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1 junio 2016 • El empeño de todos los Gobiernos en reducir las festividades religiosas siempre ha obtenido facilidades de las jerarquías religiosas

José María Manrique García

Cuarenta años de destrucción de la Fe y la Patria

NOTICIA ABC

Recientemente Fernando Paz ha escrito un magnífico artículo sobre la legalización del divorcio en España. Como dice en el mismo, sucedió en junio de 1981, de manos del Ministro de Justicia del PSOE, el “socialdemócrata” y del grupo de la revista “cuadernos para el diálogo”, Francisco Fernández Ordóñez.

En puridad el proyecto de ley del divorcio lo introdujo en el Parlamento Iñigo Cavero (ministro con la UCD de Suárez y procedente de los “propagandistas católicos” -AcdP-), quien no la pudo defender porque se disolvieron las Cortes y, en la legislatura siguiente, la retomó Fernández  Ordóñez, ya en las filas socialistas, con una enmienda a la totalidad de dicha ley, por parte de Blas Piñar.

La aprobación fue con 102 votos a favor, 22 en contra … y 117 abstenciones. Pero, el mal ya estaba hecho: la supuesta derecha disfrazada de centro democrático (UCD) había abierto el chiquero de los miuras más anticatólicos. A Fernández Ordóñez apenas si le costó no poder presidir la procesión del Corpus en Toledo, porque el cardenal primado de entonces, don Marcelo González, se lo prohibió por ser el autor de “una ley anticristiana”; pocos más prelados hicieron al menos un signo semejante y, por supuesto, nadie aplicó el código de derecho canónico. El escaso escándalo se repitió solo dos años después con el aborto traído de la del Ministro de Justicia del PSOE, Fernando Ledesma.

Pero, tras las recientes festividades de la Ascensión y el Corpus, he recordado que España había dejado de ser oficialmente católica un lustro antes, aunque no se quiera admitirlo. El Gobierno de Suárez (3-VII-1976/25-II-1981), consecuente con la anterior Ley de Relaciones Laborales (16/1976, de 8 de abril; de Arias), y según la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la prensa de la época1, forzó, en marzo de 1977 y con la excusa de una reducción de las fiestas, tanto religiosas como civiles, el traslado de la Solemne Fiesta de la Ascensión del Señor del correspondiente jueves al domingo siguiente. La Santa Sede confirmó el traslado de la solemnidad al domingo VII de Pascua. Aquella fiesta era de precepto y se celebraba en jueves desde tiempo inmemorial (lo sigue siendo en la mayoría de las naciones de tradición cristiana), pues recuerda, incluso aún hoy en muchísimas naciones, el hecho histórico de la Ascensión precisamente 40 días después del Domingo de Pascua de Resurrección y 10 días antes de la fiesta de Pentecostés. Recuerden el dicho de la religiosidad popular: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Pero el forzamiento no debió ser tal, pues el Obispo Auxiliar de Madrid Alberto Iniesta Jiménez, “el obispo rojo de Vallecas”, dijo, antidogmaticamente, que la Resurrección contenía todo, incluso la Ascensión y que por tanto era una celebración innecesaria. De aquellos polvos vinieron toneladas de lodo luego.

Pero no solo fue ella, ya que del envite del Ministerio de Trabajo, que además incluía las del Corpus, S. Pedro y S. Pablo, y Santiago 2; se salvaron entonces El Corpus y Santiago. La de los apóstoles Pedro y Pablo fue declarada “no de precepto” por la Santa Sede (S.S.) a petición del Gobierno Español 3. Es de resaltar que, dado que Franco falleció el 20 de noviembre de 1975, y que las gestiones tanto con la CEE (presidente: Cardenal Tarancón) como con la Curia Romana (S.S. Pablo VI) debieron llevar su no pequeño tiempo, se puede suponer que, para que “fructificaran” en apenas un año, la intención de suprimir las festividades religiosas y patrias más significativas debieron iniciarse apenas iniciada la Monarquía, en el Gobierno de Arias. Significativa forma de decir el “España ha dejado de ser católica” de Azaña de otra manera, más discreta pero muy eficaz.

Recordemos también que el Apóstol Santiago, además de tradicional Patrón de España (desde el siglo IX), lo es del Ejército de Tierra, por no citar otros numerosísimos cuerpos y localidades de todo el Mundo. Pues bien, ya por entonces Gutiérrez Mellado, en su “Informe General 1/77 del Ministro de Defensa” habló de la celebración “las fiestas patronales en un contexto más íntimo”, aunque fuera escudándose en buscar estrechar más la cohesión, el compañerismo y los lazos de hermandad con la sociedad. Aquello recordaba a la prohibición de Manuel Azaña de las “Patronas”, los actos religiosos y la supresión del Clero Castrense. Solo hubo que esperar a la Ley17/89 para la supresión del Cuerpo Castrense, y las Patronas se han descafeinado, fundamentalmente en su primordial aspecto religioso, al suprimirse las Misas de campaña (Carmen Chachón, 2010). Antes se había suprimido el “rindan” y otros honores al Santísimo, especialmente tras el Reglamento de Honores Militares de 1984 (Narciso Serra, RD 834/1984).

Este empeño de todos los diversos Gobiernos españoles en reducir las festividades religiosas y, consiguientemente, o quizás en primer lugar, las nacionales asociadas a ellas, desgraciadamente siempre ha obtenido facilidades de las jerarquías religiosas representadas por la CEE, con la excusa de evitar los cambios que en estos últimos años se han venido produciendo en el Calendario de solemnidades religiosas.

Las fiestas religiosas de precepto eran 11 hasta 1975, más el Jueves y Viernes Santo, que, sin serlo, eran guardadas por los españoles. Los diversos Gobiernos decidieron declarar tres fiestas de descanso de carácter civil: el Día del Trabajo, el 12 de Octubre y el Lunes de Pascua (luego cambiado por la Constitución), imponiendo el tope de 12 fiestas en total, lo que forzó el cambio a domingo de la Ascensión y el Corpus (1989, Card. Suquía), suprimiendo S. Pedro y S. Pablo y quedando Reyes, S. José, Jueves S. y Santiago condicionadas a las Autonomías.

La norma vigente actualmente es el Real Decreto 1346/1989, del 3 de noviembre. En él se determinan las fiestas fijadas por el acuerdo de la Conferencia Episcopal (tres fijas de ámbito nacional y cuatro que pueden ser variables por las Comunidades Autónomas), las nacionales y las establecidas por el Estatuto de los Trabajadores; a ellas se suman las “autonómicas”, dando como resultado no solo la práctica desaparición de importantes solemnidades religiosas, sino también la rotura del ideal nacional y la cohesión entre nuestras regiones.

Unos detalles: en 2015 ¡¡¡solo celebraron Santiago en Galicia, Vascongadas y Navarra!!!; Polonia, tras décadas de feroz inmersión en la persecución comunista, celebra el Corpus y la Ascensión en jueves, y, por supuesto, su santo patrón.

Todo ello supone que en España desde las autoridades políticas, con la permisividad de las religiosas, se ha buscado enterrar la fé y los símbolos patrios desde el inicio del régimen actual, se diga lo se diga.

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