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28 enero 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Domingo de Septuagésima: 28-enero-2024

Epístola (1Cor 9, 24-27; 10, 1-5)

24¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar. 25Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. 26Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; 27sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

[10] 1Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar 2y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y por el mar; 3y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. 5Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Evangelio (Mt 20, 1-16)

1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Reflexión

I. El tiempo litúrgico de Septuagésima y se estructura en torno a tres domingos, el primero de los cuales se llama propiamente Dominica in Septuagésima y los dos siguientes reciben el nombre de Sexagésima y Quincuagésima. Históricamente nace por el deseo de completar los días de ayuno durante el tiempo de Cuaresma con el que guarda estrecha relación. De ahí las notas propias de la liturgia durante este tiempo. Lo más característico es la supresión del Aleluya que no volverá a oírse hasta la Vigilia Pascual y es reemplazado en la Misa por el Tracto en el que los salmos expresan sentimientos de arrepentimiento, de súplica angustiosa, de humilde confianza, como es en el caso en este Domingo del salmo 129, «De profundis…» («Desde lo hondo a ti grito, Señor…»), uno de los llamados salmos penitenciales que ha sido aplicado a la Liturgia de Difuntos, no porque trate de los muertos, sino a causa de la misericordia y perdón que en él abunda[1]. Tampoco se canta o reza el «Gloria in excelsis Deo» los domingos y el color ordinario de los ornamentos es el morado.

II. En la parábola del Evangelio (Mt 20, 1-16) se nos presenta la obra de la redención y de la constitución del Pueblo de Dios bajo la imagen de una viña.

En el Antiguo Testamento la viña es la imagen del pueblo elegido por Dios; «La viña del Señor del universo es la casa de Israel» (Is 5, 7). Esta vid fue transportada por Dios desde Egipto a una tierra fértil y Él prodigó los cuidados sobre ella. En cambio, no dio los frutos esperados (Is 5, 1-7), quedó reducida a leña seca que no puede servir más que para el fuego (Ez 15, 2-7).

En el Nuevo Testamento, la viña es figura (“tipo”) del nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia y sirve para expresar la predilección de Dios por Israel y la falta de correspondencia de este pueblo, la infidelidad de los judíos a su vocación y la elección por parte de Dios de un nuevo pueblo que será la Iglesia. Este motivo lo encontramos en la parábola de los obreros enviados a la viña pues el «reino de los cielos» es el objeto de su descripción: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña» (v.1).

II. Del reino de los cielos o reino de Dios se dice en el Evangelio unas veces que está ya presente y otras se presenta como una realidad futura. Esto significa que ya está en medio de nosotros y, al mismo tiempo, en continuo perfeccionamiento y progreso, en espera del futuro. Por tanto, con esta expresión se está aludiendo a tres realidades al mismo tiempo:

  • El reino, interno e invisible de la gracia en las almas.
  • El reino social, visible, que coincide con la Iglesia fundada por Cristo en la tierra.
  • La posesión perfecta y total de la felicidad en la gloria del cielo donde esperamos que seremos semejantes a Dios, «porque lo veremos tal cual es» (1Jn 3, 2).

La parábola se refiere pues a los dos momentos en que se desarrolla el reino de Dios: al tiempo en que se convoca a sus miembros aquí en la tierra y al momento de su consumación definitiva en la eternidad.

  • En relación con el primer momento, podemos aplicar esta parábola a nuestra propia vocación a la vida cristiana. Y a la predilección de que hemos sido hecho objeto por parte de Dios. Se subraya su carácter de don gratuito que debemos acoger y hacer que fructifique.
  • El reparto del jornal a los obreros contratados nos remite a ese otro momento de consumación, de plenitud. Todos los que han trabajado por el reino de Dios reciben una misma paga que representa la vida eterna. «Nótese el contraste entre el modo de pensar de Dios y el de los hombres. Estos sólo avaloran la duración del esfuerzo. Dios en cambio aprecia, más que todo, las disposiciones del corazón. De ahí que el pecador arrepentido encuentre siempre abierto el camino de la misericordia y del perdón en cualquier trance de su vida»[2].

III. Pero en el plan de Dios, la gratuidad no exime de la responsabilidad de cooperar. Pertenecer a la Iglesia es formar parte de un cuerpo en el que todos los miembros estamos llamados a “trabajar en la viña”. Siempre y para todos hay en ella un quehacer y lo importante es que cada uno descubramos el nuestro.

La Epístola (1Cor 9, 24-27. 10 1-5), subraya lo que nosotros tenemos que aportar en la obra de nuestra salvación. Y lo compara con el esfuerzo, la lucha. El Apóstol describe al cristiano militante, valiéndose de las comparaciones con los famosos juegos de la antigüedad: carrera (v.24) y pugilismo (v.26), donde todos se lanzan, se controlan y renuncian a cuanto pueda apartarlos de su objetivo. Así hemos de empeñarnos nosotros, y con tanta mayor razón, por obtener el premio de la eternidad.

*

Este mundo es la viña y el campo en el que estamos llamados a cumplir nuestra misión. Busquemos la protección de la Virgen María especialmente en esos momentos en que el trabajo de la vida se nos hace más difícil, como les ocurrió a los protagonistas de la parábola por el peso del día y el bochorno y seamos fieles a nuestra vocación de hijos de Dios que esperamos llegue a su plenitud un día en la gloria del Cielo.


[1] Cfr. Juan STRAUBINGER, La Santa Biblia, in: Sal 129.

[2] Juan STRAUBINGER, ob. cit., in: Mt 20, 15 (cfr. Jn 5, 40; 6, 37).