en la clase política del franquismo que se veía abiertamente atacada y censurada. Lo que se veía compensado con el aprecio que dio Carrero Blanco a la revista, las varias veces que Piñar estuvo a punto de ser Ministro y el apoyo indirecto de Franco que se mostraba al nombrarle siempre Consejero Nacional del Movimiento o no aceptando su dimisión cuando este la presentaba. Así por ejemplo, cuando en 1971 se le da un homenaje a Piñar por su nombramiento como Consejero Nacional entre los asistentes figuran: Alejandro Rodríguez de Valcárcel, los tenientes generales Barroso y Ramírez de Cartagena, José Utrera Molina, Dionisio Martín Sanz y numerosos procuradores en Cortes además del médico personal de Franco, Vicente Gil. Sin embargo, no solo desde los ámbitos reformistas de la clase política o desde la “oposición moderada” se atacaba a FN, también se hacía desde las filas de los teóricamente próximos como en sus memorias reveló el jefe del SECED, José Ignacio San Martín: “Durante la época que estuve al frente abundaban quienes le combatían hasta con saña, pero no eran capaces de hacer lo que Blas Piñar hacía. No tenían poder de convocatoria. Pedían simplemente su cabeza o la clausura de la revista”.

“La revista ha sido -explicaba Piñar en 1976- y está siendo cada vez con más ímpetu, un revulsivo de la conciencia nacional, y en la medida en que el Movimiento se ha ido adocenando, desvitalizando y burocratizando, nosotros hemos ido recogiendo amorosamente, porque seguimos manteniendo la fe que a otros les falta, la historia, los ideales y las banderas del 18 de julio”.

Es de subrayar que durante estos años la revista, cuyos contenidos, como cualquier otra publicación no eran solo políticos incluyó amplios reportajes y prestó una notoria atención a la política internacional, sección de la que se ocuparía durante muchos años el falangista y voluntario en la División Azul Gómez Tello. Resulta interesante detenernos en la serie de artículos que van a retratar la modernización de la España de finales de los setenta. Fuerza Nueva va a llevarnos a recorrer los cambios operados en los sectores económicos, la gran revolución realizada por Francisco Franco, con especial mención a lo que ha sido la política hidráulica y de regadíos realizada por Luis Fernández-Villamea. El arranque de lo que será una constante en la revista desde 1975 hasta la actualidad la defensa de la obra de Francisco Franco. Pero también ahondaba en la denuncia de los casos de corrupción o de los negocios que se hacían a la sombra del poder (ahí quedan sus denuncias sobre los sobrecostes que suponía la concesión a empresas privadas de obras, las autopistas, en vez de ser acometidas por el sector público).

Multitudinario acto de FN en la Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)

Los años estelares

No es necesario incidir en que dada su posición, llegada la Transición, la revista perdió cualquier tipo de publicidad oficial y que ninguna empresa importante, salvo raras y momentáneas excepciones, insertaría anuncios en la misma, lo que eliminaba una fuente de financiación sin la que en España es difícil sobrevivir en el mundo de la prensa. Solo un número importante de suscriptores aseguraba su continuidad y su presencia en los quioscos de prensa.

Fuerza Nueva, por un lado del arco político, se convirtió en el gran enemigo de los franquistas que pilotaron la Transición, de Manuel Fraga y de la UCD. En 1976 el gobierno cursa una orden para que sea prohibida la entrada de la revista en los acuartelamientos militares, lo que implica la baja inmediata en la suscripción; lo mismo sucedió con centros oficiales, culturales, etc. Fuerza Nueva había dejado clara cuál era su postura. Nada había variado con respecto a su número cero. Es más, lo sucedido, era para la revista la consecuencia directa de haber desoído aquel titular inicial, por ello, en el número conmemorativo de 1976 dedicado al aniversario del Alzamiento Nacional, rotulaba su portada recuperando la de su primer ejemplar: “18 de julio. Pisado y roto (oficialmente)”. Aunque pueda parecer contradictorio, el hecho es que, convertida en la publicación que trata de agrupar los restos del “franquismo militante” y desde ahí ganar al “franquismo sociológico”, disputándoselo a la AP de Fraga y a la UCD de Suárez, sus principales usufructuarios, Fuerza Nueva crece hasta alcanzar los 14.000 suscriptores y los 40.000 ejemplares de tirada media. Una cifra más que digna para una publicación como esta. Además, con la puesta en marcha del partido del mismo nombre, todos los ejemplares sobrantes de la venta, cada vez más complicada, porque no pocos quiosqueros la esconden o la devuelven, son empleados para propaganda política (en algún caso las sacas con la revista fueron destruidas en la central de Correos por trabajadores de izquierdas allí empleados). Es reseñable que Manuel Fraga, en sus memorias, anota por ejemplo, tras sus reuniones con los dirigentes de Excombatientes o con falangistas destacados como Fernández Cuesta, como trataba de convencerles para que apoyasen el “mal menor”, es decir a él, y no se dejaran llevar por Piñar que les “fuerza la mano”, anotando que una de las bazas del dirigente de Fuerza Nueva, además de su militancia, del sector de la juventud que ha atraído y de su capacidad de convocatoria, es su revista

La revista se transforma en el notario de la actividad de Blas Piñar. Los numerosos actos del partido Fuerza Nueva y los discursos de su presidente ocupan gran espacio con amplios reportajes fotográficos que testimonian la asistencia masiva a los mítines. Hasta tal punto ocupó espacio en la misma que durante un tiempo se editó un cuadernillo separata con sus discursos y la actividad del partido. Desde la muerte de Franco, antes realmente, la revista va a defender la necesidad de la unidad entre los diversos grupos nacionales: desde la Falange hasta lo que se podría denominar la derecha de Alianza Popular. El primer intento resultó un fracaso, la Alianza Nacional 18 de Julio fue un tremendo error y, vista desde hoy, constituyó la simiente de la imposibilidad de abrir un espacio en el sistema de partidos que se estaba conformando. El propio Piñar reconoció su error en un escrito firmado el 24 de junio de 1977.

“Creo que hemos jugado limpio y en aras del Frente Nacional hemos sacrificado mucho. Cada grupo político deberá hacer examen de conciencia sobre las negativas, los apoyos, más o menos explícitos pero nunca integradores, las reservas y los vetos que han impedido la presentación conjunta en circunscripciones electorales de suma importancia; la demora, hasta el límite mismo de los plazos, de conversaciones y posibles acuerdos. Quede claro que nosotros lo hemos sufrido todo, aceptado todo, transigido todo, hasta el latigazo moral, por la constitución de ese frente, reducido, y solo en algunas provincias. Hemos aprendido: que la unión no hace la fuerza, y que no basta con que la base diga que es preciso llegar a la unión. Por otro lado, aun existiendo la comunidad ideológica en temas fundamentales, no basta la misma para que la unión surja, cuando hay recelos de carácter personal o de grupo”.

La revista apoyó una acción conjunta para oponerse al texto constitucional. En su número 591 rotulaba: “Ante la próxima Constitución: diremos no”. La revista comenzó a impulsar la necesidad de articular políticamente ese No a la Constitución, y así editorializaba: “Hay que asociar y reagrupar a todas las fuerzas nacionales, bastante desunidas y engolfadas en personalismos y tiquismiquis perniciosos. Urge un Frente Nacional donde quepan todos los hombres de buena voluntad, que en todo caso son de voluntad nacional”. La resultante fue Unión Nacional: “En un intento de salvar a España: los del No unidos”, proclamaba otra portada. Era la primera campaña que asumía realmente la revista: “Elige hombres de honor, no perjuros: vota Unión Nacional”. La revista apoyó la idea de Piñar de convertir Unión Nacional en una coalición estable después de haber conseguido casi cuatrocientos mil votos y un diputado por Madrid. No hubo respuesta y Fuerza Nueva como partido se decidió por la vía de la estrategia autónoma, algo que si hubiera hecho en 1977 quizás la historia se hubiera escrito de otra forma. La llegada de Piñar al Parlamento supuso abrir una nueva sección dedicada a la actividad parlamentaria cuyas crónicas realizaba Luis Fernández-Villamea.

Entre exclusivas y silencios.

A pesar de todo la revista buscó siempre evitar convertirse en un boletín de partido. En sus páginas, desde antes de la muerte de Franco se pueden encontrar las noticias silenciadas, las fotografías que otros medios no publicaban. Por un lado, y son interesantes, las crónicas y fotografías de las actividades de la oposición al franquismo en el tramo final del régimen. Por otro, los ataques a quienes representaban la opción nacional hábilmente escamoteados al público. Los periodistas de Fuerza Nueva estuvieron al lado de los militantes ante las cargas policiales y los botes de humo. Si no fuera por las fotografías de la revista no quedarían testimonios tan increíbles como los de la policía cargando en Elche cuando se inauguraba una sede con la presencia de Blas Piñar, que entonces era diputado; de los tiros aberzales en Anoeta, con la policía refugiada entre los árboles; de los entierros realizados con nocturnidad de las víctimas del terrorismo; de las manifestaciones en apoyo de las víctimas; de los atentados a las sedes de Fuerza Nueva o a las propiedades de sus militantes destacados; de los apuñalados en Córdoba por una manifestación del Día de Andalucía; del chico con un tiro en el brazo en Vallecas…

En Fuerza Nueva aparecía lo que nadie quería que apareciera. Se publicó por vez primera una carta de José Antonio, escrita en la prisión de Alicante a su tío Antón. Mayor importancia tuvo el rescate de las palabras pronunciadas por José Antonio en el Congreso Internacional de Montreux que se creían perdidas. Pero la más trascendente ha sido sin duda la publicación en portada del documento en el que Camilo José Cela se ofrecía para formar parte del “Cuerpo de Investigación y Vigilancia” por “poder prestar datos sobre personas y conductas”. No menor importancia tiene un reportaje en el que se ponía al descubierto la existencia de una mina en la que habían sido arrojados decenas de asesinados por los republicanos durante la Guerra Civil.

También la revista incorporó en aquellos años la publicación de largos reportajes en capítulos. Quedan para la historia el realizado por Luis Fernández-Villamea sobre la figura de Manuel Gutiérrez Mellado transformado después en libro; los de Pedro Rodrigo sobre Cataluña; informes como los de la Iglesia ante la Constitución o el que el propio Piñar publicó sobre el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Fuerza Nueva también va a prestar singular importancia a los temas históricos lo que se reforzó con la llegada al equipo de la revista de quien firma estas líneas, publicando series dedicadas a la Transición o el Terrorismo así como una de las grandes aportaciones de la revista: los fascículos coleccionables que sobre la División Azul publicó Fuerza Nueva con motivo del 50 aniversario de la creación de esta unidad combatiente.

Hasta la fecha

La disolución primero de Fuerza Nueva y después del Frente Nacional marcaron una nueva etapa para una revista que sigue sobreviviendo hoy con una “economía de guerra” asumida desde los años noventa. Siendo imposible mantenerla en los quioscos se transformó en una publicación para suscriptores que de semanario pasó a una periodicidad de tres semanas con algún número intermedio. Al reducirse la fiebre de actos públicos la revista disponía de mayor espacio para otros temas. Mantuvo, como era tradicional, su análisis de política internacional llevado hasta su muerte por Gómez-Tello y luego por Arturo de Sienes. Piñar centró sus artículos en temas doctrinales. La revisión de la actualidad política fue realizada, también hasta su fallecimiento, por Ángel Ruíz Ayúcar. Félix Martialay se ocupó de la crítica cinematográfica. Luis Fernández-Villamea ha dado rienda suelta a su prosa crítica y ácida con sus Piedras de Toque. La revista ha seguido manteniendo su vocación de denuncia de lo que los demás callan y su oposición al discurso políticamente correcto. Al mismo tiempo ha dedicado gran espacio a la publicación de artículos sobre historia centrados en la II República, la Guerra Civil, el régimen de Franco y la Transición. Ha procurado recoger la actividad de los grupos nacionales y ha seguido manteniendo que la única alternativa pasa por la unión de todos los grupos nacionales (especialmente en los noventa con la difusión de la idea de hacer posible una “alternativa nacional”). A lo largo de las páginas de Fuerza Nueva también es posible seguir la persecución a la memoria de Franco y su régimen, la destrucción de lápidas y monumentos, antes de que se alumbrara la mal llamada “ley de la memoria histórica” a la que en la actualidad se enfrenta la revista. Esta coherencia le ha permitido mantenerse hasta hoy como la única publicación existente en este sector ideológico.

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