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9 enero 2018 • Ha pasado a ser un acto político del Gobierno de turno

José María Manrique García

Pascua Militar

El rey Carlos III instauró la Pascua Militar para agradecer a los Ejércitos la definitiva toma de Menorca a los británicos en 1782. El 4 de febrero de aquel año promulgó un Real Decreto por el que:

“…queriendo dar al Ejército de España y sus Indias una muestra de su real aprecio … ordenó a Virreyes, Capitanes Generales, Gobernadores y Comandantes Militares que, en lo sucesivo, el día de la adoración de los Santos Reyes Magos … reuniesen a las guarniciones y presidios y notificasen en su nombre a los jefes y oficiales de los Ejércitos, para que estos lo hiciesen llegar a las tropas, su regia felicitación con ocasión de la fiesta que debería celebrarse todos los años en tal fecha y llamarse en lo sucesivo Pascua Militar…”.

La Pascua Militar tradicionalmente se realizaba fundamentalmente en todas las Capitanías, siendo la Autoridad Militar la anfitriona en el Salón del Trono de las mismas. El Jefe del Estado recibía en esa ocasión a las Autoridades Militares, respondiendo a las palabras de su representante, el militar más caracterizado de las Fuerzas Armadas, quien precedía en el uso de la palabra en virtud del más riguroso protocolo, y festejándolas a continuación.

Como consecuencia del asesinato del General Constantino Ortín Gil, Gobernador Militar de Madrid, el 3 de enero de 1979, en su entierro ocurrieron graves incidentes, pues el colectivo militar, y la mayoría de la población, estaban indignados con la incesante sangría terrorista.

Aquella situación trascendió al singular discurso “de felicitación” del Rey en la Pascua Militar, que fue más una reconvención que un acompañar al dolor por las víctimas del terrorismo marxista-separatista y luchar por erradicarlo, a la vez que originó una seria crisis en la Policía. La misma se produjo entre el ministro del Interior y algunos jefes de la Policía Nacional el lunes 8 de enero y tuvo como consecuencia la solicitud de baja en sus destinos, a petición propia, del General de Brigada de Infantería Dionisio Bartret, Director General “interino” desde el paso a la “situación B” del General José Timón de Lara el 11 de diciembre anterior, el Coronel de Infantería, Director de la Academia de Policía Armada, Juan Algar González, el Teniente Coronel de Infantería (TCOL) Juan Valverde Cassani, Segundo Jefe de la Primera Circunscripción y jefe accidental de la Policía de Madrid, y el Comandante de Infantería, de Estado Mayor, Andrés Mas Chao, así como de uno o dos comandantes de Estado Mayor de la Policía Armada.

Además de razones derivadas de las reformas de la Ley “Martín Villa”, en el fondo yacía la negativa de algunos mandos de la Policía, a disolver la manifestación que acompañó al féretro del General Ortín Gil; al parecer, el TCOL Valverde Cassani alegó que en la misma había muchas mujeres, especialmente de militares, a lo que el Ministro Martín Villa replicó pronunciando una frase alusiva a la esposa del Teniente General Coloma Gallegos, aunque luego se retractó. Este nuevo incidente dio también pié para que los dimisionarios alegaran defender el honor del Ejército al pedir su cese; por entonces se rumoreó que el exministro del Ejército tuvo intención de poner querella criminal contra Martín Villa por las injurias a su esposa.

Quizá por ello, y más desde la creación del Ministerio de Defensa y en la actualidad, se fue quitando el protagonismo a los Ejércitos, aprovechando la ocasión para exigir la disciplina y comprensión a los militares hacia ciertas decisiones, y la Pascua Militar fue pasando de ser una felicitación a un mero acto, todo lo solemne e importante que se quiera, con el que se inicia el año militar, se realiza un balance del año anterior y se marcan las líneas de acción a desarrollar en el que comienza, pero, sobre todo, un acto político presidido por el ministro, civil, por supuesto, del Gobierno de turno, en el que los militares apenas si son comparsas o mudos testigos. Incluso el devenir legislativo ha despojado al Jefe del Estado, en la práctica, de su constitucional estatus de “jefe supremo de las Fuerzas Armadas”.

Así son los tiempos que corren, donde todo ha cambiado para peor.

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