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21 abril 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

III Domingo después de Pascua: 21-abril-2024

Epístola (1Pe 2, 11-19)

11Queridos míos, como a extranjeros y peregrinos, os hago una llamada a que os apartéis de esos bajos deseos que combaten contra el alma. 12Que vuestra conducta entre los gentiles sea buena, para que, cuando os calumnien como si fuerais malhechores, fijándose en vuestras buenas obras, den gloria a Dios el día de su venida. 13Someteos por causa del Señor a toda criatura humana, lo mismo al rey, como soberano, que a los gobernadores, 14que son como enviados por él para castigo de los malhechores y aprobación, en cambio, de los que hacen el bien. 15Porque esa es la voluntad de Dios: que haciendo el bien tapéis la boca a la estupidez de los hombres ignorantes. 16Como personas libres, es decir, no usando la libertad como tapadera para el mal, sino como siervos de Dios, 17mostrad estima hacia todos, amad a la comunidad fraternal, temed a Dios, mostrad estima hacia el rey. 18Que los criados estén, con todo temor, a disposición de los amos, no solo de los buenos y comprensivos, sino también de los retorcidos. 19Pues eso es realmente una gracia: que, por consideración a Dios, se soporte el dolor de sufrir injustamente. 

Evangelio (Jn 16, 16-22)

16Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver». 17Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver”, y eso de “me voy al Padre”?». 18Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice». 19Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver”? 20En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. 21La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría.

Reflexión

I. A partir de este Domingo, la Iglesia dirige nuestra mirada para prepararnos a celebrar los misterios de la Ascensión de Cristo y de Pentecostés y en los Evangelios escuchamos el discurso de despedida del Salvador la noche de la Última Cena.

Las palabras de hoy (Jn 16, 16-22) están construidas a partir de paradojas: «Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver … vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría…»

A medida que los años pasan, hacemos la experiencia que hay en la vida más tristezas que consolaciones, más decepciones que promesas mantenidas Nos damos cuenta de que esta tierra es, no solamente un valle de lágrimas, sino también, lo que es más lamentable, un lugar de escándalos y trampas.

Por otro lado, Evangelio, significa Buena noticia, y está lleno de exhortaciones a la alegría. Es a hombres reales a quienes se anunció el Evangelio de la Alegría. Así pues, no vacilemos recordar todo lo que la vida reserva de amargo y de pena. Pero tengamos este recuerdo en Dios.

No se trata de ignorar los discursos negativos de la humana experiencia; se trata de oírlos permaneciendo ante el Señor; entonces dejarán de ser negativos. «Distrae tu alma y consuela tu corazón, | aparta de ti la tristeza; | pues la tristeza ha perdido a muchos, | y no se saca ningún provecho de ella» (Eclo 30, 23[25]). «Una cavilación pesimista es incompatible con la fe en la sabiduría paternal de Dios, y con la misericordia de la ley a que estamos sometidos» (STRAUBINGER)

II. Volviendo a las palabras del Evangelio (Jn 16, 16-22), Jesús acentúa el anuncio de su próxima partida a fin de disponer a los Apóstoles para la separación; pero al mismo tiempo les da la seguridad de su vuelta.

  • En un primer sentido (literal) están referidas a los Apóstoles. Les anuncia su muerte y Resurrección. «Dentro de poco» se refiere a un pequeño número de horas o días. Como si dijera: Dejaréis de verme con ocasión de mi muerte y sepultura y después de la Resurrección me volveréis a ver con una alegría sin igual. Lo mismo se puede aplicar a la Ascensión.
  • En un sentido más amplio (moral) pueden aplicarse a los fieles de todos los tiempos y recordarnos que la duración de esta vida por larga que pueda ser es bien poca cosa en comparación con la eternidad. «Dentro de poco» es el tiempo de la vida presente, durante el cual no se puede ver a Dios sino a través de los velos de la fe… «me volveréis a ver» en la eternidad. De ahí la lógica consecuencia es hacer durante esta vida aquello que nos pueda servir en la eternidad.

Jesucristo aclara su pensamiento con una comparación: La mujer, cuando va a dar a luz… el dolor de la madre se cambia en gozo. Esta comparación de nuestro Señor conviene a todos los cristianos: en este mundo están continuamente en trabajos laboriosos, como los del parto, para purificarse, regenerarse, transformarse y así llegar a poseer la vida plena y perfecta semejante a la de Cristo. Y mientras, el pensamiento del cielo nos sostiene y alienta en las pruebas de la vida. Este es el contenido de la virtud teologal de la esperanza «con la cual deseamos y esperamos la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven y los medios necesarios para alcanzarla» (Catecismo Mayor, 893).

III. Pensemos frecuentemente en el Cielo y en contemplar a Dios por toda la eternidad. Que esto nos sirva de estímulo en medio de las dificultades. Y para alcanzar esta gracia invocamos a la Virgen María como esperanza nuestra: «Con razón la Iglesia llama a María «Madre de la santa esperanza» (Eclo 24, 24); la madre que hace nacer en nosotros, no la vana esperanza de los bienes miserables y efímeros de esta vida, sino la esperanza de los bienes inmensos y eternos de la vida bienaventurada» (San Alfonso Mª de Ligorio, Las glorias de María).