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12 Octubre 2016 • Desarrollo de la conferencia en las XXVIª Jornadas de los Seglares por la Unidad Católica: Zaragoza, 18-abril2015 • Fuente: Navarra y Pamplona. España. Cuba

José Fermín Garralda Arizcun

Catolicidad e Hispanidad: Realidad y misión en tiempos críticos

A don Carlos Etayo Elizondo (1921-2006). Investigador, arqueólogo naval, marino, y uno de los más grandes navegantes del s. XX y con reconocimiento mundial, con más eco en el extranjero que en su propia Patria, que en 1992 realizó el mismo viaje que el Gran Almirante de la Mar Océana con los mismos medios, la mejor réplica hasta el momento de la Niña de Colón y, sobre todo, con el mismo espíritu misionero y descubridor que los españoles de la conquista y civilización de América.

Difusor de la verdad histórica sobre la labor de España en América, en agudo contraste con la Leyenda Negra que se desveló en sus torpezas con ocasión de V Centenario de la gran expansión católica de los siglos XV y XVI.

Para su maravillosa travesía en 1992 tuvo el apoyo del PVCVD (1987), del P. Alba S.J., y sus estandartes fueron bendecidos en la capilla de la Unión Seglar San Francisco Javier de Pamplona.

Su vocación primerísima fue querer seguir a Cristo, el Hijo de Dios, y su pasión más noble el mar… refugiándose a veces en la caza.

Tres veces atravesó el Atlántico con sus embarcaciones, construidas y costeadas por él (Niña II 1962, Olatrane San Lúcar 1965 y Niña III 1992 para la que recibió apoyos), polemizó con los arqueólogos Eugene Lyon y el almirante Martínez-Hidalgo.

Con una mayor intensidad y dedicación si cabe, realizó un apostolado católico editorial, como escritor y de difusión.

Fue voluntario en la Cruzada de 1936 con 17 años en la IIIª Brigada de Navarra.

“Dios nos concedió la victoria y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo (…)” (Menéndez Pelayo, Historia…)

“Hispanidad es bandera
De igualdad en la hermandad
Y unidad en la verdad”
(Himno de la Hispanidad)

El vuelco que España ha aportado a la marcha del mundo al “inventar” la Hispanidad, ha sido y es un bien inconmensurable en esta tierra y de cara a la vida futura, que debemos recordar y mejorar, actualizar y hacer realidad.

Si Máximo (Russell Crowe) en Gladiator dice: “Cinco mil de mis hombres están en el frío barro, tres mil aún sangran por sus heridas (…) ¡No quiero creer que lucharon y murieron por nada!”…, ¿qué no diremos de esta gran obra viva y
de más de 500 años que es la Hispanidad?

1. Introducción

Recordar. No pretendo, en esta exposición y ensayo, el afán por la novedad, sino recordar algo de lo mucho que ya se ha dicho. Seguramente, mi limitación como historiador no americanista me ayude a no realizar una exposición estricta de ciencia histórica y a dar un enfoque pedagógico a esta gran cuestión.

El tratamiento de este vasto tema tiene varios perfiles. El primero, parte de datos empíricos y específicos del historiador. El segundo, supone plantear y dar respuesta al para qué formular éste interesantísimo tema propuesto sobre catolicismo e hispanidad. El tercero, exige una capacidad de síntesis histórica que, en función del para qué plantear estas grandes cuestiones, la derivamos al ensayo.

El desarrollo de éste tema exigirá lógicamente respetar el dinamismo interno de la ciencia histórica, mientras se aborda algún aspecto individualizado en relación con el sentido de la historia de España.

Citemos a otros. Como ensayo de gran calado y sobre el sentido de la Hispanidad, recordemos la “Apología de la Hispanidad” del cardenal Gomá, que es su discurso pronunciado en Buenos Aires el 12 de octubre de 1934; el libro La Hispanidad, algo anterior, de Ramiro de Maeztu; los trabajos posteriores de mons. Zacarías Vizcarra etc., prolongándose todo ello con nuevas aportaciones.

Nos referimos, entre muchos, a los historiadores Juan Manzano Manzano, Guillermo Céspedes del Castillo, F. Pérez Embid, Fco. Morales Padrón, Mario Hernández Sánchez-Barba, Suárez Fernández, Mª Lourdes Díaz-Trechuelo Spínola, Luis Navarro-García, Luciano Pereña, Jesús López Gay, Enciso Recio, Demetrio Ramos Pérez, Vicente Palacio Atard, Valentín Vázquez de Prada, José Muñoz Pérez, Antonio Domínguez Ortiz, José Luis de Mora Mérida, Mª Justina Sarabia Viejo etc. Entre los extranjeros, apuntamos a H. Haring, Charles Gibson, Bartrolomé Bennassar, Richard Konetzke, John Lynch, Lewis Hanke, J. H. Elliot, Pierre Chaunu, Hugh Thomas… El filósofo Alberto Caturelli, los escritores americanos Carlos Fuertes y Octavio Paz -ambos en México-, los historiadores Silvio Zabala en México, Ricardo Levene desde Argentina, Augusto Roa en Paraguay, Arturo Uslar Pietri en Venezuela…

Descubrir la verdad. Como hoy parece que se ha perdido el deseo de conocer la verdad histórica, y según Luciano Pereña los historiadores que hacen más ruido son los antiespañoles y anticatólicos (más anticatólicos que antiespañoles), nuestro cometido es triple. Refirmar a dichos autores –Gomá y Maeztu- aunque sin los hermosos ropajes de su momento; aportar algunos datos empíricos con valor propio para la historia que iluminen la desmemoria; y aceptar que el enfoque de 1934 es muy actual en 2015. En efecto, “lo español no llama la atención, sino lo católico” (Pereña).

Importancia de éste tema. Díaz de Gómara afirmó: “Después de la encarnación del Hijo de Dios, el hecho más importante de la historia universal es el descubrimiento de América”. En este mismo sentido se manifestaron el alemán Humboldt y el polaco Paw. Y junto con el descubrimiento, la cristiandad teológica,
mística y misionera.

Mapa Mundi

2. La oportunidad de un gran tema

2.1. Una noticia de la prensa actual. Desde el pasado viernes día 10 España ha asistido como invitada especial a la VII Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, lo que explica la “relación especial” que España mantiene con Hispanoamérica. Es importante estar, y estar como invitada especial. Sin embargo, lo importante es influir, e influir bien. España sabe hacer esto muy bien cuando respeta los valores de la Hispanidad, de la creación española en América y Filipinas: el cristianismo, que anuncia a Cristo y por tanto el respeto a la dignidad y derechos de la persona que emanan de ser primero criaturas y luego Hijos de Dios por la Gracia.

La actualidad de las situaciones del pasado. Un autor ha escrito que:

“(…) hoy la fortaleza parece haber huido de las naciones. Ninguna de ellas confía en sí misma (…). Los colosos fundaron su fuerza en la economía (…). Dudas espantosas, millones de obreros parados, el peso de los Estados gravitando sobre los pueblos oprimidos, y, sobre tanto mal, el fantasma de guerras futuras que se presienten y la realidad de las formidables organizaciones nihilistas, sin más espíritu que el negativo de destruir y en la
impotencia para edificar”.

¿Quién ha dicho esto? ¿El Papa Francisco I? No, no son de 2015. Son palabras muy actuales, pero en realidad son muy antiguas: las dijo Gomá en su “Apología de la Hispanidad” en 1934. Parece que el mundo no ha mejorado nada.

Por eso, ¿tiene la Hispanidad soluciones que aportar?

2.2. Nuestro primer respiro en esta intervención es teológico porque la fe católica, y su plasmación en la catolicidad y la hispanidad, es el alma del mundo temporal.

A ello se contrapone una realidad actual a todas luces desalmada, hasta la corrupción de la naturaleza con un aparente “buenismo” (el “hombre bueno por naturaleza” decía Rousseau, que abandonó en orfelinatos a sus cinco hijos naturales), con el desprecio que sufre el hombre débil, y con el encumbramiento del poder por el poder.

Hoy, la Iglesia y los cristianos vivimos en nosotros mismos la Pasión y la Resurrección de Nuestro Señor. Pero es una Pasión a la luz de la Resurrección. Por la misericordia de Dios, la nuestra no podría ser copia de la Pasión de Jesucristo, quien sintió el abandono del Padre, horrorizado por nuestros pecados, al hacerse Jesús –el Cordero sin pecado-, pecado por nosotros para salvarnos.

Alguno se preguntará: ¿a qué viene esto ante el tema que nos ocupa: Catolicidad e Hispanidad? Fijaos que el primer término del binomio es el de Catolicidad aunque en la concreción histórica sea el de Hispanidad que, para ser tal –y es lo que mostraremos- no puede dejar de ser católica.

Este es el punto de arranque en este ensayo, lejos de la acumulación de datos históricos, citas de autores y testimonios, que por otra parte ofrecen un balance final muy favorable a la labor de España en América.

El tema radiografiado Catolicismo e Hispanidad es amplio y comprometido, y tiene la capacidad de impulsarnos para ver más y vivir mejor; es como descubrir un Mediterráneo que incita a la acción en estos tiempos críticos, a la acción que será de Cirineo y de buen samaritano a pequeña y gran escala. En un tema como Catolicismo e Hispanidad se dan cita la Historia y el presente, lo que no puede dejarnos indiferentes.

2.3. Demos otro respiro –hoy nos atrevemos a llenar nuestros pulmones- éste de un carácter más escatológico. Asistimos hoy a la lucha entre el Bien y el maligno, entre Cristo resucitado de entre los muertos y las tinieblas. Satanás, príncipe de este mundo, tiene todos los resortes para un dominio sin liberación ni salvación, un dominio que encadena y que hoy parece ahogarnos. En este tránsito, preguntemos qué parte de la humanidad es una de las preferidas de la Iglesia y una gran esperanza. ¿Qué parte de la humanidad es el contrapeso necesario para responder hoy a la actual Europa apóstata, racionalista, secularizadora y naturalista, en trance de desaparecer ocupada por el orgulloso Islam y hasta biológicamente? Sabemos que es América. Así es como advirtió Menéndez Pelayo en el s. XIX. Así lo dijo Juan Pablo II, así lo dice hoy el Papa Francisco I. ¿En qué lengua del mundo, bajo qué cultura y civilización, se reza más al Cristo del Dolor y Resucitado, y se venera a su santa Madre la Virgen María? ¿Y no necesita hoy España y el mundo aparentemente “civilizado”, de misioneros jóvenes venidos de América que cuiden de las almas y velen en nuestras parroquias y conventos?

Hoy las fuerzas del mal plantean arrancar a Cristo de América ofreciéndole a cambio, como supuesta “liberación”, un neo iluminismo que supone regresar al paganismo precristiano. Lo mismo ocurre en España. En la película “Avatar” (2010), llega un momento que el protagonista, que es indígena, “reza” antes de la gran batalla a no se sabe Quién, mientras la mujer se le acerca y dice algo así como: “No invoques a Gea (la tierra), que la Tierra sólo es expectante y no te ayudará”. Dicho de otra manera: puede Vd. tener ansia a Dios, pero yo te digo que tal Dios es un imposible. Así, todo se le vuelve oscuro y sin sentido para el hombre.

La vida se reduce a lo inmediato hasta el vacío y la angustia. Sí, esta película está en las modas de la New Age, la Nueva Era, y en ella el hombre queda eclipsado y anulado en su grandeza y hasta posibilidad humana. Todo este vivir, ¿para qué? ¿al servicio de la Justicia porque ni la verdad interesa en un presente vivido sin conciencia?, pero ¿qué es la justicia? ¿por qué, en el fondo, la Justicia?

Hay como un gran juicio. Actualmente hay un gran juicio en este mundo.

Pero hay dos tribunales. Uno es el del orgullo y materialismo, que se ha propuesto juzgar a Cristo con una sentencia condenatoria, y, con Él por vía de medio a la Hispanidad, seguramente porque concibe a ésta inseparable del bautismo católico.

Juzga con las cartas marcadas, utilizando la propaganda y el silenciamiento de muchos de los resultados que ofrecen los historiadores. Este tribunal pagano se funda en las:

“Doctrinas que deifican la razón humana haciéndola regla suprema del bien, del mal y de todo, rechazando la religión revelada; que niegan los derechos de Dios y proclaman los del hombre; que enseñan á vivir en entera independencia de toda ley divina y humana, no pueden dar otros frutos que los expresados. Tratarán sus propagadores de ocultar cuanto tienen de absurdas y de horribles esas doctrinas, con los pomposos nombres de libertad, igualdad, fraternidad, ilustración, progreso y otros parecidos; pero los hechos han puesto ya en claro que el nombre de libertad no significa otra cosa que corrupción de costumbres; que el de igualdad es la negación de toda autoridad; que con el de fraternidad se ha derramado á torrentes la sangre humana; que ilustración es no tener Dios, ni religión, ni conciencia, ni deber alguno, ni vergüenza siquiera; y que progreso es llegar á ser iguales al bruto, sin pensar en otra cosa que en multiplicar los goces, poner toda la felicidad en disfrutar de la materia, y desterrar toda idea de espiritualidad” (San Ezequiel Moreno y Díaz, o. cit., p. 62).

¿De cuándo serán estas afirmaciones que retratan nuestra sociedad? No son de ahora sino de hace más de cien años, del 12-VI-1896.

Ante un tribunal así, la Iglesia y los cristianos viven de nuevo la Pasión y la Resurrección de Nuestro Señor. El otro tribunal de dicho gran juicio es el de los pobres de espíritu, el de los desposeídos de lo mundano, el de los limpios de corazón, el de los que, aunque sean más sabios que aquellos, se hacen como niños, el de la bienaventuranzas de la Montaña.

2.4. Concretemos la realidad de hoy.

Sobre la Leyenda Negra. Ayer existió una Leyenda Negra antiespañola porque anticatólica. Hoy dicha Leyenda se ha extendido como un reguero aunque hay muchos más argumentos científicos que ayer para desbaratarla, expuestos por muchos autores como Pierre Chaunu, Filippe Powell, Jean Dumont y un largo etcétera. Powell, además, analizaba los libros de texto de los alumnos de los EE.UU. para mostrar cómo se extendían las falsedades de la Leyenda sobre los alumnos yankees. Yo mismo comprobé como corrector del Bachillerato Internacional cómo la Leyenda Negra estaba descaradamente imbuida en los alumnos preuniversitarios de la América hispana, hasta el punto que dejé de ser corrector. En lamentable ver a los propios hispanos sumidos en crasos errores para un historiador. Es todo tan evidente que para Chaunu, la leyenda negra fue “el arma cínica de una guerra psicológica”.

Según Ernesto Sábato, escritor argentino:

“Esa leyenda negra fue comenzada por las naciones que querían suplantar al más poderoso imperio de la época, entre ellas Inglaterra, que no sólo cometió en el mundo entero atrocidades tan graves como las españolas, pero agravadas por su clásico racismo, que aún perdura.

Se habla mucho de ‘recobrar nuestra identidad americana’. Pero, ¿cuál y cómo? (…) ¿Las de los indios nómadas y guerreros que corrían nuestras inmensas llanuras (en Argentina), donde ni siquiera hubo antiguas civilizaciones como la de los incas, mayas o aztecas?”.

Sobre cierto talante psicológico y moral que se ha extendido. Vinculado a dicha Leyenda Negra, el materialismo se viste de neo iluminismo, utiliza el indigenismo de los dioses –como simples deseos humanos-, recrea el gran dios de la madre Tierra (Gea) y al dios Sol, y quiere separar a América de España y a España de América y, a ambas, de la fe católica.

El materialismo se filtra hoy en España y en América. Primero provoca un choque psicológico como medio promoviendo la huída de uno mismo, alejándose de la realidad de las cosas. Esta huída no la provocan los datos, el estudio y la ciencia, algo objetivo, de sentido común, y una mayor vida de compromiso cristiano. No, se trata de apreciaciones subjetivas, apriorismos y predisposiciones, modas, “el se dice”, folias y fobias, eslóganes e imágenes, irritablemente crédulas hacia todo lo de fuera especialmente si es anglosajón.

El primer choque psicológico a los españoles, planteado como huida de sí mismo, aprovecha el complejo de inferioridad que conlleva su orgullo, tentándoles con el europeísmo, que surge de la ruptura protestante, y con una clara presencia masónica. En fin, un europeísmo surgido de la anti-Hispanidad y lo anti-católico. Es patente por qué derroteros anda actualmente esa tal Europa, que hasta cubre Bruselas con su mandil.

Por su parte, a los hispanoamericanos, el choque psicológico les ha incitado a salir de la Historia y a negar la Hispanidad, tentándoles a seguir un marco utópico y mágico, neo iluminista, a idealizar el mundo precolombino, omitiendo desde luego sus espantosos dioses, como si Huichilobos o Huitzilopochili, la serpiente emplumada… no hubieran existido. En realidad, estos dioses hacían que “esta tierra (fuese) un traslado del infierno” (Fray Toribio de Benavente, “Motolinea”), siendo “preciso que este delirio religioso terminara; bendita la Cruz o la espada que marcase el fin de los ritos sangrientos” (Justo Sierra). Si los principales dioses eran así, también existía una opresión de no pocos caciques sobre los indios y de unos pueblos sobre otros hasta el extremo de las “primaveras sangrientas” de los aztecas a la caza de seres humanos para sacrificar al dios sol. Para evitar polarizaciones, reconocemos que los pobladores de la América precolombina tenían sus cualidades singulares y virtudes, que el continente americano estaba prácticamente despoblado, y que lo saludaban muchas tribus ingenuas y pacíficas que salpicaban su amplísimo territorio.

Este choque psicológico y tentaciones han facilitado que el materialismo quiera descristianizar España y América. El hombre quiere conquistar para sí la Tierra con el objeto de ser su propio dios. Pues bien, como ésta deificación es un absurdo, el superhombre y el Hombre genérico, la adoración será para el Príncipe de este mundo, disfrazado con los ropajes de del progreso y la liberación en el naturalismo -el paganismo, racionalismo y secularización-. Un paganismo tal tiene sus herramientas sociales y políticas en las sectas del protestantismo -o falso progresismo-, que avanzan, una masonería frívola y selecta, el economicismo del becerro de oro, el marxismo como creador de energía con su acólito la teología de la liberación, la ecología divinizada por la Carta de la Tierra y las quimeras panteístas de Leonardo Boff, en suma, el Nuevo Orden Mundial (NOM). Así, frente a lo sobrenatural se alza contradictoriamente lo natural que ya muere desfigurado.

Ante este panorama espiritual, ha quedado lejos la ambición de poder del presidente Monroe “América para los americanos” (1825) – es decir, para los yankees-, y el acostumbrado mercantilismo fenicio anglosajón. Lo de menos es que hoy América sea una colonia de exportación y recreo yankee de Nueva York.

Feo panorama es este. Es un panorama de Pasión. Sin embargo, ahí no acaban las cosas. Tenemos que estar tranquilos porque si bien es verdad que los efectos del mal imperan en el mundo materialmente desarrollado –ya arruinado-, también lo es que el mal se empeña en echar por tierra la Divina Misericordia, las esperanzas del Corazón de Jesús sobre España, y, guardando las distancias, la milenaria España y esa gran civilización llamada Hispanidad. El Mal, a pesar de sus estragos, está vencido, mientras escuchamos la voz de Jesús a Pedro cuando sentía hundirse: “Hombre de poca Fe, ¿por qué has dudado?”

Tenemos una gran patria espiritual llamada catolicidad en este mundo, y tenemos una gran casa terrena, humilde pero bien amueblada, llamada Hispanidad. La Iglesia y España son madres de la Hispanidad, que no es algo carnal, racial ni biológico, sino una dimensión espiritual enraizada y encarnada en el espacio y tiempo y con impulso directo hacia el Más Allá.

La situación actual y nuestras consideraciones nos incitan a la acción. A una España degradada hoy, y a unos países de América que luchan contra la degradación, le acompaña un gran reto como umbral de eternidad: y es la reconstrucción de lo católico lejos del sincretismo religioso, a la par que la reconstrucción de España y de las Américas en la Hispanidad.

Lo Católico es la forma sustancial de la Hispanidad y, ésta, la corporeidad de lo católico en el espacio y tiempo.

3. Qué es y qué no es la Hispanidad.

El genovés Cristóbal Colón, al servicio de la Corona de Castilla. Hay varios supuestos retratos y éste es el más probable que lo sea

El genovés Cristóbal Colón, al servicio de la Corona de Castilla. Hay varios supuestos retratos y éste es el más probable que lo sea

3.1. Tres realidades en una. En los difíciles momentos para los católicos y España anteriores a la Revolución de Cataluña y Asturias en 1934, se habló mucho de la relación entre España, Catolicismo e Hispanidad. Se concluyó que las tres realidades eran inseparables, lo que debiera tener una proyección práctica y de futuro. Lo mismo diremos nosotros hoy.

Pues bien, resulta que, hoy, el liberalismo cultural que hace al hombre medida de sí mismo, y los democristianos políticos niegan ésta estrecha vinculación. ¿Por qué?: porque realizan una separación radical entre lo temporal y lo cristiano y se equivocan por lo que respecta a la filosofía de la naturaleza (Petit Sullá, José Mª, Obras completas, Madrid, Ed. Tradere).

Esta es la clave de la tendencia liberal. Creen que España y la Hispanidad pueden ser tales aunque no sean católicas, como si se pudiera separar en la práctica lo natural y sobrenatural. Ahí aparece la herejía naturalista y semipelagiana. Por eso, ahora están en ensayo para ver si su modelo heredado del liberalismo (al que no quieren renunciar) es posible. Pero, señores, con las sociedades no se juega en vano, ni se experimenta, aunque sea con santa buena intención. La Historia y el presente les desmienten. Aquí, en España, tenía razón Menéndez Pelayo al decir que una España sin fe católica caminaría a su desintegración política.

Y añadimos que lo mismo en América. En ella, a la Hispanidad le sustituirá la desorientación, el materialismo y el neo iluminismo que impiden una nueva Evangelización como gran Catequesis a los bautizados.

3.2. La Hispanidad es una civilización, y las civilizaciones (Braudel) son espacios, sociedades, economías, mentalidades colectivas y continuidades con sus coyunturas y estructuras. Cuando Braudel habla de mentalidad incluye al psiquismo colectivo, las estructuras psicológicas, la reflexión y la conciencia, lo que llama el “utillaje mental”, los valores y bienes fundamentales y, sobre todo la religión. Para él, “la religión es el rasgo predominante en el corazón de las civilizaciones, a la vez su pasado y su presente”. Según él, esto se diría de la Hispanidad y cualquier otra civilización. Para nosotros, en cualquier civilización y sobre todo en la Hispanidad.

3.3. La Hispanidad no es como los imperios babilónico o asirio allá en la Mesopotamia de la antigüedad, ni como el imperio persa o el de Alejandro Magno, imperios todos ello paganos, de poder y dominio, o basados en el prestigio de un amo convertido en intermediario entre los dioses y los hombres. El mismo Alejandro Magno fue deificado en Egipto.

Por otros motivos la Hispanidad tampoco fue como el Imperio cristiano de Carlomagno debido a la poca homogeneidad entre los pueblos que Carlos el grande pretendía aunar desde el Ebro hasta Polonia, a que su imperio y el Germánico medieval estaban algo así como sacralizados, y a que los emperadores carecían de un poder efectivo al ser feudal.

La Hispanidad no es Europa, que, como mostró Elías de Tejada, nació con la ruptura del renacimiento paganizante y el protestantismo, y que creó los Estados nacionales con la conciencia subjetiva del príncipe como ley objetiva de todos, aunque esto sea algo ilógico y aberrante.

La Hispanidad existió y existe en Europa, América, Filipinas, y en la unidad Ibérica entre Portugal y España (1580-1640). Era el Imperio donde nunca se ponía el sol. Aunque España mereció ser Imperio, ni le correspondía de Derecho ni lo quiso. España actuó contrariamente a Europa, pues el Imperio era más instrumento de poder, España o la Hispanidad se basaban en la religión católica, lo que contrastaba con el poder subyugante y europeísta del católico galicano Luis XIV, Napoleón I, la época colonial inglesa, Napoleón III, el Imperio alemán, el IIIer Reich, el imperio colonial italiano, la actual neo colonización de la Europa mediterránea etc. Todos estos poderes de dominio y económicos se evaporaron y, salvo el católico Luis XIV y el actual de la UE, dejaron tras sí mucho dolor. Sí; España se funda en la religión, en el universalismo español basado en la fe católica y el impulso creador de sus pueblos. Por el contrario, Europa es el poder de Estado y el dominio.

3.4. Lo típicamente español. En la Hispanidad, la civilización y evangelización se realizaron a la vez. Es una creación, una realidad exclusiva y típicamente española (Gomá). La Hispanidad fue la verdadera civilización y “pax hispana” para América, posible únicamente porque dicha civilización estaba fundada en Cristo.

El fruto más maduro. Por un lado, la fe católica constituye la identidad del pueblo español (Juan Pablo II en Santiago de Compostela 9-XI-1982). Por otro, América es el fruto más maduro de la Cristiandad y España.

No es América fruto de la Europa liberal, ni del actual europeísmo. La grandeza de España es un tipo de hombre con una fe religiosa católica, una cultura y una sociedad concreta, y una monarquía que frenó al Islam que fue vencido, que se enfrentó a la ruptura protestante de la que nació Europa, que no aceptó la razón de Estado de Maquiavelo, de Lutero, Enrique VIII y Richelieu, que venció porque frenó el dominio turco del Mediterráneo. En el siglo XVI podía decirse: o Europa hija del racionalismo y Lutero, encerrada en sí misma como una “ratonera” que diría Napoleón tres siglos después, o la Hispanidad, que unía en una creativa síntesis la universalidad espiritual católica con los vastos espacios, con todas las posibilidades y mil ensueños. Pues bien, sólo una nación como España pudo abarcar y hacer suyo el Nuevo Mundo.

España fue para todos. América es un inmenso espacio. Se escasa población humana flota en un traje que, a decir de Braudel, le está desmesuradamente ancho.

Éste espacio es superabundante y esta superabundancia “emborracha” a los hombres. Pues bien, España supo llegar a todos, con el respeto debido aunque hubiese algunas guerras localizadas y rápidas. Supo llegar al indio que permanecía en un estado de primitivismo y aldea, así como al indio de las civilizaciones densas o imperiales. España estableció lazos de comunicación entre los mil pueblos indio y los unió, les liberó de la poderosa naturaleza y sus bárbaros dioses, les dio seguridad y estabilidad, y trabajó por superar su ancestral pesimismo. Religión y recursos humanos fueron los agentes del progreso material, moral y religioso entre el microespacio y el macroespacio, como nunca existió en un pueblo. El imperio romano ante la Hispanidad se quedaba pequeño.

Hernán Cortés acompañado de sus hombres y el negrito ante los indios

Hernán Cortés acompañado de sus hombres y el negrito ante los indios

Estaban hundidos. Las culturas precolombinas estaban fosilizadas y había caído en el pesimismo existencial, sobre todo los aztecas e incas que eran los más desarrollados. Llegaron a un callejón sin salida. Las tradiciones mayas hablaban de unos hombres bárbaros, hijos del cielo y de un poder invencible, que un día llegarían a sus costas. La película Apocalipto de Meel Gibson es un buen escenario de unas culturas recolectoras, cazadoras y urbanas que se comían –en sentido metafórico y real- unas a otras. Por eso el azteca Moctezuma, que no era un emperador sino un gran cacique, no lucha contra Cortés. La rebelión a la desesperada de los aztecas es un suicidio sin esperanza.

Quien sucede a Moctezuma y se enfrenta a Cortés, tiene un nombre simbólico: Cuauhtemoc, que significa “el águila que cae”. Lo mismo puede decirse de la resistencia de Machu Pichu en el ámbito inca, que “fue más un gesto que una decisión positiva”. Derrotismo y pesimismo existenciales eran fruto de una religión natural cubierta de muchos errores.

El gran bien ofrecido. La Hispanidad fue el triunfo de lo espiritual, hunde su raíz en la resurrección de Jesucristo, es apostólica y no precisamente por las bulas alejandrinas de 1493, es católica, es universalista (incluso hubo misioneros de Flandes y Francia desde 1493), es asimiladora de diferentes culturas a las que por el bautismo sobre elevó, es antirracista, afirma a cada hombre en su propia grandeza compartida por igual, reconoce a cada hombre su realización y libertades, deja que el indio sea el verdadero protagonista de su vida sin excesivos paternalismos, y protege y favorece al indio por encima de todo (Pierre Chaunu).

Radical novedad de una síntesis grandiosa. España fue una inconmensurable síntesis formada por la cultura grecolatina, la aportación germánica, el catolicismo que todo lo transforma y eleva respetando la naturaleza, su historia peculiar medieval en la que se originó el caballero villano parecido al pionero de los USA de la película “La conquista de Oeste”, los judeoconversos y el genio de Castilla de la historia moderna. España nunca se creyó un pueblo superior precisamente porque su ideal, entendido como un absoluto, era trascendente. Pues bien, la síntesis creadora de España y América fue la Hispanidad, que no sólo procedió de la España peninsular, sino que incluyó el sustrato indígena, étnico y numérico, sus costumbres, los escritores indios, y las instituciones indias (la mita, el obraje…) la aportación de los caciques y clases cultas indias, los rasgos coloniales del arte… La aportación de España, unida a la aportación de la Iglesia, se ejerció a través del Patronato Regio. También la hermandad humana tiene un origen exclusivamente místico (Maeztu) ya que no hay hermanos sin un mismo Padre.

Gomá formula en su Defensa de la Hispanidad la siguiente conclusión: “(…) la hispanidad dice catolicismo matizado por la historia que ha fundido en el mismo troquel y ha atado a análogos destinos a España y las naciones americanas” (p. 355).

3.5. Invención por la España católica y de lo católico español. Los espacios americanos anteriores al descubrimiento gozaban de la maravilla de lo mágico y lo aislado, mientras que el Encuentro de 1492 fue mucho más que un verdadero descubrimiento de pueblos; fué una auténtica creación e invención de la España católica: fue la religión la que transfiguró el mundo precolombino.

Los principales pueblos indígenas fueron muchas veces huidizos y recios como la naturaleza, pesimistas y dramáticos como si el fin estuviese siempre próximo, obsesionados por la idea de la degeneración, la decadencia y la catástrofe (aztecas), prosélitos del anti humanismo mágico y mítico lo que se palpa en la educación y el Derecho, anulados por una llamada alianza cósmica que nunca ha desaparecido del todo, mitificadores del cosmos, indolentes como una fiesta, sumisos ante el apasionado temperamento mediterráneo. Sus religiones no salvaban y eran un impedimento para la salvación; algo en ellas debía de ser destruido y, en algunas, no algo sino mucho (Caturelli).

El hispano de acá era gente agitada y pendenciera como el acero, luchador contra la pobreza y amigo del pundonor y honor social, apasionado que lo da todo, amigo de obras inmortales, buscador de tierra para un ansiado señorío jurisdiccional, y ávido de plata y hasta oro como el aventurero que quiere realizar grandes obras.

Hispanidad es una vertebración unitaria de tierras de extensión inconmensurable holladas por la planta del hombre o quizás vírgenes. Es un abigarrado mosaico humano pues si hacia 1600 había 10 millones de habitantes, de ellos 300.000 eran blancos puros, 8 ó 9 millones indios, y el resto negros, mestizos y mulatos. Contra la acusación de racismo, “lo fundamental (en América) es la fraternidad de las razas: todas las razas han colaborado desde distintos puestos en la edificación de América latina” (Braudel).

Es Hispanidad la generosa trasmisión multiplicativa de una vida que como madre amamanta a sus críos. Son los pueblos mágicos, alejados y aislados, quizás también aplastados por el sol del interior de México al estilo Pedro Páramo de Juan Rulfo, quizás también sorprendidos como habitadores de lugares ignotos o ancestrales propios del realismo mágico, quizás pasmados ante el intelectualismo singular de los cuentos de Borges.

Hispanidad es la sonora poesía narrativa de los extensos Cantos de Mexicana de Gabriel Lobo Lasso de la Vega y de Araucana de Alonso de Ercilla. Es el dulce son de las más de seis poetisas encabezadas por son Juana Inés de la Cruz. Son los largos períodos de la escritura barroca de los cronistas criollos como Juan Suárez de Peralta en México, Lucas Fernández de Piedrahita en Nueva Granada, el inca Garcilaso de la Vega en Perú. Son los escritores nativos del s.XVI, las extensas y detalladas crónicas de los conquistadores, los libros de historia y de evangelización de los misioneros…

Hispanidad es el encanto de buen indígena antillano, del altiplano y andino, la cariñosa humanidad del mestizo, la gloria del héroe y fundador, la humildad de los Motolinia y el sacrificio de cualquier misionero, la energía del constructor de ciudades, el suspiro del sabio… La Hispanidad es el canturreo del indígena que a tientas busca a Dios una vez liberado –redimido- de sus horrendos dioses y hechiceros o chamanes. Pero sobre todo la Hispanidad es la elevación de lo natural al ámbito sobrenatural por el Bautismo, las bienaventuranzas, la maravilla del santo ungido en el amor de Dios y a los demás por Él. Este último fue el móvil principal de Castilla y su Reina Isabel, el quehacer de la Corona, de millares de misioneros, de muchísimos cristianos laicos de toda edad y condición.

La Hispanidad resultante fue una realidad grandiosa. Vista de lejos es como una Vía Láctea en la que cada alma brilla como un resucitado. Vista de cerca es como una estrella parpadeante en el largo camino de la vida construido durante tres siglos y mantenido hoy. Es como un lucero, un lucero pendiente y fijo en el cielo al lado de tal estrella Polar que marca el Norte, y al cual la actual pseudo civilización occidental en desintegración por su paganismo puede mirar, si quiere.

Hasta aquí nuestro planteamiento general. En adelante, ofrecemos al lector un fundamento más demostrativo, sobre la Hispanidad como obra de España y la Hispanidad como obra católica. Decimos española porque católica y católica
porque española.

3.6. La Hispanidad fue española, y como tal estuvo imbuida del espíritu, impulso y alma cristiana, fruto de la “Hora de Dios”. La simbiosis de España y América es la Hispanidad. Ésta segunda hora de proyección histórica quedó vinculada a la liberación terrena y al progreso de la mano de España.

El Nuevo Mundo fue bautizado, quedó en paz con Dios y los hombres, y fue redimido como un lucero. Cayó la idolatría, los sacrificios humanos y la antropofagia de aztecas, mayas e incas. Cayó la teocracia del paganismo. Así, la Hispanidad que se fue formando poco a poco, fue un inmenso haz de familias, comunidades y grandes pueblos en camino de la salvación eterna, que se propusieron vivir una vida redimida por y para Cristo.

Todo comenzó antes de que Colón plantase el estandarte de la Cruz en la playa de la isla Guanahaní, llamada San Salvador, de verdor exuberante, aquel 12 de octubre de 1492.

Juan Pablo II reconoció a:

“aquellos religiosos que vinieron a anunciar a Cristo Salvador, a defender la dignidad de los indígenas, a proclamar sus derechos inviolables, a favorecer su promoción integral, a enseñar la hermandad como hombres y como hijos del mismo Señor y Padre, Dios” (Juan Pablo II en la República Dominicana, 29-I-1979). “Desde los primeros momentos del descubrimiento, la preocupación de la Iglesia se pone de manifiesto, para hacer presente el reino de Dios en el corazón de los nuevos pueblos, razas y culturas, y en primer lugar entre vuestros antepasados” (Juan Pablo II en la plaza Independencia de Santo Domingo, 25-I-1979).

También en 1992 Juan Pablo II reconoció a España misma su inmensa labor en el Nuevo Mundo, a pesar que los clérigos españoles del V Centenario del descubrimiento y civilización de América, omitieron su agradecimiento a la monarquía católica y misionera. Ya antes Pío XII había reconocido a España “la nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo” (16-IV-1939).

El catolicismo fue consustancial a la Hispanidad según las intenciones, hechos, arrepentimientos y millares de proyectos desarrollados durante tres siglos.

En estas palabras se incluyen muchas realidades en el tiempo. La monarquía e Iglesia actuaron al unísono: letrados, políticos, nobleza guerrera y de gobierno (que no cortesana), gobernantes, misioneros seculares, obispos y clero regular, españoles de a pie, caciques y pueblos indígenas, negros, mulatos y mestizos como mestiza es Nuestra Sra. de Guadalupe.

Hispanidad y catolicidad tienen una íntima relación al igual que la tienen por su parte España y la religión. España se hizo bajo la Cruz y se desarrolló siendo una España misionera y creando la Hispanidad. Toda España fue misionera en el s. XVI. Según R. de Maeztu, España fue a modo de un pueblo en misión. No fue un mero “encuentro” global, sino una transfiguración personal por la conversión de cada persona en concreto (Caturelli) y no “con hisopo”.

La libertad aún con cierto proteccionismo y el amor a los indios fue una constante de los reyes y todos los españoles fruto de la religión católica. Ya en 1493 los Reyes Católicos instruyeron a Colón de que debía tratarse a los indios “amorosamente”. En 1495 Isabel ordenó la libertad de los esclavos indios que Colón llevó a España y, en 1500, Isabel exigió de nuevo la libertad cuando Colón puso a indios en venta, por lo que además le revocaron su nombramiento como virrey del nuevo Mundo. En 1501 Isabel reafirmó Cédulas confirmatorias de la libertad de los indios, al igual que después en 1503; en 1504 se les declaró libres y, el 1512, Fernando el católico reafirmó su libertad. La labor de España en América fue el amanecer de los verdaderos derechos del hombre (Dumont). Y lo fue cuando en Europa muchos humanistas volvían a los planteamientos esclavistas de Aristóteles que hablaba de los “siervos por naturaleza”, por ejemplo el dominico escocés Juan Mayor (In primum… 1510).

Isabel afirmó en 1504: “La intención principal de la colonización es llevar a estos pueblos a nuestra santa fe católica”. Hoy, Julián Marías, en su libro ‘Sobre el Cristianismo’, reconocerá que:

“El proyecto original de España al emprender el descubrimiento y exploración del Nuevo Mundo fue la cristianización de los pueblos desconocidos, que este proyecto era sincero y verdadero; lo atestigua el hecho incontrovertible de la evangelización de la mayor comunidad católica del mundo: la América Hispánica o Ibérica”.

Esta intención era verdadera, no sólo por quién la hizo y cómo la comunicó y plasmó, sino que está contrastada con los enormes gastos que la evangelización supuso para la Hacienda real. En cada decenio, estos gastos hubieran permitido financiar una “Armada Invencible” o un gran Ejército en tierra (Constantino Bayle y también Terradas).

El amor espiritual hacia el indígena, ordenado por la Reina Isabel a los españoles, fue trabajo de todo el pueblo cristiano: de los misioneros y obispos, de los laicos, del rey y sus delegados, de los conquistadores y de los mismos indios como, por ejemplo, los indios Tarascas de Michoacán (México).

Mapa portulano atlántico de Juan de la Cosa (Cádiz, 1500). Manuscrito coloreado sobre pergamino, 960 x 1830 mm. El navegante cántabro, que acompañó al gran Almirante Cristóbal Colón en su primer viaje, intuía por la imagen de San Cristóbal que en el golfo de México había un paso al Pacífico. Dicha imagen es una muestra más de una esencial religiosidad

Mapa portulano atlántico de Juan de la Cosa (Cádiz, 1500). Manuscrito coloreado sobre pergamino, 960 x 1830 mm. El navegante cántabro, que acompañó al gran Almirante Cristóbal Colón en su primer viaje, intuía por la imagen de San Cristóbal que en el golfo de México había un paso al Pacífico. Dicha imagen es una muestra más de una esencial religiosidad

Así, el humanismo español en palabras y obras no es de origen filosófico,
sino religioso y teológico. Por mucho afán de hidalguía que tuviese el español, por
mucho orgullo que mostrase el castellano viejo y, a pesar del afán de fortuna de
unos y otros, “por encima de las diferencias de las clases sociales, están la caridad y
la piedad, que todo lo nivelan” (Maeztu).

Para mostrar la labor de España en América fundada en el Evangelio, hablaríamos de la encomienda vindicada por Silvio Zabala, de la Leyes de Indias (6.377 leyes extraídas de unas 30.000 Reales Cédulas y Ordenanzas Reales), de las cajas de comunidad que atendían a la previsión y eran como cooperativas para atender a las necesidades de los poblados indios, de las mitas o institución india de trabajo obligatorio, de los obrajes o talleres de tejer que tenían los indios y eran semejantes a las mitas, de las reducciones o división administrativa con sus jefes indígenas, las misiones o reducción encomendada a una orden religiosa.

Sobre el buen hacer de los conquistadores tenemos los trabajos de Carlos Lummis, Carlos Pereyra, García Soriano, José Durand, Mario Góngora, O’Sullivan, Silvio Zabala, Agustín Zapata, Morales Padrón, Ramos Pérez etc. Afirma Vázquez de Prada:

“Los conquistadores eran, naturalmente, aventureros, valerosos, brutales a veces, y codiciosos de fama y de oro. ¿Qué podía esperarse de hombres así, sobre todo si se considera que en cada momento arriesgaban su vida, y que los indios contra quienes luchaban no usaban de misericordia?

Sin el apetito de tierras, de riquezas y de fama, nunca se hubiera realizado la conquista. Difícilmente puede pensarse que Cortés, Pizarro, Jiménez de Quesada, Almagro o Valdivia hubieran realizado la conquista sin sangre y sin atropellos. Por otra parte, remontándonos sobre las ideas de nuestro tiempo, es preciso tener en cuenta que aquellos españoles iban dominados por la idea de que los aborígenes, en razón de su idolatría, de los sacrificios humanos, y de su tiranía sobre los pueblos vencidos, eran merecedores de trato duro.

¿Resulta justo –tenidas en cuenta estas circunstancias- privar a los conquistadores de su mérito y de sus virtudes humanas?” (o. cit. p. 506-507, 530-531).

Conocemos la matanza a traición realizada por Cortés contra la nobleza azteca reunida en el templo de Tenochtitlán el 23-V-1520, la violencia de Pizarro contra el inca Atahualpa y su hermanastro Manco… que se deben situar en el marco de la dureza y audacia que debían mostrar los conquistadores, lo que no justifica aquellas cosas que se hicieron mal. Una vez establecidos, los conquistadores se moderaron, influidos también por la labor de los misioneros y la Corona que institucionalizó la presencia hispánica.

Sobre Las Casas tenemos sus diferentes escritos, el más importante la Historia de la brevísima destrucción… Este dominico y obispo de Chiapas fue más político que misionero, quiso tener y tuvo esclavos negros en su obispado (Helen Pasioh Rand, 1980), y su apellido Casaus delata orígenes judíos. Fue muy bien tratado por los monarcas, y rivalizó con Juan Ginés de Sepúlveda en la Controversia de Valladolid en 1550, en la que Sepúlveda salió vencedor. El rey Carlos I paralizó la conquista para examinar el derecho de España a América. Pues bien, los errores de Las Casas y la Leyenda Negra antiespañola porque anticatólica, han sido corregidos por muchos  historiadores del pasado y de hoy.

Del pasado tenemos la obra de Bernal Díaz del Castillo, de Sepúlveda, de Solórzano Pereira que cantó la labor civilizadora de España, de Bartolomé Frías de Albornoz que echó por tierra la crítica lascasiana de la encomienda, de Francisco Cervantes de Salazar que cantó el imperio, de Pedro Sarmiento de Gamboa que mostró la tiranía inca, de Bernardo de Vargas Machuca que demostró las grandes exageraciones de Las Casas, de Blas Valera y el inca Garcilaso que testimoniaron la fecundidad espiritual de la civilización india y cristiana nacida directamente de la conquista, de Pedro Cieza de León que protestó contra las generalizaciones de Las Casas que difaman a todos los conquistadores, de Bernardino de Sahagún que mostró la opresión azteca, y así un larguísimo rosario de autores siguen la estela de Juan Ginés de Sepúlveda hasta finales del siglo XVIII. Por el contrario, “en el momento en que se abría el siglo XVII, la estela de Las Casas, inadecuada e inutilizable, se desvanece” (o. cit. p. 260).

 Ahí están también Córdoba, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, José de Anchieta, Sto. Toribio de Mogrovejo como el más gran de obispo misionero, Nóbrega, San Pedro Claver solidario con los esclavos negros, Junípero Serra defensor de los indios norteamericanos, y un largo etcétera.

A estos autores se les añaden otros de hoy día como Philippe Powell, Jean Dumont etc. Este último concluye así:

“Ni conquista impuesta por sí misma ni renuncia al necesario sometimiento civilizador y evangelizador: Las Casas y Sepúlveda, aunque el primero se extraviara más allá, pueden quedar los dos en paz” (o. cit. p. 262).

Desde su sustrato teológico aplicado a la vida individual, comunitaria y política, España insistió en el derecho común universal –“lo bueno debe ser bueno para todos”-, que el Derecho no es obra de la voluntad sino de la inteligencia, que el Estado no debe ser explotador sino rector, que el sentido de Justicia no puede sustituirse por la soberanía del Estado o bien popular. Francisco de Vitoria formulará el Derecho de Gentes, poniendo base al moderno derecho internacional.

Hablaríamos de las instituciones políticas de gobierno, justicia, culturales, misioneras, de hacienda, militar, y eclesiástica. Ahí estaban la figura del adelantado como dignidad del s. XVI, los virreyes, el capitán general, el gobernador, el Consejo de Indias junto al rey, las Audiencias americanas, la Casa de Contratación de Sevilla, el superintendente general del s. XVIII que limitaba al virrey, el corregidor y el alcalde mayor como representantes del monarca, también el corregidor-intendente de la segunda mitad del s. XVIII, los tenientes letrados, los cabildos municipales o Ayuntamientos, los visitadores que tenían amplias facultades (supervisan e inspeccionan a los funcionarios).

3.7. La Hispanidad fue católica en y por España. Fue de la Iglesia, imbuida de espíritu y de los medios humanos y materiales de España. Fue de la Iglesia en los diferentes tipos de instrucción (hogareña, conventual, parroquial, particular, de indios, misionera y superior). De la Iglesia la liberación de los aberrantes dioses náhualtl o aztecas, de los sacrificios humanos de estos, los mayas e incluso incas, de la antropofagia:

“La fe católica fue así el fermento civilizador que penetró a los innúmeros pueblos de la América hispana para hacerlos pasar en menos de un siglo del tribalismo y la antropofagia al nivel cultural de la Europa cristiana” (R. Gambra).

De la Iglesia fue la conversión de los corazones de la adoración a los astros y el politeísmo a la del verdadero Dios con corazón de Padre, la conversión del determinismo cósmico a reafirmar la libertad humana, el paso del dualismo a lo universal. De la Iglesia la civilización de corazones y mentes, la dulcificación de las costumbres, la supresión de la hechicería a veces diabólica de los chamanes… De la Iglesia los abundantes colegios (primaria, artes y oficios, superiores y especiales).

De la iglesia muchas universidades y la presencia en todas ellas: seis en el s. XVI, quince en el s. XVII, nueve en el s. XVIII y dos en el XIX. De temas religiosos los miles de libros en castellano y lenguas y dialectos indios. De la iglesia los misioneros que además captaron de un modo particular los derechos y la realidad de los indios, en especial su lengua y cultura. De la iglesia el arte colonial, un barroco religioso español con abundantes elementos indígenas, que llenan las catedrales, santuarios, basílicas… Los conventos y seminarios llegaron a ser los más fecundos focos de progreso y desarrollo científico e intelectual. Albergaban las mejores bibliotecas que hubo en América. Impulsaron las Artes. Hubo un total de 46 obispados (34 se crearon en 1511-1579, 4 en 1605-1620 y 8 en 1777-1806).

Destacaron la Órdenes religiosas de los franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios, jesuitas y capuchinos. Su método de evangelización implicaba, primero, alfabetizar en lengua indígena y castellano, luego memorizar el catecismo, tras ello se explicaba la doctrina y al final se pasaba a la escuela.

Se mantuvieron las lenguas indias en la evangelización, los catecismos, la liturgia y los cantos, y los sacerdotes debían conocerlas.

“Así, la evangelización no fue en modo alguno una europeización ciega. Ni la Iglesia nueva de América un “Iglesia importada”, sino una Iglesia realmente india, como lo señala hasta el historiador de la teología de la Liberación, Enrique D. Dussel” (Dumont).

¿Cómo fue la evangelización? La evangelización fue rápida, ayudada por la adhesión de los caciques, y por la supresión de los horribles y tiránicos ídolos, supresión que pronto se moderó, y, a partir de 1550-1570, se abandonó por innecesaria. La superioridad de la religión cristiana era del todo evidente. El bautismo fue totalmente libre, voluntario y nunca en masa, como con “hisopo”. En 1552 el primer concilio de América, en Lima, ordenó la libertad de bautismo a los indios de más de ocho años y, si tenían menos, exigió el consentimiento de padres y tutores. Los indios permanecieron impregnados de su tradición cultural, pero se abrieron en la misma medida, activa y apasionadamente, a la civilización cristiana (Dumont). Llegó la hora de Dios, y lo que la Iglesia perdió en Europa por la rebelión protestante, España se lo dio con creces, siendo América y España hijas predilectas de la Iglesia.

La Hispanidad fue un gran regalo simbolizado en el lienzo del indio Juan Diego, donde la Santísima Virgen grabó realmente su imagen india, imagen que hoy día sigue siendo un misterio para la ciencia. A esto se le ha llamado “el evangelio de Guadalupe”.

En resumen, América fue obra de la Iglesia y de la monarquía misionera o monarquía católica, que no mezclaba política y religión como luego dirán los liberales en su afán secularizador más que clarificador, sino que ambos elementos formaban un solo acto, en el que el verdadero fermento era la Fe y caridad en Cristo. La acción civilizadora dependió de la perfecta compenetración entre el poder temporal y el espiritual como no se ha dado en la historia de la Iglesia. Como hoy los términos se han invertido por los laicistas, muchos carecen del “utillaje” intelectual para saber qué fue la Cristiandad.

Martín de Loyola (+1598), gobernador de Chile y sobrino de San Ignacio aparece en esta representación junto a otros personajes y al propio fundador de la Compañía de Jesús (Iglesia de los jesuitas, Cuzco). Casado con Beatriz Inca, sobrina de Tupac Amaru. La hija de ambos contrajo matrimonio con Juan Henríquez, nieto de San Francisco de Borja y Tercer General de la Compañía

Martín de Loyola (+1598), gobernador de Chile y sobrino de San Ignacio aparece en esta representación junto a otros personajes y al propio fundador de la Compañía de Jesús (Iglesia de los jesuitas, Cuzco). Casado con Beatriz Inca, sobrina de Tupac Amaru. La hija de ambos contrajo matrimonio con Juan Henríquez, nieto de San Francisco de Borja y Tercer General de la Compañía

4. Las tesis del cardenal Gomá.

La oportunidad de la intervención del cardenal Isidro Gomá en 1934, muestra el camino de España en 2015. Es como si se dijese: “Basta de mirar a la pagana Europa; miremos a la América católica”. Como en 1934 España no era lo que había sido durante siglos, y estaba atravesando una profunda crisis, para su curación   y restauración podía sacar fuerzas de su obra en América, más sana que ella.

América era la hija que redimía, era un recuerdo y una presencia, una ilusión confiada, un apoyo humano y sobrenatural. En nuestro mundo racionalista, autosuficiente y receloso, América ya no tenía por qué recelar de España cuando ésta se le acerca, pues lo hacemos pidiendo como un pobre enfermo.

Hoy podemos corroborar lo dicho por Maeztu y Gomá desde los actuales
estudios históricos.

Las Tesis que extraemos de la “Apología de la Hispanidad” del cardenal
Gomá son las siguientes:

Primera. América no es un amasijo de elementos contrapuestos, sino que “se asienta en el subsuelo uniforme de la espiritualidad que hace cuatro siglos la inoculó la Madre España” (Gomá).

Segunda. La Hispanidad evoca la “unidad de origen, de historia y de destinos (de España), en la caduca Europa y en esta América, lozana y pujante” (Gomá).

“América es obra nuestra; esta obra es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre raza o hispanidad y catolicismo”.

“América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo,
y es locura todo intento de hispanización que lo repudie”. Dicho de otra
manera: “la historia de nuestra vieja hispanidad es esencialmente católica, y
ni hoy ni nunca podrá hacerse hispanidad verdadera de espaldas al
catolicismo” (subrayado en el original).

Tercera. América es la principal obra de España, más que la conversión del reino visigodo, la reconquista frente a los sarracenos, la defensa de la Cristiandad frente al turco o los protestantes. España tiene sobre América el derecho de invención. Fue antes misionera que conquistadora, siendo la fe católica fue la forma sustancial de la obra de España en América.

Cuarta. ¿Quién sostuvo América en su unidad?: la sostuvieron la religión católica y la autoridad de los monarcas:

“(…) la hispanidad (…) es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y de la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la hispanidad”.

Quinta. El fondo de los problemas de España y de la actual América hace referencia e interpela al materialismo o bien al espiritualismo. La observación histórica muestra que el gran problema es el materialismo actual. Ante él, la única solución y futuro es “el sobrenaturalismo cristiano profesado como ley de la vida y de la historia patria”.

El futuro de España pasa por América.

“Porque la obra de España ha sido, más que de plasmación, como el artista lo hace con su obra, de verdadera fusión, para que ni España pudiese ya vivir en lo futuro sin sus Américas, ni las naciones americanas pudiesen, aun queriendo, arrancar la huella profunda que la madre las dejó al besarlas, porque fué un beso de tres siglos, con el que la trasfundió su propia alma”.

Sexta. Son contrarios a la hispanidad:

1º. El laicismo naturalista: monroísmo (América para los americanos, es decir, para los yankees), estatismo, la revolución protestante, el socialismo marxista y el mercantilismo fenicio.

2º. La envidia de la grandeza de lo que fue España y las posibilidades de futuro.

3º. La falsa historia que habla de la conquista inhumana, de un dominio cruel, del español como ladrón, aventurero y mataindios. Las mentiras “de los adversarios del hombre español (…) coinciden todos en su animadversión contra el catolicismo”, y han sido pulverizadas por historiadores de toda tendencia sin otro oficio que estudiar el pasado en cuanto tal. Son historiadores antiguos como Humbolt, Pereyra, André, Bayle… y otros de comienzos del siglo XX, e historiadores de finales del siglo XX hasta la actualidad como Morales Padrón, Ramos y un largo etc.. La obra de España fue “una obra de conquista y civilización cual no la hizo ni concibió pueblo alguno de la historia”.

Un defecto de los españoles es un absurdo complejo de inferioridad fruto del orgullo (o somos los primeros o los últimos, o todo o nada), su actual deshispanización y europeización, la esterilidad cuando salimos de nuestra idiosincrasia y ser.

La misión es doble: descubrir y comunicar la verdad histórica, y revalorizar el espíritu netamente español de las Américas. Para ello hay que tener un espíritu de continuidad histórica –quien olvida su historia no son capaces de un solo pensamiento original-, la disciplina y perseverancia, “españolizando en América y americanizando en España”, sin dejarse engañar por quienes dicen que el sistema católico es un fósil. La realidad más bien habla de lo contrario, y que los fósiles y vuelta al paganismo son los contrarios a la hispanidad.

Así, “o trabajamos por la hispanidad, o somos suplantados por otros pueblos, por otras razas, más fuertes y menos perezosas”, que exportan su mentalidad, ideas, costumbres, religión y mercancías. El defecto no es sólo la ignorancia y odio que implica la Leyenda Negra, sino la actual lucha subterránea de culturas –que siempre la hubo-: la española que hizo América y la anglosajona que la ha asaltado.

Lo peor es que a veces los mismos españoles tienen voluntad de ser lo que son, en buena parte por las mentiras de la Leyenda Negra y sus propios complejos.

5. Colofón

Esta ponencia ha querido aclarar el tema propuesto y ofrecer una orientación práctica. Ya se esmeró, ya, el capitán don Carlos Etayo en recordar la verdad histórica en la medida de sus fuerzas. Lo que ocurre es que el gran problema del hombre de hoy es el materialismo, la pereza para buscar la verdad –la sinceridad y el estudio-, el atrevimiento de los anticatólicos y tras ellos y a la vez que ellos de los antiespañoles, la superficialidad –tomar todo por ocio y con rapidez-, y, con ello, los apriorismos, los eslogan las filias y fobias, el “se dice” de los medios de comunicación dirigidos.

La gloria de España no es el descubrimiento con ser éste inconmensurable y maravilloso. La gloria de España no es la ocupación y conquista -donde la hubo del Nuevo Mundo. Ni siquiera su civilización. Con ser esto mucho, la civilización no deja de ser un palacio de cristal con destellos de luz y color, un gran jardín como mansión columnada levantada por sierras y cordilleras, una gran biblioteca del mundo que habla. La verdadera gloria de España, lo que nos hace felices a los españoles como don del Cielo, es colaborar activamente y con un enorme éxito en la evangelización de los indios, realidad que llega con fuerza hasta hoy, que es donde de nuevo tiene lugar el conflicto entre la Luz y las tinieblas. Se civiliza evangelizando y se evangeliza civilizando. El Bautismo es tal que salva a todo el hombre. Incluso puede decirse que:

“La redención del género humano también comporta la revigorización de su natural inteligencia: fortalecida por la gracia, iluminada por la fe, ve más, comprende más, y  por lo tanto es más capaz de gobernar al mundo” (CASSAGNE, Inés de, “El siglo de oro español”, Madrid, Rev. “Verbo” (III-IV, 1990) p. 475).

La clave o tesis de este ensayo. América fue inventada por y para ser salvada en la Fe de Cristo. Fue inventada porque salvada. La inventaron al unísono la Iglesia y España. La Fe fue de la Iglesia de Cristo, y los medios fueron de la monarquía católica, hispánica o misionera. La Iglesia puso la huella divina y España la huella temporal, ambas al unísono, formando así la Hispanidad. Ambas huellas se justifican una con la otra, una dentro de la otra, una –España- en sustancia de la otra –la Iglesia-. Así, los primeros beneficiados de cara a la vida eterna y la temporal fueron los mismos pueblos indígenas, mixtificados con los españoles en América.

El marxismo y el paganismo rechazan, hoy y sobre todo, la fe religiosa pero también a España. Por eso quisieran volver al paganismo precolombino. Quisieran crear algo nuevo, como alternativa a la Hispanidad, contrario a dicha invención de América, de una América salvada en Cristo a través de España. Tarea imposible la Catolicidad e suya porque son contrarios a la salvación, y, cuando el maligno se enrosca, la planta de Ntra. Sra. de Guadalupe le aplasta la cabeza.

Repitamos aquí el llamamiento de Carlos Etayo Elizondo, cuando en 1992 se propuso difundir la verdad histórica de la expansión católica de los siglos XV y XVI, “demostrando ante la faz del mundo las falsedades que provienen de escritores y políticos enemigos de la obra de España y de eclesiásticos influenciados con la leyenda anti-española”. Citemos al fallecido cardenal Lustiger arzobispo de París, y al cardenal Etchegaray, arzobispo de Marsella entre otros. Un su vertiente práctica, reiteramos con el capitán Etayo:

Enviamos “un mensaje al mundo actual y especialmente al hispanoamericano para hacerle ver que la liberación de los enormes males que padece y de los mayores que le amenazan está en hacerse capaz de asimilar la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura. Sin Mí no podéis hacer
nada” (Etayo).

No es anticuado lo que decía Maeztu:

“El ideal hispánico está en pie. Lejos de ser agua pasada, no se superará mientras quede en el mundo un solo hombre que se sienta imperfecto. Y por mucho que se haga por olvidarlo y enterrarlo, mientras lleven nombres españoles la mitad de las tierras del planeta, la idea nuestra seguirá saltando de los libros de mística y ascética a las páginas de la Historia Universal” (p. 24). “(…) la misión histórica de los pueblos hispánicos consiste en enseñar a todos los hombres de la tierra que si quieren pueden salvarse, y que su elevación no depende sino de su fe y su voluntad” (p. 86).

Continúa: España, la Hispanidad:

“son el guión y el modelo del cual han de aprender todos los pueblos de la tierra” (p. 121). (…) “sólo se salvará la Hispanidad en la medida en que sus pueblos se den cuenta de que esa es su misión y la obra más grande y ejemplar que pueden realizar los hombres en la Tierra” (p. 190).

Ante la debacle de 1934 y actual, repetimos la afirmación de Maeztu de que “hay que dedicar buena parte de nuestra energía misionera a reconquistar nuestro pueblo” (p. 138).

En su poema a Roosevelt, nuestro Rubén Darío exclama algo que puede aplicarse al ya conocido mundialismo sin Dios, el Nuevo Orden Mundial:

“Tened cuidado. ¡Vive la América española!…/ Y pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!” O bien: “La América del grande Moctezuma, del Inca, / la América fragrante de Cristóbal Colón, / la América católica, la América española”. Habla  también “de la América ingenua, que tiene sangre indígena, / que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”.

La Hispanidad es un modo de patriotismo, una Patria que crece hacia afuera porque crece a la vez hacia adentro, pues la Fe católica es la raíz que nos multiplica como el firmamento. Dirá Maeztu:

“Otros patriotismos podrán desligarse de la fe. En muchos casos viene a ser el patriotismo el sustituto de la religión perdida. El de la Hispanidad no puede serlo. La Hispanidad no es en la historia sino el Imperio de la fe” (p. 293).

Los españoles pueden recuperar su Fe si la han perdido por dos vías: o directamente mediante la conversión o indirectamente pues sabernos españoles e hijos de nuestros mayores, nos acercará a N.S. Jesucristo y al confesonario.

Hacer Hispanidad ayudará a los españoles y americanos a recuperar sus bienes perdidos, el mayor de ellos la Fe católica, a afirmarse sin servilismos anglosajones o europeístas, a vivir conforme al derecho natural universal y al derecho público cristiano, único salvador, lejos de ideologías liberales, masónicas, totalitarias de todo tipo y marxistas, en suma, lejos de la vuelta al paganismo. O el paganismo –excitado con errores, quizás mentiras, y física muerte- del diablo, o Cristo nuestro Señor, el único Salvador en ésta vida y en la eterna.

Ntra. Sra. de Guadalupe y la del Pilar están gozosamente hermanadas como que son la misma. Invoquemos a Ntra. Sra. de Guadalupe, Madre del Nuevo Mundo, celestial patrona de Hispanoamérica, cristófora, y transmisora del ideal misionero, de la Iglesia y los poderes civiles al servicio de Dios y cada hombre, de las comunidades y pueblos.

6. Bibliografía

Omitimos no pocas obras de historia específicas cuyos autores han sido citados como Silvio Zabala y un largo etcétera.

6.1. Historia general, específica y divulgativa:

BENNASSAR, M. Bartolomé, La América española y la América portuguesa (Siglos XVI-XVIII), Madrid, Ed. Sarpe, 1986, 241 pp.; BENNASSAR y otros, Historia Moderna, Madrid, Ed. Akal, 1980
BRAUDEL, Fernand, Las civilizaciones actuales. Estudio de historia económica y social, Madrid, ed. Tecnos, 1971, 497 pp.
CASAS, Bartolomé de las, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Madrid, Ed. Sarpe, 1986, 127 pp. La primera edición es de 1542.
CORSI OTÁROLA, Luis, ¡Viva el Rei! Los negros en la Independencia, Buenos Aires, Ed. Academia, 2006, 99 pp.
CORSI OTÁROLA, Luis, Los realistas criollos. Por Dios, la Patria y el Rey, Buenos Aires, Ed. Nueva Hispanidad, 2009, 140 pp.
COLÓN, Cristóbal, Textos y documentos completos. Prólogo y notas de Consuelo Varela, Madrid, Alianza Universidad, 2ª ed., 1984, 387 pp.
DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Edición crítica por Carmelo Sáenz de Santa María, Madrid, CSIC, 1982, 687 pp.
DUMONT, Jean, La verdadera liberación, Madrid, Ed. Speiro, 1988
DUMONT, Jean, La controversia de Valladolid. El amanecer de los derechos del hombre, Madrid, Ed. Encuentro, 1997, 279 pp.
DUMONT, Jean, La hora de Dios sobre el Nuevo Mundo, Madrid, Ed. Encuentro, 1993
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HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Mario, Historia Universal de América, 1981 (v. I).
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VV.AA., Tordesillas, 1494, Madrid, Electa, 1994, 238 pp. Contiene interesantes textos e imágenes del arte de navegar, documentos, objetos, y obras de arte, expuestos con ocasión de la exposición sobre el V Centenario del Tratado de Tordesillas. Interesan las págs. 34-62 (Fuentes históricas)
VV.AA. Juan de la Cosa y la época de los descubrimientos, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2010, 275 pp.
ZÁRATE, Agustín de, Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Perú, 1555

6.2. De viajes:

Omitimos los viajes de los descubridores y conquistadores, y citamos:

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Agustín R., En la estela de Colón. Carabelas y singladuras del Capitán Etayo. Adaptación sobre textos de Carlos Etayo Elizondo, Madrid, Fundación Hernando de Larramendi, 1998, 143 pp. con gran formato y a todo color.

6.3. Ensayo general:

CATURELLI, Alberto, El nuevo mundo, México, Edamex, 1991, 455 pp.ETAYO ELIZONDO, Carlos, “Por un V Centenario de la Epopeya Cristiana de los Descubrimientos. Llamamiento”, 12 pp. (s.l., 1990); “Por un V Centenario digno de la Epopeya (…) 2º llamamiento del PVCVD a los católicos y hombres de buena voluntad” , 12 pp. (s.l., 1990); “Aportación al V Centenario (…)” 20 pp. (s.l., s.f.). Son tres folletos a color de gran formato solicitando ayuda para costear la construcción de la Niña III. Recogen abundantes consideraciones históricas complementarias entre sí. Omitimos los diversos libros de Etayo sobre arqueología naval en relación con las carabelas de los descubrimientos y sobre la realización de sus viajes. En estos navegó más de 20.000 millas marinas a bordo de reproducciones de históricas carabelas, superando los mismos peligros y dificultades que los antiguos marinos españoles.
GAMBRA, Rafael, “La cristianización de América. Selección de testimonios y textos”, en Boletín “América 1492-1992. La gran desconocida”, Madrid, Boletín del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciaos en Filosofía y letras…, IX-1992, nº 37, 40 pp., pág. 15-23. Texto de Divulgación.
GARCÍA MORENTE, M., Idea de la Hispanidad, Madrid, Espasa Calpe, 1961
GARCÍA MORENTE, M., Ideas para una Filosofía de la Historia de España, Madrid, ed. Rialp, 1957
GIMÉNEZ CABALLERO, E., El genio de España, 1939
GOMÁ Cardenal, “Apología de la Hispanidad”, discurso pronunciado en Buenos Aires el 12 de octubre de 1934. Se recoge en el libro de Maeztu señalado en esta bibliografía p. 309-358, y en “Acción Española” (nov. 1934)
JUAN PABLO II, En América. La fuerza de la Fe, Madrid, EPALSA, Col. Mundo Cristiano, 2ª ed., 1979, 166 pp.; Mensaje a la Iglesia de Latinoamérica, Madrid, BAC, col. BAC minor, 1979, 206 pp.
JUAN PABLO II En España. Texto completo de todos los discursos, Madrid, BAC, Cuadernos Ya, 1982, 190 pp.
LÓPEZ-IBOR, Juan José, El español y su complejo de inferioridad, Madrid  Rialp, 6ª ed. 1961, 236 pp.
MAEZTU Ramiro de, Defensa de la Hispanidad, Valladolid, 1938, 3ª ed. 36 8 pp.
MARÍAS, Julián, España inteligible. Razón histórica de las Españas, Madrid, Alianza Universidad, 1985, 421 pp.
SÁIZ BARBERÁ, Juan, El espiritualismo español y destino providencia de España en la Historia Universal, Sevilla, 1977, 570 pp. El espiritualismo español fue tratado en 1977 Juan Saiz Barberá desde la filosofía de la Historia en conjunción con la teología  de la historia española.
VIZCARRA ARANA, Zacarías de, Vasconia españolísima, Madrid, Ed. Gaudete, 2012, 189 pp.
PRUDENCIO, Aurelio, Obras Completas, Madrid, BAC, 1981, 826 pp.

6.,4, Cartografía:

En el mencionado catálogo de Kenneth, NEBENZHAL. Atlas de Colón… hay
diversas reproducciones de mapas catográficos como, por ejemplo, los
siguientes:

1. Juan Vespucio, Carta universal, Sevilla, 1526
2. Colón (atrib.), Carta náutica, hacia 1492
3. Mateo Prunes, Portulano mediterráneo, 1563
4. Antonio Abreu y Matos, Carta de las costas de Tierra Firme, 1734
5. Cantino, mapa de, 1502
6. Anónimo, Plano de la ciudad de Cartagena de Indias, 1628
7. Sancho Gutiérrez, Carta universal, 1551
8. Albino di Canepa, Portulano, 1489
9. Abraham y Jafuda Cresques, Atlas Catalán h. 1375
10. Johannes Ruyscg, Universalior Cogniti Orbis… Roma, 1508
Catolicidad e Hispanidad…. José Fermín Garralda Arizcun. 2015 43
11. Martín de Waldseemüller, Universalis cosmographia secundum Ptholomaei, 1507
12. Anónimo, Plano de la villa de Santoña con un proyecto de población, aprobado en 4 de Diciembre de 1842, 1842
13. Baltasar Vellerino de Villalobos, Derrota de Cádiz a Sanlúcar con la vista de Andalucía, 1595
14. Anónimo, Mapa del curso del río Matina y su desembocadura…, 1738
15. Antonio Osorio, Ciudad de Santo Domingo, capital de la Isla Española, s.f. (1608)
16. Juan Escalante de Mendoza, Carta de navegar para la derrota desde la Barra de Sanlúcar a las Islas Canarias… 1575
17. Anónimo, Reproducción facsímil de la Carta universal de Juan Vespucio…, 1526
18. Antonio de Abreu y Mattos, Carta náutica del Caribe y Golfo de México…, 1745
19. Pietro Russo, Carta náutica del Mediterráneo, 1508
20.Juan Ortiz Valero, Atlas portulano del Mediterráneo, 1575
21. Claudio Ptolomeo, Claudii Ptolemaei Geographicae… 1525
22.Christian Sgrooten, Orbis Terrestris tam Geographica… 1592
23.Suárez Dávila, Reproducción facsímil de la Carta de Juan de la Cosa, 1982

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