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15 febrero 2018 • La barbarie roja en Don Benito

Alfonso Martínez Rodríguez

“La cuerda de presos”: 23 y 24 de julio de 1938 (1)

La “CUERDA DE PRESOS DE DON BENITO” estuvo compuesta por 69 personas, 48 hombres y 21 mujeres (de las cuáles fueron asesinadas 23 hombres y 6 mujeres), y 16 soldados, milicianos y escopeteros rojos.

La CUERDA salió de Don Benito (Badajoz) a las catorce horas del día 23 de julio de 1938, inicialmente con destino a Castuera. El recorrido que siguieron fue por La Haba, Magacela, La Coronada, Campanario y Puebla de Alcocer, destino final por haber tomado las tropas nacionales la población de Castuera. A algunas de las mujeres supervivientes las llevaron a Cabeza del Buey y desde allí a Villanueva de Córdoba donde fueron liberadas al finalizar la Guerra.

Escuadras falangistas de Don Benito (Badajoz) en 1935

Ciudad de DON BENITO, día 24 de julio de 1938, domingo. Han pasado 736 días con sus noches desde que el 18 de julio de 1936 se produjo el ALZAMIENTO NACIONAL. Las tropas del Ejército del Sur bajo el mando de general Gonzalo Queipo de Llano tomaron Mérida (Badajoz) el 11 de agosto de 1936 y Santa Amalia (Badajoz) el 17 de agosto de 1936, ésta última población a tan sólo 16 kilómetros de Don Benito. Aquí se estableció la línea que separa ambos bandos y que no se rompe hasta éste día, fecha en que se produce la liberación de Medellín (Badajoz), distante a 7 kilómetros, y Don Benito, con la entrada de la 21 División bajo el mando del coronel Eduardo Cañizares Navarro. Desde entonces hasta ahora, el Frente Popular ha cometido 174 asesinatos de personas cuya “culpa” es la de ser “Católicos” o de “Derechas”, ya sean republicanos o monárquicos. De ellas, 168 hombres y 6 mujeres.

El primero de ellos se produce el 28 de julio de 1936 en la persona de Manuel García Gómez, de 21 años de edad, de profesión labrador y militante de Falange Española. El mismo día de la liberación de Mérida, 11 de agosto de 1936, y posiblemente como represalia por ello, se producen 57 fusilamientos y asesinatos en el trayecto que va desde la cárcel ubicada en el Ayuntamiento de la Plaza de España hasta las tapias del Cementerio de la Ciudad. En ése mismo mes de agosto de 1936, entre los días doce y treinta, se cometen otros 23 asesinatos. En el mes de septiembre, 38 asesinatos más, destacando los del día doce, con veinte asesinatos y finalmente, desde ése mes hasta el mes de diciembre, otras diez muertes violentas a manos de los milicianos Rojos.

Durante el año 1937, “solamente” se producen tres asesinatos. Y en el transcurso del año 1938 y hasta la liberación de la Ciudad el 24 de julio, se producen los restantes, incluidos los 29 asesinatos de personas que componían La Cuerda de Presos.

El 22 de julio de 1938, ante la inminente llegada de las tropas nacionales, en la Ciudad se respira un aire ya de por sí viciado y envenenado por el odio y el rencor existente entre ambos bandos a lo largo de éstos dos años de maldita convivencia. Para unos, su temor ante la inexorable derrota y el tener que dar cuenta de los crímenes cometidos, por lo que muchos huyen en una desbandada generalizada. Para otros, la ansiada liberación tras una larga etapa de sufrimientos, torturas y asesinatos en masa.

Ése día, los prisioneros que se encuentran en la cárcel detectan bastante nerviosismo en los milicianos rojos y se barrunta dentro de ella un intento de fusilamiento que finalmente no se produce. Cuando toman la determinación de evacuar la ciudad, deciden llevarse en la huida como rehenes y quizás también como escudos humanos a las personas detenidas, unas desde hace un tiempo y otras durante el mismo día 22, e incluso, durante la mañana del día 23 de julio, como es el caso de mi abuelo materno Alfonso Rodríguez Simone, de 43 años de edad, conocido como “Alfonso Trajano”.

El 23 de julio de 1938, sábado, sobre las doce de la mañana, entran en la cárcel unos milicianos armados con fusiles portando cuerdas en sus manos. Tienen orden de atarles por parejas, cosa que hacen a toda prisa y en actitud desagradable, primero con los 48 hombres y después con las 21 mujeres. Son 69 personas salvajemente tratadas y ya de por sí humilladas. Les hacen estar así, en el patio de la Prisión, bajo un sol justiciero propio del mes de julio, durante dos interminables horas y con la incertidumbre de su futuro próximo. Son las dos de la tarde, por fin les dicen que los trasladan a Castuera (Badajoz) y que están buscando camiones para ello. Todos recogen sus pertenencias, colchones, ropas, comida,… todo lo que sus familiares han podido llevarles al enterarse de su traslado. Pero una vez que han hecho esto les dicen que van a ir andando por falta de vehículos. Quizás los reservan para la huida de sus jefes. Aquí se inicia la tristemente célebre Cuerda de Presos de Don Benito.

Dieciséis son los soldados, milicianos y escopeteros Rojos que les van a “acompañar” y “custodiar” en su trayecto. Son seis soldados del Ejército Rojo, seis milicianos, tres escopeteros y un Guardia Municipal. Sus nombres son: Eusebio Jiménez Herrera “El Sargentillo”, Sargento al mando del grupo; Pablo Antonio Durán Martín-Romo “El Romo”, Cabo de las Milicias Rojas; Alejandro Sauceda Mateos, Cabo de las Milicias rojas; Alejandro Casto López González, soldado; Diego Diestro Rodríguez, soldado; José Agustín Paredes Díaz, soldado; Juan Martín Álvarez “El Torero”, escopetero; Alonso Álvarez Gallego “El Alonso”, escopetero; Sebastián Sosa Cerrato, Guardia Municipal; Miguel Genaro Balsera Arias “El Javeño”, miliciano; otros dos milicianos de Campanario (Badajoz); una miliciana de Magacela (Badajoz); un miliciano de Málaga, “El Malagueño” y un miliciano de Sevilla, “El Sevillano”. Uno de los soldados, José Agustín Paredes Díaz, escucha cómo el Teniente le dice al Sargento Eusebio Jiménez Herrera, que los fusilen a la salida de Don Benito. En las afueras de la Ciudad encuentran al escopetero Francisco Gómez Paredes, a quien el Sargento obliga a incorporarse al grupo.

Han recorrido ya el trayecto entre la Plaza de España y la “Fuente de los Barros”, a las afueras de la Ciudad. Han atravesado las calles Padre Cortés, Cuna, Retama, Fuentes y Zalamea seguidos por sus familiares que son obligados a apartarse de ellos. En la calle Fuentes les han hecho detenerse, y para impedir que puedan escapar, han revisado y apretado fuertemente las ligaduras y les dicen que vayan dejando los equipajes porque “se van a cansar mucho”. Unos, acobardados porque piensan que les van a matar dejan todas sus pertenencias en el suelo; otros, continúan con algunas de ellas.

Están llegando al pueblo de La Haba (Badajoz). Son las cuatro de la tarde aproximadamente. Sólo han recorrido siete kilómetros desde Don Benito. El calor es abrasador. Aparecen en el cielo varios aviones y los milicianos Rojos, asustados, les ordenan que se metan debajo del Puente de “La Marcocha”, en las afueras del pueblo. La carrera hace que caigan desfondados por el cansancio y por la carga que llevan sobre sus hombros. Varios de los prisioneros están en una situación lamentable y se niegan, porque no pueden hacerlo, a levantarse e incluso a continuar la marcha. Bajo el puente se encuentran algunas personas que, procedentes de Don Benito por la orden de evacuación forzosa, se resguardan del sol. Es el caso de Antonio Garrido Sauceda quien está allí con su familia y es testigo de todo lo que ocurre. Los milicianos obligan a todos los que no componen La Cuerda a que se separen del puente.

El Sargento al mando del pelotón de “acompañamiento”, Eusebio Jiménez Herrera “El Sargentillo”, de tan sólo 21 años de edad, al encontrarse con ésta situación, ordena al soldado Alejandro Casto López González, de 23 años de edad, que “conferencie” con el Comandante Militar de Don Benito y le comunique que ocho de los detenidos no pueden continuar el viaje. Cuando vuelve dicho soldado le transmite escuetamente “que hiciera con ellos lo que le había ordenado en Don Benito, es decir, que los fusilara”.

Tras éste agobiador descanso y las vicisitudes producidas por la situación, les hacen levantar y les revisan y aprietan nuevamente las ligaduras. A unos les atan por parejas y a otros individualmente con las manos hacia delante. Entre los que más se señalan en ésta labor, Pablo Antonio Durán Martín-Romo, de 19 años de edad; Alejandro Casto López González, de 23 años de edad, quien moja las cuerdas en el río antes de apretarlas, y Alejandro Sauceda Mateos, de 22 años de edad, quien ata fuertemente a Juan Herrera Herrera y que al ser preguntado que “porqué me atas tan fuerte”, le contesta que “con menos compasión nos habéis tratado vosotros. Además para lo que vais a durar…”. También hace lo mismo con Eugenio Muñoz Porro, Francisco García Gómez y Domingo Adán Cameo quien le dice que no le apriete tanto y le contesta que “os aprieto tanto para que no os escapéis y si a pesar de ello intentáis escapar, ya os las entenderéis conmigo”. Y con Ismael Dueñas Moreno que tiene necesidad de separarse del grupo, monta su fusil y le dice que “no se retire mucho”. Luego separan del grupo a las ocho personas que se niegan a andar, bien rendidas por el cansancio, bien por impedírselo algún defecto físico. Son María Paula Parejo Borrallo, de 57 años de edad; Josefa Margarita Verdú Sánchez, de 52 años de edad; María Francisca Moreno Martín-Romo, de 50 años de edad; Antonio Moreno Martín-Romo, de 39 años de edad y hermano de la anterior; Francisco Ruíz Ruíz, de 61 años de edad; Manuela Morillo Caballero, de 48 años de edad; Antonia María Cidoncha Donoso, de 48 años de edad; y Josefa Cortés Correa, de 61 años de edad.

Sobre las cinco de la tarde, el Jefe de La Cuerda comenta en voz alta con el fin de tranquilizar a los cautivos, mintiéndoles, que más tarde “pasaría un camión para recogerles”. Ya ha dictado su sentencia. Deja a cargo del grupo al soldado Alejandro Casto López González, de 23 años de edad; al miliciano Miguel Genaro Balsera Arias “El Javeño”, de 24 años de edad; a los escopeteros Alonso Álvarez Gallego “El Alonso”, de 53 años de edad; Juan Martín Álvarez “El Torero”, de 61 años de edad; Francisco Gómez Paredes, de 38 años de edad; y a tres Guardias Municipales de Don Benito que les habían acompañado hasta allí, entre ellos, Sebastián Sosa Cerrato, de 44 años de edad, quien el día anterior había participado en la detención de Juan Herrera Herrera y su esposa María Francisca Moreno Martín-Romo y que luego continuará con La Cuerda.

Cerca de las siete de la tarde las 61 personas restantes, de las cuales 46 son hombres y 15 mujeres, continúan la marcha en dirección a Magacela (Badajoz). Entre éstos integrantes de La Cuerda que inician la segunda etapa y reanudan su calvario, se encuentran familiares muy cercanos a los que permanecen bajo el puente: Adela y Paula Sánchez Parejo, ésta de 14 años, hijas ambas de María Paula Parejo Borrallo; Emilia Cidoncha Donoso, de 40 años de edad, hermana de Antonia María Cidoncha Donoso; y Juan Herrera Herrera, de 50 años de edad, esposo de María Francisca Moreno Martín-Romo y cuñado del hermano de ésta, Antonio. Al dolor ya de por sí estremecedor por la situación que están viviendo, se añade ahora el producido por dejar atrás a sus seres queridos. Solamente les han dicho que “iban a descansar allí y luego continuarían”.

Después de unos kilómetros, dos de los guardianes que se habían quedado en el puente con los impedidos, se reincorporan al grupo montados en sus caballos. Son el soldado Alejandro Casto López González quien da la novedad al Sargento Eusebio Jiménez Herrera “El Sargentillo” y le dice que “se los ha entregado a los escopeteros”, y el miliciano Miguel Genaro Balsera Arias “El Javeño”.

Pero volvamos atrás. Un poco antes, a las ocho de la tarde, los “guardianes de la muerte” han sacado a los ocho cautivos de los bajos del puente y en un recodo muy próximo a la carretera comienzan a disparar indiscriminadamente contra ellos. No contentos con su hazaña, emplean utensilios de labranza para descuartizar a sus víctimas. Sólo han pasado seis horas desde su salida de Don Benito.

A Josefa Margarita Verdú le aplastan la cabeza, le cortan un brazo y le destrozan ambas piernas a hachazos; a María Francisca Moreno, además de los tiros de escopeta y fusil, heridas de golpes en la cabeza y manos; a Antonio Moreno heridas de fusil en cabeza y oído que le destrozan la cabeza; a Francisco Ruíz, mutilaciones en diferentes partes del cuerpo y la cabeza cortada y aplastada que abandonan a 2oo metros de ése lugar; a Manuela Morillo, numerosas heridas de armas de fuego; a Antonia María Cidoncha varios tiros de escopeta y fusil y heridas de golpes en cabeza y cuerpo. Pero entre éstos ocho cuerpos destrozados salvajemente por las alimañas que lo han hecho, hay uno que aún exhala un leve aliento de vida. Es el de Josefa Cortés Correa, maniatada a Josefa Margarita Verdú, a la que han dado por muerta y que queda como única testigo ante la historia de lo que allí ha sucedido. Está gravemente herida y con diversas mutilaciones, pero viva.

Continuará


Hemos transcrito algunas páginas del libro: LA BARBARIE ROJA EN DON BENITO “LA CUERDA DE PRESOS”-23 y 24 de julio de 1938 80º ANIVERSARIO – Julio 2018 de Alfonso Martínez Rodríguez.

El texto tiene 221 págs. en edición sin ánimo de lucro que se distribuye a precio de coste (28€).

Pedidos al autor a través de la página de contacto de nuestra web (Pulse en este enlace)


 

4 Respuestas a “La cuerda de presos”: 23 y 24 de julio de 1938 (1)

  1. Jesús Casteleiro de Villalba Responder

    18 febrero, 2018 a las 14:12

    Enhorabuena Alfonso, libro de historia incontestable por los muchos datos y documentos aportados. Imprescindible para conocer a los demócratas del Frente Popular

  2. MOISES DOMINGUEZ NUÑEZ Responder

    15 febrero, 2018 a las 23:05

    Yo ya lo tengo y es un libro imprescindible en cualquier biblioteca que se precie sobre la Guerra Civil. No encontrará el lector elucubraciones ni suposiciones . Un hecho histórico que ha querido ser silenciado por los adalides de la Memoria Histórica Extremeña . Esa fue la verdadera Columna de la Muerte en Extremadura. Alfonso, has escrito un extraordinario libro de Historia . Algunos catedráticos podrían tomar nota . Saludos cordiales desde la lejana Cartagena .

  3. Santiago Arias Responder

    15 febrero, 2018 a las 21:01

    Mi comentario “requiere moderación”, me dicen. Bueno…. pues nada.
    Gracias Alfonso por tu trabajo, ya conozco algo más sobre mis ancestros.

  4. Santiago Arias Responder

    15 febrero, 2018 a las 20:55

    No tuve la suerte de conocer a ninguno de mis abuelos, los dos corrieron la misma “suerte”. Ahora ya sé algo más de ellos. Esto sí formará parte de mi “Memoria Histórica”.
    Gracias Alfonso.

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