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16 diciembre 2023 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

III Domingo de Adviento: 17-diciembre-2023

Epístola (Flp 4, 4-7)

4Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. 5Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. 6Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. 7Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Evangelio (Jn 1, 19-28)

19Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». 20Él confesó y no negó; confesó: «Yo no soy el Mesías». 21Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió: «No». 22Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». 23Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías». 24Entre los enviados había fariseos 25y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». 26Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». 28Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

James TISSOT, San Juan Bautista y los fariseos (c.1886-96), Brooklyn Museum

Reflexión

I. La Epístola de la Misa de este Domingo (Flp 4, 4-7) contiene una exhortación del apóstol san Pablo que hoy es la nota dominante en la liturgia: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos». El motivo de esa alegría es que «el Señor está cerca». El Apóstol está hablando de la segunda venida gloriosa de Cristo y la Iglesia acoge esta invitación cuando también nos preparamos para celebrar el Nacimiento del Señor. Es el mismo espíritu que llevará a la Iglesia en una de las Epístola del día de Navidad a invitarnos a llevar «una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo» (Tit 2, 12-13).

Y al evocar la primera venida del Señor en la humildad de Belén y de la Cruz, mientras nos preparamos para su segunda venida en gloria y majestad, se nos muestra nuevamente la figura de san Juan Bautista en el Evangelio (Jn 1, 19-28). En medio de la expectativa mesiánica creada en torno a san Juan Bautista «los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». Muchos identificaban a Juan con el Mesías o Cristo; por eso el fiel Precursor se anticipa a desvirtuar tal creencia y se presenta como el que anuncia a Cristo: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías […] en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia» (vv. 23. 26-27)

Juan es un profeta como los anteriores del Antiguo Testamento, pero su vaticinio no es remoto como el de aquéllos, sino inmediato: «En medio de vosotros hay uno que no conocéis». Volvemos a encontrarnos aquí con el fundamento de la alegría cristiana: Jesucristo no sólo nos conduce a Dios, sino que es Dios con nosotros. Y la respuesta del cristiano es preparar el camino al Señor, como nos indica san Juan Bautista.

Lo que otros no conocieron sobre Jesucristo, lo conoció él por revelación y lo hizo público.

II. El ejemplo de san Juan Bautista nos recuerda que nosotros, al ser incorporados a la Iglesia, también nos convertimos en instrumentos de salvación para otros, tenemos el deber de transmitir lo que hemos recibido. Los creyentes tenemos que ser «testigos de la luz». El mismo Jesús dice a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 14). Es decir, han de presentar la verdad para que, al cumplir su misión de apostolado, la «vean los hombres» que están en tinieblas y puedan ellos incorporarse a esta luz salvadora.

En una de sus parábolas Jesús nos habla de cómo «el reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13, 33): «que es como si dijera: a la manera que la levadura cambia toda la harina en su sustancia, así también vosotros cambiaréis todo el mundo» (san Juan Crisóstomo, catena aurea).

Los cristianos seguimos siendo fermento en medio del mundo:

  • cuando nos preocupamos de acercar a Cristo a nuestros familiares y amigos,
  • cuando aprovechamos las ocasiones que se nos presentan para hablar con valentía de la fe que llevamos en el corazón,
  • cuando nos tomamos en serio nuestra propia formación, de la que depende la formación de otros,
  • cuando dedicamos nuestro tiempo, siempre escaso, a obras buenas,
  • cuando colaboramos también económicamente en el sostenimiento de alguna tarea que tenga como fin la mejora sobrenatural y humana de las personas.

No nos debe detener el pensar que en ocasiones es poco lo que tenemos a nuestro alcance, en medio de un trabajo profesional o de las atenciones familiares que llenan el día y aún le faltan horas. Dios multiplica ese poco: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). Con su gracia el Señor, da una eficacia sobrenatural a lo que nosotros hacemos con rectitud en favor de los demás aunque la mayoría de las veces ni siquiera nos demos cuenta o veamos el fruto.

Hoy pedimos a Nuestra Señora la Virgen que se muestre como Madre compasiva con nosotros, que nos haga vivir el Evangelio y anunciar con nuestras palabras y nuestras obras la fe que profesamos.