Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

10 mayo 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Ascensión del Señor: 12-mayo-2024

Epístola (Hch 1, 1-11)

1En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo 2hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. 3Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. 4Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, 5porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». 6Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?». 7Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; 8en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». 9Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. 10Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, 11que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Evangelio (Mc 16, 14-20)

14Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. 15Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. 17A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos». 19Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos se fueron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban

James TISSOT, La Ascensión desde el Monte de los Olivos (c. 1884-96), Brooklyn Museum

Reflexión

I. EL HECHO HISTÓRICO Y EL MISTERIO DE LA FE. La vida de Jesucristo en la tierra, que comenzó con su Encarnación en las entrañas purísimas de la Virgen María y su nacimiento en Belén, concluye con su Ascensión a los cielos.

Como leemos en la Epístola de esta fiesta (Hch 1, 1-11), después de su resurrección, Jesús se mostró durante cuarenta días en diversas apariciones a sus discípulos, conversando con ellos. Así fortalecía a los Apóstoles, los confirmaba en la fe y los instruía «hablándoles del reino de Dios» (v. 3). Finalmente, los reunió en un monte a las afueras de Jerusalén donde se alzó de la tierra y subió a los cielos en su presencia.

El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición entre la manifestación de la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre[1]. Esa expresión sentado a la derecha del Padre es utilizada en el Evangelio (Mc 16, 14-20): «el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (v.19) y con ella también profesamos nuestra fe en este misterio cuando decimos en el Credo que Jesús que «subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre». Está sentado significa la eterna posesión que Jesucristo tiene de su gloria, y la expresión a la derecha de Dios Padre quiere decir que ocupa el puesto de honor sobre todas las criaturas. Dicho de otra manera: como Dios es igual al Padre en la gloria, y como hombre está ensalzado sobre todos los Ángeles y Santos y hecho Señor de todas las cosas[2].

Cristo reina junto al Padre y de Él recibe el poder de juzgar a toda la humanidad. Por eso los artículos del Credo referidos al Hijo de Dios concluyen así: «y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin». «Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia»[3].

II. LA ASCENSIÓN Y NUESTRA VIDA CRISTIANA. Esta fiesta de la Ascensión cierra la contemplación de los misterios de la vida de Cristo en su resurrección y exaltación gloriosa que venimos considerando y celebrando durante todo el tiempo litúrgico de Pascua. Para alcanzar los frutos de este misterio en nuestras propias vidas, nos ayuda considerar tres razones principales por las que fue beneficiosa para nosotros la Ascensión del Señor a los cielos[4]:

  • Para aumentar nuestra Fe, que trata de cosas invisibles. A partir de la Ascensión Cristo rompe las relaciones sensibles con sus discípulos para no tener otras que las de la fe. Por eso había dicho a santo Tomás: «Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29).
  • Para levantar nuestra Esperanza hacia las cosas del Cielo. Por eso dice también Cristo: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar» (Jn 14, 2). Por su Ascensión, nos abrió las puertas del Cielo cerradas por el pecado de Adán y nos facilitó el camino que conduce a la bienaventuranza eterna:

«Concédenos, te rogamos, Dios omnipotente, que, pues creemos que en este día subió a los cielos tu Unigénito, nuestro Redentor; también nosotros habitemos con el alma en los cielos»[5].

  • Para mover nuestra Caridad con el fuego del Espíritu Santo que nos envió después de su Ascensión. Por eso había dicho Jesús: «os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito» (Jn 16, 7). En la Última Cena había anunciado que la Santísima Trinidad habitaría en el alma del justo en gracia de Dios y esa promesa se cumple por la acción del Espíritu Santo a la que nosotros tenemos que corresponder con nuestra vida cristiana, cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios y practicando las virtudes.

«[Cristo nuestro Señor] después de su resurrección se apareció manifiestamente a todos sus discípulos y a su vista se elevó al cielo, para hacernos partícipes de su divinidad»[6].

Por eso la Ascensión es también fiesta y compromiso de evangelización, llamada al apostolado a dar testimonio de la fe que profesamos mejorando así el mundo en que vivimos, siendo instrumentos de un Cristo presente y todopoderoso que quiere servirse de nosotros para extender su reinado

*

Imitemos a los Apóstoles que, después de la Ascensión, volvieron a Jerusalén en compañía de Santa María y, junto a Ella, esperaban la llegada del Espíritu Santo (Hch 1, 14). Procuremos nosotros también en estos días disponernos a celebrar la fiesta de Pentecostés el próximo Domingo, unidos a nuestra Señora la Virgen María.


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 660.

[2] Cfr. Catecismo Mayor I, 7, 121-125; Instrucción sobre las fiestas X.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 682.

[4] Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, STh III, 57,1, ad3; Antonio ROYO MARÍN, Jesucristo y la vida cristiana, Madrid: BAC, 1961, 365-366.

[5] Eloíno NÁCAR FUSTER; Alberto COLUNGA, Misal ritual latino-español y devocionario, Barcelona: Editorial Vallés, 1959, 581.

[6] Prefación de la Ascensión, ibíd., 29.