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22 julio 2016 • Se olvida que figuras históricas de la verdadera izquierda sentían una gran devoción por la tauromaquia

Gabriel García Hernández

Contra el animalismo, por la naturaleza

Toro de la Vega_TordesillasEl auge animalista fue una de las grandes sorpresas de las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre y el 26 de junio. Esta tendencia, encauzada políticamente por medio del Partido Animalista contra el maltrato animal (PACMA), se convirtió en la fuerza política extraparlamentaria en ambos comicios y a nivel nacional, que a fin de cuentas es como se valoran los resultados, obtuvo incluso más votos que una formación como Unión, Progreso y Democracia, que hasta hace bien poco contaba con representantes a nivel nacional. Es decir, que los animalistas hubieran obtenido representación parlamentaria de haberse repartido los escaños por una única circunscripción en lugar de por provincias.

¿Pero qué es el PACMA, cómo explicamos lo que defiende esta gente? Según ellos, sus propuestas se justifican en tres pilares: derechos de los animales, medio ambiente y justicia social[1]. Lo primero es muy discutible, lo segundo a simple vista suena bien (pero no es oro todo lo que reluce y ahora veremos por qué).

Para ejercer un derecho, además de un gobierno que lo garantice, se necesita gozar de la capacidad de decidir. Y un animal, por más que ofenda a los seguidores de esta corriente ideológica, carece de dicha capacidad. El animal nunca se plantea por qué está en el mundo y qué hacer con su vida, sino que se guía por los instintos a la hora de actuar. Por ejemplo, las constituciones de los países occidentales suelen recoger la educación como un derecho fundamental que, en teoría, a partir de un determinado momento es ejercido por el ciudadano por propia elección si así lo decide (en el caso español, a partir de los dieciséis años); en cambio, nuestras mascotas no eligen por sí mismas ser educadas al llegar a cierta edad, sino que desde el principio nos encargamos de hacer que se adapten a ciertas pautas para convivir con nosotros sin causar problemas de higiene y comportamiento. En resumen, los animales sólo pueden ser objetos y no sujetos de Derecho, así que no sólo carecen de derechos en el mismo sentido que los seres humanos sino que también son incapaces de gozar de ellos; otra cuestión es que, como seres vivos, hagan al ser humano responsable de su integridad y bienestar y que su condición de objetos de Derecho no sea la misma que la de un vehículo, un armario o un aspirador.

Por otro lado, las nociones de justicia social que maneja el PACMA no son muy diferentes al discurso de Izquierda Unida, Podemos o cualquier otro partido de izquierdas en lo referente a la ideología de género y la inmigración; es más, coinciden también en el laicismo y en el antimilitarismo[2]. Su única gran baza se encuentra en situar en primera línea la abolición de la caza y la tauromaquia, además de elevar jurídica y socialmente a los animales[3].

La abolición de la tauromaquia se ha convertido en una causa de la izquierda progre por excelencia. Se da la paradoja de que esta misma izquierda, tan partidaria de la llamada memoria histórica, olvida que figuras históricas de la verdadera izquierda (Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti) sentían una gran devoción por la tauromaquia[4]. Al igual que les sucede con el patriotismo, los progres de hoy omiten la simpatía de sus referentes por eso que hoy definen como “tortura”.

Por supuesto, desde las filas de la izquierda progre están en su derecho de posicionarse en contra de la tauromaquia. Lo que debe criticarse es su obsesión por politizarlo absolutamente todo. Ser taurino o antitaurino, como ser indiferente, no es una cuestión ideológica. En el caso del progre, si arremete contra la tauromaquia es a causa de su fobia y obsesión contra todo lo que se identifique con la identidad nacional española y los toros, que al margen de que nos gusten o no son un símbolo hispano por excelencia. Cuando el progre echa pestes de los taurinos lo hace con la misma intención que cuando justifica la presencia de mezquitas en España en nombre de la multiculturalidad: por dinamitar lo poco que queda del ser español. ¿Es un traidor a España el que reniega de los toros o simplemente al que no le gustan? Tampoco. Pero hay que distinguir entre los verdaderamente críticos con el toreo y los progres que ocultan o son títeres de peores intenciones[5].

Por mi parte, debo decir que no me gustan los espectáculos taurinos. Tampoco abogo por su veto. Creo que, tarde o temprano, el número de aficionados descenderá tanto que extinguirá por sí sola esta práctica. Posiblemente no sea un día tan feliz como creen los antitaurinos, ya que nuestra juventud se verá privada definitivamente de una práctica que obliga al valor a cambio de entretenimientos chabacanos e idiotizantes (dejando a un lado el salseo que salpica al mundo taurino desde hace tiempo, lo cierto es que posiblemente albergue mejores valores[6] que toda la telebasura junta). También debo decir a los antitaurinos que he presenciado bastantes faenas en la plaza de mi pueblo, durante las fiestas populares, y no he terminado siendo un psicópata que disfruta viendo cómo se tortura un animal (según su argot). Es más, a finales del pasado mes de enero hice llegar por email a Adolfo del Mingo, un articulista de La Tribuna de Toledo, una crítica donde le recordaba que la militancia política no es sinónimo de apología del maltrato animal. Este señor recopiló, por medio de varios artículos de la prensa toledana de los siglos XIX y XX, cómo se había enfocado el envenenamiento de perros desde diversos medios ideológicos y (¡oh, sorpresa!) citaba entre los apologistas del envenenamiento al periódico de los falangistas talaveranos de 1937. Por desgracia, el autor no se dignó a responder una respetuosa crítica donde le explicaba el contexto histórico de la época en lo referente a Falange Española de las JONS y su actual posicionamiento de rechazo al maltrato animal (sin caer en los histerismos de algunos animalistas contemporáneos, como es el caso del PACMA y sus votantes).

Tampoco creo que la práctica de la caza suponga un genocidio que deba vetarse. El equilibrio de los ecosistemas pasa necesariamente por mantener controladas las poblaciones animales sin llegar a su extinción, por eso la intervención humana es clave para garantizar esa estabilidad. Además de que somos un depredador más (y esto es algo que los animalistas, tan amantes de la naturaleza, deberían saber), somos la única criatura en la faz de la Tierra que puede conocer cuántos animales de una especie podemos permitirnos el lujo de matar para que su existencia no peligre. Por eso me parece genial que se defienda la preservación de especies tan amenazadas en nuestro país como el lobo, el oso pardo y el lince ibérico; pero a lo que no puede llegarse, como hacen los animalistas, es a decir que los animales tienen el mismo derecho que nosotros a existir (lo más curioso es que, en la práctica, conceden incluso más derechos a los animales, porque aún no he visto a ningún animalista condenar al lobo por matar ganado siguiendo sus instintos mientras que sí les he leído proclamas contra nuestra naturaleza omnívora[7]). Los animales, al igual que nosotros, simplemente existen y el ser humano, como especie más inteligente de la naturaleza, hace uso de ellos como considera oportuno; sin ir más lejos, un animalista jamás hubiera podido tener un perro de no ser por los antepasados nuestros que domesticaron lobos hace miles de años. Esto, que algunos consideran “supremacismo especista”[8], es la realidad y contra eso no se puede luchar. Cuestión muy diferente es la de aquellos indeseables que ahorcan galgos o abandonan otros razas caninas de caza al finalizar la temporada de veda (lo cual, aunque los animalistas sean incapaces de comprenderlo, no convierte a todos los cazadores en sádicos maltratadores); contra esta gente, sin duda, debería caer todo el peso de la ley. Pero comer carne y cazar no sólo no puede ser un delito, sino que tampoco ha de ser motivo de reproche moral.

Condenemos a prisión a quienes matan, por diversión o por falta de escrúpulos, a perros, gatos y otros animales. Sancionemos más duramente a quienes abandonan a sus mascotas o a los que introducen especies extranjeras en nuestros ecosistemas. Que tampoco queden impunes los incendios y demás atentados contra nuestro patrimonio natural en provecho de unos pocos especuladores. Pero lo que nunca debemos hacer es negarnos a controlar las poblaciones de animales y prohibir el consumo de carne por no se sabe cuáles razones éticas. Estimados animalistas: si de verdad amáis tanto la naturaleza, observadla tal y como es, cruel y hermosa, y quizá comprendáis por qué vuestra actitud se aleja de lo naturalmente correcto.

__________

[1] Partido Animalista contra el maltrato animal – Presentación: https://pacma.es/presentacion/

[2] Programa electoral del PACMA en las elecciones generales de 2015: https://pacma.es/wp-content/uploads/2015/11/Programa-electoral-castellano-20D.pdf

[3] “El objetivo del Partido Animalista PACMA es introducir en la agenda política la necesidad de cambios legales para los animales, ignorados completamente por otras formaciones políticas: abandono y maltrato, actividades como la caza o las granjas industriales quedan fuera de los programas políticos de otras formaciones” (Partido Animalista contra el maltrato animal – Programa electoral: https://pacma.es/programa-electoral/)

[4] “La tauromaquia de izquierdas”, por Jaime Bravo, Pureza y emoción: http://www.purezayemocion.com/noticia/1070/opinion/la-tauromaquia-de-izquierdas.html

[5] No es tauromaquia en sentido estricto, pero creo que el ejemplo puede servir. Pedro Sánchez, en septiembre de 2015, quiso sacar tajada electoral arremetiendo contra el Toro de la Vega de la localidad pucelana de Tordesillas y prometiendo su prohibición de ganar las elecciones. El secretario general del Partido Socialista era consciente del enorme rechazo que este evento causa en la mayoría de los españoles y no dudó en utilizarlo como arma electoral (¡y eso que quedaban meses por delante hasta las elecciones generales). Al final, los socialistas salieron perjudicados en

Fuentes de interés:

  • “Pedro Sánchez: “Me avergüenzo del Toro de la Vega””, publicado en Público (15/09/2015): http://www.publico.es/politica/pedro-sanchez-me-avergueenzo-del.html
  • “Tordesillas castiga en las urnas a Pedro Sánchez por querer prohibir el Toro de la Vega”, publicado en ABC (21/12/2015): http://www.abc.es/cultura/toros/abci-tordesillas-castiga-pedro-sanchez-querer-prohibir-toro-vega-201512211457_noticia.html

[6] Según sus defensores, la tauromaquia exige valor, superación de las adversidades, control emocional y perseverancia, además de entrenamiento físico y mental. Visto en una de las actividades anunciadas en el portal Toro Cultura: http://torocultura.com/reportajes/valores-de-la-tauromaquia-para-el-profesional-del-siglo-xxi/

[7] “La carne como crimen”, por Isabel Arancibia, publicado en El quinto poder (29/12/2014): http://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-carne-como-un-crimen/

[8] Para que se vea que no bromeo, recomiendo la lectura de esta entrada de la web Defensa Animal: http://www.defensanimal.org/especismo/especismo

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