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23 mayo 2018 • A vueltas con el castillo de arena construido sobre el acaloramiento otoñal entre el escritor y el militar • Fuente: El Confidencial Digital

Emilio Domínguez Díaz

Mito, ficción y falta de educación

Milllán Astray fotografiado por Jalón Ángel

Dice un proverbio africano que hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la caza siempre glorificará al cazador. Y de cazadores del general Millán-Astray tenemos “overbooking”, dentro y fuera de nuestras fronteras, a la vista del deleznable espectáculo ofrecido hace un par de semanas por el turista Rabaté, Jean-Claude para sus amigos de viaje, en el Instituto Cervantes de Madrid.

El pasado 9 de mayo, allí se congregaron mito, ficción y falta de educación. Todas estuvieron presentes en el enésimo acto en torno a la excelsa figura de don Miguel de Unamuno. Pero, tal vez, alguna más fue de la partida. La exageración, sin ir más lejos.

Fueron, digo, invitados de postín a un evento organizado por la institución cervantina en el que, como viene ocurriendo últimamente, el general Millán-Astray se erigió en inesperada estrella de los discursos y, contra todo pronóstico, las preguntas de un respetable que, de forma también inesperada, vio perturbada su plácida asistencia por la “energuménica” reacción de Monsieur Rabaté al que el directo y su despótica actitud le jugaron una muy mala pasada.

Allí, sobre el estrado, las continuas dudas e inconsistentes testimonios planearon por la casa de Cervantes. Para ser un gran experto en Unamuno, el francés olvidó aquello que decía su particular héroe: “Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad”.

Y, ciertamente; verdad, razón y humildad hicieron mutis por el foro ante las repetidas insinuaciones de que lo del 12 de octubre de 1936 a la salida del Paraninfo de la Universidad de Salamanca no fue como la historia lo ha venido contando con el beneplácito de la propaganda frente-populista y muchos que, sin estar presentes, ficcionaron un hipotético roce con todo lujo de mentiras. Ante la sorpresa del respetable, todos coincidieron en este aserto.

Casi al final de la consentida y habitual “rajada” contra el fundador de La Legión, Rabaté, como maestro del ceremonioso aquelarre, pareció dejarse poseer por aquella lejana y supuesta reacción del general Millán-Astray el día de autos.

Y fue entonces cuando perdió los papeles, la compostura, la sonrisa y hasta, por lo oído en el coloquio, el filón que le ha permitido defender una tesis sin, a día de hoy, el sustancial refuerzo de las afirmaciones y conjeturas de los propios miembros del comisionado de la Ley de Memoria Histórica. Éstos, a su vez, se limitaban a hacer de palmeros por los favores prestados en forma de arenga e improvisada “chuleta trapiellana” durante la vista judicial de un mes antes.

¿La razón? La brillante argumentación e incómoda pregunta de uno de los asistentes, antiguo caballero legionario, que, por previa alusión a un email sin respuesta del soberbio Jean-Claude, le instó a la búsqueda de la verdad y posterior reflexión tras la reciente publicación de un artículo salmantino que, sin duda alguna, echa por tierra el castillo de arena construido sobre el acaloramiento otoñal entre el escritor y el militar.

Y, con todo el derecho que otorga el Credo Legionario, el antiguo “legía” pedía reciprocidad en el trato a “huno” y “hotro”, sin distinciones ni prejuicios.

Sin embargo, por lo visto y oído, el reo sigue haciendo de león y los cazadores persisten en una cacería carente de un rastro que, por mucho que lo intenten, no permite dar en el blanco del honor y respeto que se merece el fundador de La Legión.

Afortunadamente para el vasco universal, no siguió la senda castrense. De haberlo hecho, sin duda, ya habría sido fulminado por la arbitrariedad de la Ley de Memoria Histórica, esa en la que otros presentes al acto aparecen como “expertos” a la hora de desvirtuar la historia de España y mancillar el honor de uno de nuestros héroes en, precisamente, una institución que lleva el nombre de la más insigne figura de nuestras Armas y Letras.

¿Se imaginan ustedes en un coloquio en París para, como grandes entendidos, hablar de Descartes, Baudelaire o Voltaire? ¿Y se pueden imaginar que para defender los desmanes de uno u otro se despotrique contra los mariscales Foch o Leclerc el general De Gaulle? ¿Y contra la Legión Extranjera Francesa? Vamos, para no salir vivos de allí después de faltar al respeto y profanar a los hombres que, con sus gestas, hicieron grande la nación francesa.

Pero no se preocupen. No se nos ocurrirá hacerlo ni, por otro lado, emular a Rabaté al cruzar los Pirineos con una maleta llena de odio.

Si vamos de caza por aquellos cotos, permitiremos que los leones puedan narrar su propia historia.

2 Respuestas a Mito, ficción y falta de educación

  1. Geppetto

    28 mayo, 2018 a las 18:00

    Millan Astray es algo mas que una anecdota salmantina mil veces manipulada sencillamente porque da juego y la gente entra al trapo con gran alegria del esquirol de la cultura que vive y muy bien de denigrar a este o aquel, en este caso al general Jose Millan Astray y que cada vez que tiene un enfrentamiento suena cklin clin en su alcancia.
    Millan Terreros, despues Millan Astray fue un militar como la copa de un pino, u teniente coronlel que demostro al organizar , dar forma y mandar a lo que en principio no era mas que un experimento militar creado por el General Villalba quien pretendía crear una fuerza y un ejercito colonial que terminara o limitara la sangría de las tropas peninsulares que , destinadas en Marruecos, caian como chinches.
    La labor de Millan Astray fue inmejorable, apoyado por la fuerza disciplinada y fria de Francisco Franco dio forma a una unidad que a partir de la campaña de desquite de 1921 se convirtio en referente de lo que debe ser una unidad de combate, de choque.
    Millan Astray doto a el Tercio de una aureola entre romantica, cinica y desprendida que llamo la atencion desde el primer momento de todo el mundo y convirtio lo que podia haber sido una banda de desubicados, picaros, bandidos y hasta criminales en la mejor unidad del Ejercito español, sin dejarnos atrás a la unidad de primera linea mas condecorada del Ejercito español, Las Fuerzas Regulares Indigenas.
    Parece poco logico que una unidad que por su dureza y la cantidad de bajas en combate debería ser vista con pánico por la sociedad de la época fuera el reclamo de individuos que dieron lo mejor de si mismos, sus vidas, en defensa de España, en dura camaradería legionaria.
    Millan Astray le dio al Tercio su parafernalia y su forma de ser…nada menos y Franco la salvaje acometividad con que encaraba el combate.
    Esa es la fuerza del recuerdo de Millan Astray, su inteligencia a la hora de llevar la propaganda de guerra en 1936 del bando de su amigo y mira que se las hizo cuadradas, Francisco Franco .
    Millan Astray fue y a veces a pesar suyo, no siempre dedse luego, un símbolo del patriotismo, del ser español, de ese español que no tiene epoca ni situacion porque es en si mismo parte de la historia.
    Y ese es el motivo por el que es odiado

  2. MOISES DOMINGUEZ NUÑEZ

    24 mayo, 2018 a las 23:30

    Muy buen artículo. La historia se hace compleja con este lance que no pasó de anécdota histórica y que los creadores y mantenedores subvencionados del mito han elevado a categoría . Enhorabuena por tan importante aportación .