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10 junio 2023 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Fiesta del Santísimo Cuerpo de Cristo («Corpus Christi»): 10-junio-2023

El jueves después de la Santísima Trinidad secularmente dedicado a honrar el misterio del Santísimo Cuerpo de Cristo con una particular fiesta litúrgica, dejo de ser fiesta laboral en España el año 1989 y la Conferencia Episcopal Española (siguiendo el precedente que se sentó en 1977 con la Ascensión del Señor) solicitó su traslado a la Sede Apostólica. Accediendo a esa petición, desde 1990 quedó fijada el domingo siguiente al de la Santísima Trinidad, permaneciendo en jueves con carácter local únicamente en algunos lugares.

Epístola (1Cor 11, 23-29)

23Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan 24y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía». 25Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía». 26Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. 27De modo que quien coma del pan y beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Así, pues, que cada cual se examine, y que entonces coma así del pan y beba del cáliz. 29Porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo come y bebe su condenación. 

Secuencia

Alaba, ¡oh Sión! Alaba al Salvador,
al Rey y Pastor
con himnos y cánticos.

Alaba cuanto más puedas, y sin descanso;
porque la mayor alabanza
que se haga no será suficiente.

Alaba sin medida,
al Pan vivo de Vida,
al que hoy se celebra.

Al Pan que en la mesa de la Santa Cena,
Cristo entregó a los Doce
reunidos como hermanos.

Que la alabanza sea de todo corazón,
sonora, gozosa, bella,
con el alma jubilosa.

Porque hoy celebramos un solemne día,
aquel que rememora
la institución de la Ssma. Eucaristía.

En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua de la Nueva Alianza,
pone fin a la Pascua antigua.

El nuevo rito sustituye al viejo,
las sombras se disipan ante la verdad,
la luz elimina a la noche.

Lo que Cristo hizo en la Cena,
mandó que se repitiera
en su memoria.

Instruidos por sus sagradas enseñanzas,
consagramos el pan
y el vino para la salvación.

Se les da un Dogma a los cristianos:
que el pan se convierte en la Carne
y el vino en la Sangre de Cristo.

Lo que no comprendes porque no lo ves,
que lo afirme tu fe viva,
más allá del orden natural.

Bajo diversas formas,
tan solo se ven los signos, y no la realidad que late
escondiendo una realidad sublime.

Su Carne es comida, y su Sangre bebida,
pero bajo cada uno de estos signos
está Cristo todo entero.

Se lo recibe íntegramente,
sin que nadie pueda dividirlo,
ni quebrarlo, ni partirlo.

Lo recibe uno, lo reciben mil,
tanto éstos como aquél,
sin que nadie pueda consumirlo.

Lo reciben los buenos, y lo reciben los malos:
pero con desigual fruto: para unos la Vida,
para otros, la muerte.

Es muerte para los pecadores y vida para los justos:
mira cómo un mismo alimento
tiene efectos tan contrarios.

Cuando se parte la hostia:
no vaciles: recuerda
que en cada fragmento
está Cristo todo entero.

Ninguna division se hace a esta realidad (del Cuerpo todo entero en cada parte):
solamente se hace un signo de fractura,
que no altera
ni el estado ni la estatura (del Cuerpo de Cristo).

Este es el pan de los Ángeles,
convertido en alimento de los peregrinos:
es el verdadero pan de los hijos,
que no debe tirarse a los perros.

Por varias figuras ha sido profetizado:
(por ejemplo) en Isaac es inmolado;
se lo ve en el Cordero Pascual,
y cuando es dado como maná a nuestros padres.

¡Oh Buen Pastor, Pan verdadero,
oh Jesús nuestro, ten misericordia de nosotros!:
apaciéntanos y cuídanos;
y haznos contemplar los bienes verdaderos
en la tierra de los vivientes

¡Tú que sabes todo, y todo lo puedes,
tú quien a los mortales nos apacientas,
haznos tus invitados,
herederos y compañeros
con los Santos del cielo!.
Amen, aleluya.

Evangelio (Jn 6, 56-59)

56El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». 59Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Reflexión

I. La fiesta del Santísimo Cuerpo de Cristo es un día dedicado a honrar al Sacramento de la Eucaristía con especial solemnidad externa que acompaña al gozo espiritual y al agradecimiento por este don. Reafirmamos nuestra fe en Jesucristo vivo y realmente presente en el sacramento de la Eucaristía, el Misterio que constituye el corazón de la Iglesia.

La oración colecta de la misa subraya la íntima vinculación de la Eucaristía con la Pasión de Cristo, de la que es memorial: «Oh, Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión». En efecto, la víspera de su Pasión, la tarde del Jueves Santo, Jesús hizo de la última Cena con sus apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre, por la salvación de los hombres. Allí manda a los apóstoles perpetuar su propia ofrenda y les instituye sacerdotes de la Nueva Alianza (cfr. CATIC 610-611).

La fiesta del “Corpus Christi” es inseparable del Jueves Santo, de la celebración de la institución de la Eucaristía. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros, hoy este mismo misterio se presenta para la adoración y la meditación del pueblo de Dios, y el Santísimo Sacramento se lleva en procesión por las calles para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos guía hacia el reino de los cielos. Lo que Jesús nos dio en la intimidad del Cenáculo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no es sólo para algunos, sino que está destinado a todos (cfr. Benedicto XVI, 23-junio-2011).

II. Los textos litúrgicos nos orientan a considerar la presencia real de Jesús en la Eucaristía que es recibida por el cristiano como su alimento espiritual. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión eucarística lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual.

«Este es el pan de los Ángeles, convertido en alimento de los peregrinos: es el verdadero pan de los hijos» (Secuencia). La Eucaristía es el alimento reservado a los que en el bautismo hemos sido liberados de la esclavitud del pecado y hemos llegado a ser hijos de Dios por la gracia; es el alimento que nos sostiene en el largo camino del éxodo a través del desierto de la existencia humana como lo había sido el maná para el pueblo de Israel. En medio de los caminos de nuestra vida, Jesús nos sale al encuentro como verdadero pan de vida: «Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre» (v. 58).

En la Última Cena, Jesús había anticipado el acontecimiento redentor del Calvario. Allí, Él acepta toda la Pasión por amor, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte en cruz. Ahora al recibirle en la Eucaristía, mediante el pan y el vino consagrados, en los que está realmente presente su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimilándonos a Él: nos implica en su obra de redención, haciéndonos capaces, por la gracia del Espíritu Santo, de vivir según su misma lógica de entrega, como granos de trigo unidos a Él y en Él (ibíd). La comunión conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo (cfr. CATIC 1392).

III. Pidamos hoy la gracia de una fe eficaz en el misterio de la Eucaristía que nos lleve a confesar que en el Santísimo Sacramento del Altar está el mismo Jesucristo.

Que siempre nos acerquemos a recibir la comunión sacramental con la debida preparación que consiste, sobre todo, en estar en gracia de Dios, es decir, tener la conciencia limpia de todo pecado mortal. En la Epístola, leemos cómo hecha una referencia a la institución de la eucaristía, el Apóstol saca las consecuencias para el caso concreto de los corintios (v.27-32) y les habla de la gran responsabilidad de quienes se acercan a participar de la eucaristía sin las disposiciones convenientes, no haciendo de hecho distinción entre el cuerpo de Cristo y una comida ordinaria, con lo que convierten en «pan de muerte» lo que es de suyo «pan de vida» (v.27-29) (TURRADO, 427)

Y que seamos coherentes con esta fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, viviendo de tal manera que podamos contemplar a Dios eternamente en la Gloria del cielo, cumpliendo así lo que hemos pedido: «venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención».