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24 julio 2016 • LXX Aniversario

Angel David Martín Rubio

Onésino Redondo y el Alto de los Leones

Fracasado el Alzamiento en Madrid y triunfante en Castilla, se hizo urgente la necesidad de crear un frente de contención en las Sierras de Guadarrama y Somosierra, convertida en obstáculo natural para los revolucionarios y unidades militares que se lanzaron sobre ella desde la capital de España así como para cualquier intento de penetración por parte de los alzados.

El General Mola, que dispo­nía de pocas tropas y de muy escasas municiones, hubo de dividir sus recursos para aten­der, de un lado, a las Sierras Centrales y de otro a las del Sistema Cantábrico donde los frentepopulistas se habían hecho dueños de las provincias de Asturias, Santander, Vizcaya y Guipúzcoa. Todo esto complicó los planes de operaciones e impidió lanzarse sobre Madrid en los primeros mo­mentos con el grueso de los efectivos, como se había previsto en los proyectos de la sublevación. Cuando había que acudir a todos los puntos a la vez no era posible ser fuerte en ninguno de ellos.

Onésimo Redondo

Onésimo Redondo

La Sierra Norte de Madrid en la estrategia de los primeros días

Como es bien sabido, los puertos que conducen directamente sobre Madrid desde Castilla son, de Este a Oeste, el de Somosierra (en la carretera de Francia); el de Navacerrada (en la de Segovia) y el de Guadarrama (en la de La Coruña).

El día 17 de julio de 1936, con anticipación incluso al Levantamiento en la Península, por orden de Mola se situó en el primer puerto citado un grupo de unos cincuenta jóvenes de Renovación Española mandados por Carlos Miralles, provistos de fusiles, que se hicieron dueños el mismo día citado del túnel del ferrocarril en construcción de Madrid a Burgos.

Penetraron hacia el Sur y combaten, ya el 18, con los Guar­dias de Asalto que intentan pasar por el citado puerto. El 21, ma­logrado ya el Alzamiento en Madrid, oleadas de marxistas se diri­gen en camiones a la Sierra. Se combate cerca de Buitrago, pero la retirada de aquel puñado de hombres heroicos resulta obligada. Sin embargo, esta cobertura ocasional da tiempo para que lleguen las tropas que Mola envía para cubrir este sec­tor de la Sierra al mando de García Escámez.

El 27 de julio, García Escámez está frente al objetivo de Somosierra y lanza sus tropas a su conquista. Conserva el mando directo de las tropas que atacan por el centro; por la derecha y oeste del puerto, avanzan las tropas de Pamplona, con el Teniente Coronel Rada; por el este, las de Burgos, con el jefe del mismo empleo Cebo­llino. El Teniente Coronel Esteban Infantes actúa de Jefe de Esta­do Mayor. El éxito es fulminante. Tras de la conquista del paso, se logra la de los pueblos de Somosierra y Robregordo y se llega hasta cerca de Buitrago, aunque esta línea será necesario rectificarla luego.

Por el puerto de Navacerrada, el más elevado de la Sierra próxima a Madrid; que queda en poder de los rojos inicialmente, pasa sin embargo el Coronel Carrascosa, al frente del regimiento motorizado de Transmisiones, que sale de El Pardo en la madrugada del 21. Esta unidad se estableció primeramente en La Granja y después se trasladó a Segovia, incorporándose así al Movimiento, pero dejando destacamentos avanzados en Balsaín a la bajada septentrional de aquel paso.

Valladolid, capital del Alzamiento

En la noche del 18 de julio, el General Nicolás Molero Lobo, jefe de la VII División Orgánica, conocedor de la sublevación de las guarniciones de Marruecos, se hallaba reunido con sus ayudantes en su despacho para tratar del asunto cuando se presentó el General Andrés Saliquet acompañado por el General Miguel Ponte, otros dos oficiales y algunos elementos civiles de Renovación Española. Ellos hicieron a Molero la propuesta de sublevarse pero éste les pidió un tiempo para reflexionar y mientras, acudía al Capitán de servicio, Ángel Gómez quien, de acuerdo con los conjurados, no atendió al requerimiento.

Al percatarse de la situación el Comandante Ruperto Rioboo, ayudante de Molero, disparó su pistola hiriendo de muerte a uno de los civiles y de menos gravedad al Teniente Coronel Uzquiano. Los acompañantes de Saliquet respondieron a tiros, cayendo muertos Rioboo y el Comandante Liberal Travieso y quedando herido Molero. Acto seguido, Saliquet tomaba el mando de la División y asumía el Gobierno Civil el mencionado Ponte. La Guardia Civil, la de Asalto y la Falange vallisoletana se unieron inmediatamente a los alzados y en las primeras horas del día 19 se declaraba el estado de guerra.

La ocupación del puerto de Guadarrama fue dura y penosa y, una vez logrado el objetivo, se suceden los contraataques, primeramente frontales, luego envolventes, que el Coronel Serrador rechaza. El frente comienza a jalonarse. Por los espacios va­cíos de la paramera de Ávila penetra el Coronel rojo Mangada con unas partidas que causan la muerte, en Labajos, del jefe de la Fa­lange Castellana Onésimo Redondo.

Caudillo de Castilla

Hemos aludido en el epígrafe anterior a la muerte de Onésimo Redondo, dirigente de la Falange castellana que se vio privada de su aliento y presencia cuando le era más necesaria sin que por ello decayese su entrega y eficacia militar puesta a prueba en duras jornadas desde que dieron los primeros pasos las JONS de Valladolid. Así lo describían años después:

“Más bien alto, de complexión fuerte, de pelo rebelde, tan rebelde como las
nuevas ideas que aportaba; de mirada penetrante y firme, con ojos de iluminado
campesino; ágil de pensamiento, rígido de costumbres, fuerte en el mando, fácil
de pluma, valiente y decidido. Este era Onésimo, el hombre ideal para despertar
a Castilla de su letargo. Si fuese posible definir a los hombres por uno solo de
sus conceptos, la definición de Onésimo estaría reflejada en esta frase
lapidaria: “Si Castilla muere, España muere. Mientras Castilla esté dormida,
dormirá España””.

De la prisión abulense salió en las primeras horas de la mañana del domingo 19 de julio. Lo primero que decide Onésimo es rendir homenaje a Dios, y militarmente encuadrados, acuden todos a la catedral de Ávila para dar gracias al Altísimo, oír misa y prepararse para el tránsito de esta vida, por si llegase la ocasión de morir. Después parten en caravanas hacia Valladolid, y en el puente de Mediana, entre Mojados y Olmedo, otra escena emotiva se sucede al encontrarse con los camaradas que acudían a liberarles.

Al llegar a Valladolid se reúne con el general Saliquet, en la Capitanía General. Durante la conversación, el jefe castellano adquiere conocimiento de la realidad, y en seguida se dispone, en su domicilio, a organizar a los falangistas y fijar el plan de combate, resolver el problema de alojamiento, el de los mandos, la intendencia, el transporte, la sanidad, y, en fin, todos los servicios que necesita un reclutamiento de hombres para la guerra. Alrededor de las diez de la noche acude a la emisora y Onésimo pronuncia discurso:

“Los que me oís tenéis el ánimo suspenso ante el desarrollo del magnífico drama
que hoy vive España. Dije el ánimo suspenso, no porque el resultado de la lucha
sea dudoso, sino por la inquietud que quiere sembrar Madrid, a las órdenes
todavía de lo que fue gobierno. Fácil es percatarse del valor de los infundios
de aquella emisora con considerar que es una radio al servicio del marxismo. Y
la profesión más constante del marxismo es la mentira. La mentira para los
marxistas es como el agua al pez.
Con falsedades han vivido y han dañado.
El resultado de la lucha no puede ser incierto; es el Ejército el que
la conduce y contra el Ejército nadie puede. Locura y necedad es pensar otra
cosa. Y al lado del Ejército -¡anotadlo todos!, ¡anótenlo, sobre todo, los que
alimenten la esperanza de resurgir!-, está Falange Española de las J.O.N.S.
Estas camisas azules que se han ofrecido por millares albergan pechos que ya no
se retirarán sino con el triunfo o con la muerte.
Estamos entregados totalmente a la guerra y ya no habrá paz mientras el triunfo no sea completo.
Para nosotros todo reparo y todo freno está desechado. Ya no hay
parientes. Ya no hay hijos, ni esposas, ni padres: sólo está la Patria.
Os invito a la reflexión, españoles, porque, sin duda, la emoción, la ansiedad y la
alegría de los instantes no os han dado tiempo para las reflexiones políticas,
que en la Falange son habituales y que nos acompañan con influjo de absoluta
serenidad en estos momentos. Todo ha caído, todo ha sido rectificado y desdicho
en el curso de los meses y años, igual derechas que izquierdas. ¡Sólo la Falange
permanece invariable! Sólo las J.O.N.S., desde hace cinco años, como guiado su
dedo por el de la Providencia, ha señalado justamente lo que eran, han sido, son
y serán las cosas de España. Sabemos exactamente lo que la Patria quiere
recobrar en estos instantes, que no es menos que recobrarse a sí
misma…
Ahora el Ejército ha salido por España, y del brazo de Falange en la
lucha civil de estos días, alumbrados al ser una España nueva en la que habrá de
nuevo paz, pan y alegría familiar y cristiana……La Falange lleva impregnada
en su doctrina la preocupación más profunda y extensa: la de redimir al
proletariado.
Aquí sí que suena bien este concepto y esta gran frase que
sirvió para tanta política, para tanto grande; redimir al proletariado.
Pero redimirle es atraerle al ser íntimo de la Patria, del que se halla ausente.
España se halla trágicamente dividida en dos mitades; ocupa una de modo casi
total el inmenso ejército de los que sacan su pan cotidiano del trabajo físico
de sus manos, y el proletariado, en gran parte, no quiere a España ni tiene
alegría de formar parte de esta ilustre nación, la más grande por su historia y
por sus destinos. Devolvamos a los obreros este patrimonio espiritual que
perdieron conquistando para ellos, ante todo, la satisfacción y la seguridad del
vivir diario: el pan…¡Arriba España!”

Al día siguiente, desde la División y el Gobierno Civil supo el control de la situación de los pueblos de la provincia y resolvió acabar con los focos de resistencia que en algunos pueblos se habían organizado. Como Cuartel General de la Falange y desde allí dirigía todos los movimientos y despachaba con los mandos. En aquel día quedó organizada la Bandera de Girón de Velasco que tan denodadamente recibió el bautismo de fuego en el Alto de los Leones y en días sucesivos salieron nuevas expediciones.

El 24 de julio, Onésimo Redondo asiste a misa temprana en el oratorio privado de la familia de don Ignacio Martín, donde personalmente ayuda al celebrante, luego sale con intención de llegar al frente de batalla. Antes escribe la que sería su última proclama:

“¡A toda la tierra de Castilla y León!
24 de julio de 1936.
La Patria
resucita; como siempre, se crearon los imperios entre el ruido victorioso de las
armas. Castilla asiste con júbilo frenético a esta explosión inesperada de
grandeza y de justicia. Sentimos que el ser de España envejecida se renueva con
su mejor estilo. España se hizo combatiendo y pisando a la barbarie, con
Castilla como capitana.
Esos puertos del Guadarrama, que se estremecen con el
avance duro de los infantes y artilleros castellanos, lanzan sobre Madrid el
aviso histórico de que su persecución y sus errores van a terminar. Redimiremos
a Madrid de sus enemigos. De dentro, y a nuestra tierra, de una pesadilla
antigua, Ya no será Madrid la ciudad incomprensiva y alejada de los intereses de
Castilla.
Labradores castellanos: en estos días se ventila y se asegura
vuestro porvenir. El Ejército y la Falange luchan por vosotros. Asistidnos con
vuestro tesón y vuestra fe,
¡Arriba España! J.O.N.S. de Valladolid”.

No pudo cumplirse su deseo. El frente no tenía fijados claramente, en aquellos primeros días de la contienda, sus perfiles bien definidos. Columnas de milicianos merodeaban también por la retaguardia y con uno de esos grupos se iba a encontrar el automóvil en que viajaba con su hermano Andrés y el joven agricultor Agustín Sastre. En la localidad de Olmedo, a medio camino, se montó también con ellos Jesús Salcedo.

Cuando llegaron a Labajos, cercana ya la sierra de Guadarrama, encontraron varios camiones estacionados.

El coche donde iba Onésimo paró pensando que eran falangistas Por el color azul de sus monos los tomaron por falangistas pero se trataba de milicianos de la Columna mandada por el teniente coronel Julio Mangada que, procedentes de Cebreros, se habían detenido en ese lugar para asesinar al cura párroco y al no encontarle asaltaron el cuartel de la Guardia Civil y apresaron al falangista Montes al que condujeron a los camiones para abatirle a tiros. La llegada de Onésimo detuvo a los ejecutores. Andrés es el primero que desciende para saludarles: “¡Arriba España! Viene en el vehículo el Jefe Provincial de Falange de Valladolid y tenemos prisa por llegar a las líneas de vanguardia, donde se baten nuestros bravos camaradas”. Al oir sus palabras los hombres que estaban sobre el camión se bajan de un salto y el teniente se adelanta pistola en mano hacia los fusileros que cerraban el paso al vehículo. Todos bajan del coche. En aquel instante el teniente grita: “¡Son fascistas! ¡fuego a discreción!

Todo sucede en décimas de segundo. Una bala cercena la rodilla de Onésimo que cae a tierra desplomado. Los acompañantes no pueden hacer nada por defenderle y recibe múltiples disparos, cerca de la cuneta. Unos metros más allá era alcanzado Agustín Sastre. Andrés Redondo, Salcedo y Martín Alonso consiguen huir, campo a través, entre el silbido de las balas.

Tumba Onésimo RedondoEl Alto de los Leones y la línea del frente madrileño

Los Puntos fundamentales del frente quedan fijados en las proximidades de Madrid. No obstante, los ataques de los rojos se suceden en masa, mientras que los nacionales no disponen de efec­tivos y comienzan a faltarles municiones.

Pero, poco a poco, van llegando refuerzos del interior y por el frente se pasan al campo nacional, imitando la conducta del regimiento de Transmisiones, el grupo entero de autoametralladoras cañón de guarnición en Aranjuez, así como Importantes contingentes de la Guardia Civil. A Principio de agosto el frente, en este Sector de la Sierra, lo deli­mita el Sanatorio de Tablada, al sur y no lejos del puerto de Gua­darrama o del Alto del León, como también se le llamara hasta que recibiera, en recuerdo de aquella gesta, la denominación de Puerto de los Leones de Castilla.

Los muchachos de Castilla
dejaron la mies dorada,
y por los caminos blancos
se fueron a la montaña.

Camisas color de cielo,
bayonetas color de plata,
y en el pecho cinco Flechas
del color de la alborada.

Trillan viejos en las eras,
acarrean las muchachas,
y los mozos van cantando
camino del Guadarrama:

En el Alto del León
hemos de hacer una Hazaña,
que la canten las estrellas
a las madres apenadas.

Empezaron a subir
y a caer en la demanda,
mas pasan sobre los montes
sonriendo entre las balas.

Toda la cuesta está roja
de sangre y de flechas santas;
pero conquistó la cumbre
la bandera roja y gualda.

Todas las madres quedaron
sin hijo y sin esperanzas,
y un Ángel va repitiendo
camino del Guadarrama:

En el Alto del León
hizo Castilla una hazaña
que la cantan las estrellas
a las madres apenadas.

Madrecita, madrecita,
madrecita, ya no llores,
que en el Alto del León
llorarían los leones.

Los leones de Castilla,
madrecita ya no llores,
que es el Alto del León
el Alto de los Leones

Del Romance de Castilla en Armas de Federico de Urrutia.

Más hacia el Oeste el trazado de la línea fue concretándose du­rante el verano y aun durante el otoño de 1936. El Coronel Mo­nasterio, con sus escuadrones avanzó por el Puerto del Pico, en la carretera de Ávila a Arenas de San Pedro y Talavera a través de la agreste serranía de Gredos, para enlazar con las tropas de África cuando éstas culminan su avance hacia Madrid (septiembre de 1936).

En cuanto a los pasos situados al este de Somosierra en los primeros días de agosto los nacionales, partiendo de Zara­goza y Soria, se adueñan de Medinaceli. Sigüenza, en lugar estratégico será incluso ganada por las fuerzas que parten del punto últimamente citado y de Atienza. Los rojos se defienden con empeño, pero el cerco les aprisiona cada vez más fuertemente. El 8 de octubre, los defensores, en número de ochocientos se refugian en la Catedral, donde una semana des­pués se rinden sin condiciones.

El frente nacional de este modo queda tendido desde Molina de Aragón (Guadalajara) a Somosierra siguiendo luego a lo largo de la cordillera. Se constituyen dos Divisiones nacionales para cubrirle. Serrador, mandará la de Ávila y Moscardó, tras de liberarse el Alcázar, la de Soria. La cobertura ha ido poco a poco endureciéndose. Este frente deberá resistir así hasta el final mismo de la contienda aunque sometido, en ocasiones, a presiones violentísimas con ocasión de las operaciones iniciadas en el sector de Brihue­ga y en el de La Granja.

__________

Fuentes:
Caudillo de Castilla, Afrodisio Aguado, Valladolid, 1937
José DÍAZ DE VILLEGAS, Guerra de Liberación (La fuerza de la razón), Barcelona: Editorial AHR, 1957

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