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20 Octubre 2015 • El término ya se utilizó en una publicación promovida por Ramiro Ledesma Ramos

Gabriel García Hernández

Sobre el mestizaje y el nacionalsindicalismo

mestizaje hispanoEste cartel publicado en las redes sociales de Falange Española de las JONS el pasado 12 de octubre ha vuelto a provocar la indignación y la rabia de varios patriotas hacia las siglas históricas del nacionalsindicalismo. Estos personajes, que ni se identifican ni tienen intención de formar parte de la organización, nos reprochan que seamos progres, traidores e inmigracionistas (y eso por no hablar de su paranoia con el omnipresente Plan Kalergi); en realidad, su manera de ver la Historia de España se identifica más con el modelo anglosajón (histórico enemigo de España) que con cualquier patriotismo español clásico o tradicional.

La postura de Falange Española de las JONS sobre el fenómeno social de la inmigración es más que conocida; y si alguien no tiene conocimiento de ella, sólo debe leer el texto de Jorge Garrido aprobado hace casi cinco años en una asamblea general de la organización. Falange Española de las JONS enfoca este asunto desde el sentido común, sin resquicios para la xenofobia cutre y casposa ni para el postureo filantrópico; y no debe tomar ninguna postura al respecto, tal y como se ha pedido en alguna ocasión por parte de intrépidos ciberfalangistas o ciberpatriotas, porque ya se tomó hace un lustro (cuestión diferente sería una revisión de la postura oficial, competencia de sus dirigentes y militantes). Otra cosa es que algunas organizaciones disfracen su racismo y su odio a otras razas (porque, curiosamente, cuando los inmigrantes son británicos o franceses de raza blanca no les disgustan tanto) con discursos de “preferencia nacional” que, a la hora de la verdad, no se creen ni ellos mismos (y es que cuando se grita “¡Negros no, España no es un zoo!” no se debe exclusivamente a la preocupación que despierta la multiculturalidad forzosa que pretenden imponernos nuestros gobernantes, sino que existe algo más detrás que no tiene nada que ver con que en una empresa contraten a un inmigrante por un menor salario que el de un español).

Pero lo que realmente provoca sarpullido a estos sujetos es el empleo del término mestizaje. Lo más curioso es que ya se utilizó en una publicación promovida por Ramiro Ledesma Ramos en vísperas de la Guerra Civil Española. Sí, por sorprendente que les parezca a algunos, el nazi Ramiro Ledesma dirigió un periódico (aunque sólo saliera a la luz un número) donde no se hablaba de Marruecos y Guinea en parámetros raciales (o racialistas, como gustan de decir ahora). En un artículo en cuestión, firmado con el pseudónimo de Urcitanus (atribuido a José María Cordero), figura lo siguiente:

“España es el gran pueblo proletario cuya redención frente a las garras de los capitalismos internacionales mil veces más rapaces y peligrosos que los nacionales que sostienen, está por hacer. Somos un pueblo proletario porque nos faltan materias primas y espacio cultivable. Porque nos han robado nuestros territorios de expansión, donde ejercíamos nuestra misión civilizadora, sin explotaciones coloniales y sin prejuicios de raza, ya que somos mestizos por excelencia. Porque no nos dejan emigrar ni comerciar. Y porque ni siquiera nos dejan vivir sino supeditados a quienes nos han dividido, desgarrado, empobrecido y envilecido todo lo que han podido. Pero si nos dedicamos a redimirnos, ¿quién puede negar lo que podremos ser?” (“España en el mundo. Pulso internacional”, Nuestra Revolución. La última iniciativa de Ramiro Ledesma Ramos, Ediciones Vértice, página 41, 2015).
“No tenemos una política panislámica, porque no queremos dedicar a ello tiempo, hombres y recursos. Tenemos material aprovechable. Somos hermanos de muchos musulmanes. Podríamos convertir en favorable para nosotros la reacción antieuropea del Islam. ¿A quién debemos más: a Europa o a África? Menos agravios y peligros tenemos de ésta. Marruecos español debe ser un excelente campo de experimentación” (“España en el mundo. Pulso internacional”, Nuestra Revolución. La última iniciativa de Ramiro Ledesma Ramos, Ediciones Vértice, página 42, 2015).
“Pequeña, pero útil. No es ya una carga para nosotros. Más bien son nuestros colonos y nuestra administración cargas para ella. Puede servirnos política y sobre todo económicamente. Pero dedicando tiempo, dinero y hombres a una política colonial que no existe en quien ha colonizado medio globo. Entonces dejaríamos de ser blancos de tercera para los negros” (“España en el mundo. Pulso internacional”, Nuestra Revolución. La última iniciativa de Ramiro Ledesma Ramos, Ediciones Vértice, páginas 42 y 43, 2015).

No tengo ningún problema en reconocer que la prensa nacionalsindicalista de la etapa fundacional publicó artículos y consignas favorables al Tercer Reich y al antisemitismo. La Historia fue como fue y no puede interpretarse según le convenga a cada uno, más que nada porque no es una herencia a beneficio de inventario de la que podamos quedarnos sólo lo que más nos conviene. Pero (ironías de la vida) es muy habitual que quienes tildan de complejo el olvido u ocultamiento de las relaciones entre los primeros nacionalsindicalistas y el nacionalsocialismo alemán padezcan otro complejo como es el de ignorar o infravalorar declaraciones como las expuestas anteriormente.

Lo peor es que, a estas alturas, muchos ya han mezclado la Historia (hechos pasados que deben analizarse según la perspectiva de su época) con la Política (puesta en práctica de una teoría política, económica y social) y la Ideología (teoría política, económica y social) y con esos sujetos poco o nada puede debatirse. Sólo cabe decir que el mundo ha cambiado mucho a lo largo de ocho décadas y que, aunque es un suicidio asumir el inmigracionismo que propone el sistema liberalcapitalista, el nacionalsindicalismo no puede renunciar a la tradición hispánica de respetar y reconocer la dignidad humana de todos los seres humanos independientemente de su raza; y en este sentido, por más que les pese a algunos, no hay nada que reprochar a la actual Falange Española de las JONS cuando pide sentido común y respeto a nuestra concepción del hombre.

Para terminar quisiera recordar una de las últimas consignas de Ramiro Ledesma (que firmó entonces como Roberto Lanzas) que todavía puede sernos muy útil:

“¿Vigorizar fuerzas averiadas? Nadie lo espere de nosotros. No pensamos contribuir a vigorizar otras consignas que las creadas por nosotros mismos. Y aludimos, al hablar así, a los esfuerzos que la generación española más joven hace ya, y hará cada día con más brío, por encontrar el camino de su propia liberación y el de la liberación nacional del país entero” (“La transformación social”, Nuestra Revolución. La última iniciativa de Ramiro Ledesma Ramos, Ediciones Vértice, página 33, 2015).

Ahora, como ya nos dejaron escrito nuestros camaradas de la primera hora, el que sepa entender que entienda.

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