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6 enero 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Sagrada Familia, Jesús, María y José: 7-enero-2024

Epístola (Col 3, 12-17)

12Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. 13Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. 14Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. 15Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. 16La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. 17Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Evangelio (Lc 2, 42-52)

42Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre 43y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 44Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; 45al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. 46Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 48Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». 49Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». 50Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. 51Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. 52Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Bartolomé Esteban Murillo: «Sagrada Familia del pajarito» (Museo del Prado)

Reflexión

En este domingo primer domingo después de Epifanía quedó establecida una fiesta litúrgica en honor de la Sagrada Familia formada por Jesús, la Virgen María y san José. El contexto es el más adecuado, porque después de haber celebrado los principales misterios del nacimiento y la infancia de Jesús, hoy se nos invita a dirigir nuestra atención a lo que llamamos su «vida oculta»: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa sometida a la ley de Dios… que san Lucas resume en una frase: «El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con Él» (Lc 2, 40). Esa es la vida que hoy viene presentada como modelo a las familias y a todos los cristianos para que imitando sus virtudes y por la intercesión de la Virgen María y san José, alcancemos la gloria del Cielo. Es decir se nos proponen las virtudes propias de la vida familiar como camino de santificación.

«Señor nuestro Jesucristo, que sujeto a María y a José, consagraste la vida de familia con inefables virtudes; haz que, con el auxilio de ambos, nos instruyamos con los ejemplos de tu Sagrada Familia, y alcancemos su eterna compañía» (or. colecta).

Por otro lado, la Navidad es por excelencia la fiesta de la familia. Lo demuestran numerosas tradiciones y costumbres sociales, especialmente la de reunirse todos, precisamente en familia, para las comidas festivas y para intercambiarse felicitaciones y regalos. Por eso es un tiempo también en el que resulta especialmente sensible el dolor causado por las ausencias y las heridas familiares.

II. Jesús quiso nacer y crecer en una familia humana; tuvo a la Virgen María como madre; y san José hizo las veces de padre. La familia de Jesús merece de verdad el título de «santa» o “sagrada”, porque su mayor anhelo era cumplir la voluntad de Dios, encarnada en la adorable presencia de Jesús.

Por una parte, aquella era una familia como todas las demás y, en cuanto tal, es modelo de amor conyugal, de trabajo, de sacrificio, de ponerse en manos de la divina Providencia…; es decir, de todas esas virtudes que se pueden vivir en la familia y cuyo fundamento es la caridad como hemos escuchado en la Epístola de san Pablo (Col 3, 12-17). El amor es el «vínculo de la unidad perfecta» (v. 14). «porque une con Dios estrechamente a aquellos entre quienes reina, y hace que los tales reciban de Dios la vida del alma, vivan con Dios, y que dirijan y ordenen a Él todas sus acciones» (LEÓN XIII, Sapientia Christiana cit. por Mons. STRAUBINGER).

Pero, al mismo tiempo, la Familia de Nazaret es única, diversa de todas las demás, por su singular vocación vinculada a la misión del Hijo de Dios. La Sagrada Familia nos recuerda que Cristo vino al mundo por obediencia, para hacer la voluntad del Padre en favor nuestro y así elevarnos a nosotros en el Bautismo a la condición de hijos de Dios. Únicamente Jesucristo es Hijo de Dios por naturaleza pero por la gracia santificante somos hechos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pdr 1, 4), somos admitidos en la intimidad de la Santísima Trinidad como “hijos adoptivos” de Dios.

III. Toda la vida queda afectada por el hecho de la filiación divina: nuestro ser y nuestro actuar. Y esto tiene múltiples consecuencias prácticas. Podemos referirnos a dos de ellas:

  • Descubrimos que Dios, además de ser el Ser Supremo, Creador y Todopoderoso, es verdaderamente Padre de cada uno de nosotros. Dios conoce mejor nuestras necesidades reales y es nuestro Padre. Eso nos lleva a vivir confiados y serenos, comprendidos, perdonados, alentados siempre a seguir adelante…
  • La filiación divina es también fundamento de la fraternidad cristiana, que está muy por encima del vínculo general que une a los hombres entre sí. Los cristianos somos hermanos, porque somos hijos del único Padre. Las manifestaciones que esta fraternidad debe tener en la vida corriente son innumerables: respeto mutuo, delicadeza en el trato, espíritu de servicio y ayuda en el camino que nos lleva a Dios… En una palabra: portarnos como hijos de Dios con los demás hijos de Dios.

Por intercesión de la Virgen María y de san José, pedimos a Dios que guarde a nuestras familias en su gracia y en su paz y que nos enseñe a vivir en la Iglesia con el espíritu de familia propio de quienes cumplen la voluntad de Dios, para que podamos gozar de su eterna compañía en el Cielo.