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17 abril 2016 • No se puede ser buen cristiano sin amar las verdades de la fe y sin ajustar la vida a ellas

Angel David Martín Rubio

“Os daré pastores según mi corazón”

Buen PastorEste Domingo se designa con el nombre popular de Domingo del Buen Pastor por leerse en la Misa el trozo del Evangelio de san Juan, en que Nuestro Señor se da a sí mismo este título (Forma ordinaria, ciclo C: Jn 10, 27-30). Se nos proclama este texto en el tiempo litúrgico de Pascua porque fue en esos días entre la Resurrección y Ascensión cuando Jesucristo estableció y consolidó su Iglesia.

En efecto, como enseña Santo Tomás (S Th III q.57 a.1), aunque los fieles se hayan visto privados de la presencia corporal de Cristo, sin embargo, la presencia de su divinidad es permanente entre los fieles, según lo que dijo Él mismo: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo» (Mt 28,20). Porque el que subió a los cielos, no abandonó a los que adoptó, como dice el papa san León Magno (serm.72, De Resurrectione II, c.3).

Para suplir su presencia en la tierra, Jesucristo deja a la Iglesia. «A la Iglesia dejará toda su autoridad sobre nosotros; en manos de la Iglesia pondrá el depósito de todas las verdades que ha enseñado; ella será la dispensadora de todos los medios de salvación que ha destinado para los hombres» (Dom GUERANGUER, Año Cristiano, III, Burgos: Ediciones Aldecoa, 1956, 237). Esta Iglesia se compara a un rebaño que subsiste a lo largo de los siglos, recogiendo y salvando a todas las almas que se confían a ella.

El apóstol San Pedro (1Pe 2, 21-25) nos presenta a Cristo como «el Pastor y Obispo de vuestras almas» y eso después de hablarnos de los sufrimientos que soportó, de su paciencia, de su entrega hasta la muerte a esas ovejas errantes con las que Él debía formar su redil. También san Pablo nos enseña cómo esa función de “Pastor y Obispo de las almas” que Cristo resucitado asumirá en la Alianza Nueva y Eterna, se funda en la sangre que derramó (Mons. STRAUBINGER, La Santa Biblia, in Heb 13, 20). Además de evocar en relación con el título de Cristo-Pastor la obra de la redención, san Pedro lo sitúa en una perspectiva escatológica: «Entonces, cuando se manifieste el Príncipe de los pastores, recibiréis la corona inmarcesible de la gloria» (1Pe 5, 4).

Como Él mismo había anunciado, Jesús es el buen pastor que «da su vida por sus ovejas» (Jn 10, 11); pero también es el pastor que busca a la oveja perdida (Mt 18, 12-14; Lc 15, 4-7) porque la predilección de su amor se inclina hacia los más necesitados. San Pedro compara los desvelos de los presbíteros por su grey con la obra del buen pastor: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, velando no como forzados sino de buen grado, según Dios; ni por sórdido interés sino gustosamente; ni menos como quienes quieren ejercer dominio sobre la herencia [de Dios], sino haciéndoos modelo de la grey» (1Pe 5, 2-3) y San Pablo exhorta a los presbíteros de Éfeso: «Mirad, pues, por vosotros mismos y por toda la grey, en la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual Él ha adquirido con su propia sangre» (Hch 20, 28). A lo largo de los siglos, los obispos y sacerdotes prolongan en la Iglesia la obra y misión de Cristo Buen Pastor. Y en esto ve la Iglesia el cumplimiento de la promesa de Dios: «Os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán con ciencia y doctrina» (Jer 3, 15).

«Pero como tenía prometido que había de enviar al Doctor de la Justicia para luz de las gentes, y para que fuese su salud hasta los fines de la tierra, últimamente nos habló por medio de su Hijo, mandando por voz venida del cielo desde el trono de su gloria que todos lo oyesen y obedeciesen a sus mandamientos. Luego Jesucristo a unos constituyó Apóstoles, a otros Profetas, a otros Pastores y Doctores que anunciasen la palabra de vida, para que no seamos como niños vacilantes, ni nos dejemos llevar de todo viento de doctrina, sino que, apoyados sobre el cimiento firme de la fe, fuésemos juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu Santo» (Catecismo Romano, I, preliminares).

Ahora bien, para exponer con fidelidad tanto la predicación de Jesús como las profecías y las enseñanzas de los apóstoles, a la persona del Buen Pastor (prolongada en la obra de los buenos pastores según el Corazón de Cristo) hay que oponer la contra-figura del pastor mercenario.

El profeta Ezequiel (Ez 34, 1ss) acentúa el contraste entre el anuncio del gran Pastor y Rey Jesucristo con la increpación a quienes eran cabeza del pueblo y se apacientan a sí mismos (v. 11ss). San Pablo (Hch 20, 29ss) alude a la advertencia de Jesús (Mt 7, 15ss) sobre los «lobos con piel de oveja», es decir, que están dentro del rebaño (v.30) y se disfrazan de Cristo (2Co 11, 12ss). Su característica es el éxito personal y el buscar la propia gloria. Apóstrofes similares y aún más duros contra los malos profetas y doctores leemos en otros lugares del Antiguo y del Nuevo Testamento. Las citas podrían multiplicarse (Zac 11, 15ss; 2 Pe 2, 1-22,…). Y el mal se acentuará «en los últimos días» (2 Tim 3, 1-9). Para san Juan los anticristos, los falsos doctores y falsos cristianos son los precursores del Anticristo personal, porque «de entre nosotros han salido» (1 Jn 2, 19), pero no en forma visible sino espiritualmente, mientras pretenden conservar la posición ortodoxa. Es lo que S. Pablo llama “el misterio de la iniquidad” que obra en este tiempo (2 Ts. 2, 6) en que la cizaña está mezclada con el trigo (cfr. Mons. STRAUBINGER, La Santa Biblia, locs. cit.).

«Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen», (Jn 10, 27). Jesús nos hace entender cuál es el trato que deben tener las ovejas respecto de su Pastor, o en otras palabras, cuáles son las condiciones requeridas para pertenecer a su rebaño: oír su enseñanza y ponerla en práctica. Conocer a Cristo con nuestra inteligencia y así poder amarlo, tendiendo a Él con todo el impulso de nuestra voluntad.

Pero si ésta debe ser la actitud del fiel hacia Cristo y el buen pastor, las advertencias y denuncias que hemos señalado hacia el pastor mercenario obligan a adoptar la posición contraria ante el pastor que no se identifica con Jesucristo, que no permanece fiel a su misión, que no apacienta, es decir que no transmite la verdadera doctrina («Apacentar es, ante todo, adoctrinar»: san Pío X en Acerbo nimis).

En este caso, la obligación del fiel es hacer un discernimiento para reconocer al “lobo disfrazado de oveja”, es decir a los falsos profetas cuya peligrosidad estriba principalmente en que no se presentan como antirreligiosos, sino “con apariencia de piedad” (2 Tm. 3, 5) y disfrazados de servidores de Cristo. En ese caso hay que conocer y defender la propia fe, manteniéndose en la fidelidad a la doctrina especialmente cuando en la Iglesia se introduce la confusión doctrinal porque circulan con ligereza opiniones dispares y falta la voz autorizada de los pastores. Tampoco se debe prestar oído a la desorientación sembrada desde los medios de comunicación que anuncian cambios previsibles o inminentes, haciéndose eco de diversas opiniones, a veces recogidas incluso de labios de obispos y cardenales. Menos aún hay que esperar o admitir modificaciones sustanciales en las prácticas disciplinares que están basadas en la propia Revelación.

«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas» (Heb 13, 8-9). Las verdades de la fe –la doctrina católica- nos dicen lo que Cristo es y lo que Cristo hace. Por eso no se puede ser buen cristiano sin amar las verdades de la fe y sin ajustar la vida a ellas mediante una continua conversión.

Pidamos que siempre escuchemos la voz del Buen Pastor, que sepamos reconocerla en medio de la confusión y nunca dejemos de seguir el camino que nos señalan los pastores fieles. Que la Virgen Santísima, la Madre del Buen Pastor, nos obtenga esta gracia y Ella siga siendo columna sobre la que se sostiene la solidez de nuestra fe y de las enseñanzas que hemos recibido para vivir de tal manera en la Iglesia militante mientras estamos aquí en la tierra que podamos formar parte un día de la Iglesia triunfante en el Cielo.

Una respuesta para “Os daré pastores según mi corazón”

  1. Costa Astur Responder

    20 abril, 2016 a las 05:05

    Buena homilía, muy bien hilada y citas bien escogidas, pero ¿entenderá la gente a quién se refiere cuando habla de la necesidad de contraponer la figura del pastor mercenario a la del bueno? Y ¿sospecharán la persecución que se avecina?.
    En el 34 mataban el cuerpo, pero esta vez el martirio se viene practicando con sutileza diabólica a quien se desmarca de lo políticamente correcto, con leyes y jueces inicuos, instrumentos del poder para aniquilar al más débil o a abatir al rival político.
    La situación de España para el cristiano no puede ser peor, porque se encuentra en puro desierto y sin referencia ninguna: sin familia, sin verdadera liturgia, sin Jerarquía, sin comunidades religiosas…

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