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24 noviembre 2015 • Del franquismo quedan bastantes cosas aunque bastante deterioradas • Fuente: La Gaceta

Pío Moa

Lo que queda del franquismo

portada-los-mitos-del-franquismoUn editorial del periódico de Pedro J afirma que del franquismo no queda nada. Ese es el nivel del periodismo español, con pocas excepciones: “la mentira profesionalizada” (Julián Marías).

Intelectualmente no sobrepasa la sarta de tonterías estilo Preston, incluso más contrarias al sentido común, mencionadas aquí hace unos días. Debían ser pasadas por alto, pero es preciso ocuparse de ellas, porque explotan la increíble ignorancia deliberadamente cultivada entre nuestros jóvenes por unos políticos corruptos y una prensa a tono. Veamos:

El franquismo fue “una pesada losa” ¿Sobre quiénes? No sobre los pocos demócratas que había y que no hicieron oposición digna de reseña y ninguno de los cuales fue a la cárcel. Fue una losa bien para comunistas y terroristas, con quienes implícitamente se identifica el periódico citado.

El franquismo está olvidado. Basta leer los cientos de comentarios y los libros con motivo del aniversario de la muerte de Franco para comprobar lo contrario. El insulto a la inteligencia.

España ha sufrido una enorme transformación. Cierto, en dos sentidos: sobre la base de prosperidad y olvido de los odios republicanos, que permitieron construir una democracia; y en sentido negativo: corrupción generalizada, separatismos, demagogia, envilecimiento de la justicia, reconocimiento y premio al asesinato etarra como modo de hacer política, pérdida de soberanía, etc. Quizá esas transformaciones agraden al diario de Pedro J.

Las radios no ofrecían información y estaban obligadas, dos veces al día, a dar el parte de Radio Nacional. Cosas inimaginables hoy…. Las radios sí ofrecían información muy variada, como la prensa. Es cierto que debían dar las noticias de Radio Nacional. Pero el avance no ha sido mucho. Hoy los medios se distinguen por su chabacanería, manipulación y falsificación – menos plural de lo que se pretende—de la realidad. De lo cual es buena muestra el editorial, que insulta no solo la historia sino el sentido común.

Los municipales multaban a las parejas a las que sorprendían amarteladas en el parque, en Semana Santa no se podía escuchar música, en el cine se cortaban las escenas con beso, algo impensable para las nuevas generaciones Esto resulta puramente anecdótico en lo que tiene de cierto, que es muy poco, y nada ya en los últimos diez años del régimen. En cambio no tiene nada de anecdótico el gran empeoramiento de la salud social desde entonces: aumento masivo del aborto, del embarazo de adolescentes, del alcoholismo juvenil, de la droga, del suicidio entre los jóvenes, de las violaciones, del fracaso y violencia familiar, del fracaso escolar, delincuencia y población penal, etc. Que al editorialista parecen no darle frío ni calor.

La Iglesia y la religión, que fijaban la moral y marcaban el ritmo a la sociedad, han quedado absolutamente relegadas. Nuevo embuste: la Iglesia tenía mucho más peso que ahora, cierto, pero lo fue perdiendo por sí misma después del Vaticano II. Hoy la moral la marcan políticos y periodistas tipo Pedro J, y las consecuencias, levemente reseñadas en el apartado anterior, son las que son.

Qué decir de la España de la peseta, aislada del resto de Europa y del mundo, ahora en el euro y presente en los principales organismos internacionales. La falsedad ronda aquí la pura y simple estupidez. La España franquista no estaba aislada, por el contrario, derrotó un aislamiento criminal que intentaba crear una gran hambruna: y España fue reconocida por todos los países –excepto los muy pocos que el franquismo no quiso reconocer—y estaba presente en prácticamente todos los organismos internacionales. La peseta se mantuvo muchos años después del franquismo, y el euro, que se nos impuso hace pocos años con promesas de prosperidad indefinida, tiene bastante relación con la dura crisis que padecemos. Algo más: fuera de la CEE-UE, durante el franquismo España fue uno de los países de más rápido crecimiento del mundo. Después ya no.

El Ejército era una amenaza para cualquier intento de apertura. En ningún momento impidió el ejército la transición. El caso del 23-f tuvo muy poco que ver, en realidad, con el ejército, y sí con los lamentables políticos de entonces, incluido el rey.

En 1975 faltaban tres años para que naciera Pablo Iglesias y cuatro para que lo hiciera Albert Rivera. Pero es que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, tan solo tenía tres. ¿Qué queda en sus vidas del franquismo que ni siquiera por edad han podido vivir? Lo mismo que del carlismo, que de la dictadura de Primo de Rivera, que de la Segunda República… Humo. Nada. Estas frases son un verdadero compendio de estupidez, y más en la medida en que ponen a Sánchez o a Iglesias como ejemplo de logros de la democracia. Uno no debería asombrarse ya de nada, pero siempre “la estupidez y la canallería” que denunciaba Marañón logran batir nuevas marcas.

En fin: del franquismo quedan bastantes cosas. En primer lugar, una paz, la más larga de la historia de España, que continúa si bien un tanto vapuleada por el terrorismo y la colaboración con él, por los separatismos y por la demagogia. Queda la prosperidad lograda en aquel régimen, aunque sometida después a crisis recurrentes y elevadas tasas de paro incluso en los períodos de prosperidad. Queda una soberanía, por más que en pérdida acelerada. Queda algo de los valores morales, hoy muy deteriorados, que hacían de España el país con mejor salud social de Europa. Queda una de las esperanzas de vida al nacer más elevadas del mundo, eso se ha mantenido. Quedan algunas leyes que impiden que la degeneración de la democracia y la destrucción del país se hayan completado. Queda cierto patriotismo, bien que cada vez más debilitado y sin el cual la democracia no podría funcionar (y, en efecto, funciona cada vez peor)…

En fin, quedan muchas más cosas de las que el editorialista, no sé si ignorante o simplemente embustero quiere contar a los jóvenes. Si el editorialista hubiera leído Los mitos del franquismo, quizá habría seguido falseando la historia, porque su mala fe salta a la vista. Pero supongo al menos habría procurado ser más cauto.

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