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1 agosto 2015 • Después de vaciarse del marxismo, la izquierda ha incorporado al ecologismo en su discurso • Fuente: Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera – nº 33

José Manuel Cansino Muñoz-Repiso

Lo que se espera de París

Chimeneas humoNo existe consenso científico unánime acerca del calentamiento global del Planeta provocado por la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de origen antropogénico, pero tampoco lo hay acerca de la bondad de las vacunas o de otras muchas medidas que se aplican masivamente. Sin embargo, es indudable que el criterio del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y el de otros científicos como Nicholas Stern se han impuesto sobre los demás e informa ahora la agenda de la mayor parte de los Gobiernos.

En este contexto, en el mes de diciembre próximo se darán cita en París la mayoría de países (desarrollados, emergentes y en desarrollo) para intentar alcanzar un acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto (firmado en 1997 aunque con una posterior entrada en vigor). Este nuevo acuerdo debería ser obligatorio a partir del año 2020.

Aunque los principales países emisores de GEI están fuera del Protocolo de Kioto (China ya sobrepasó a EEUU hace años como principal emisor), en acuerdos internacionales posteriores a Kioto muchos países fueron asumiendo compromisos de mitigación en las emisiones de GEI de tipo voluntario y no sancionables en caso de incumplimiento. Así ocurrió en 2009 con la firma del Acuerdo de Copenhague suscrito por grandes emisores como la propia China, Brasil o Indonesia.

La denominada Cumbre de las Partes que se dará cita en París (COP21 en su acrónimo en inglés) deberá ventilar las cuestiones de 1) si el acuerdo es o no vinculante y sancionable para todas las partes; 2) si se repite el esquema de permitir a no pocos países mantener el estatus de «países no Anexo I», esto es, con compromisos voluntarios y cifrados pero no sancionables; y 3) si se apuesta por algún instrumento legal para todos o si se deja a los países decidir qué medidas desarrollar para alcanzar los objetivos nacionales.

Esta última cuestión no es precisamente menor pues hay una gran discusión ni resuelta ni con visos de resolverse acerca de si el mejor instrumento es el del mercado de permisos de contaminación (ETS en acrónimo inglés) o los impuestos sobre emisiones de carbono (del tipo «carbon tax»).

Si la diplomacia francesa no promueve algún tipo de acuerdo con sustancia y que trascienda una mera declaración bien intencionada pero imprecisa, probablemente haya que despedirse de un acuerdo internacional sobre esta materia que, por su propia naturaleza, concierne a todo el Planeta.

No obstante y con frecuencia, el debate en torno al cambio climático se caricaturiza hasta el punto de considerar a quienes lo asumen como personas de izquierdas y a quienes lo niegan, como de derechas. Simplificaciones ridículas no muy diferentes nos encontramos cuando se identifica a los partidarios de la energía nuclear como de derechas y a los defensores de las energías renovables no convencionales como personas de izquierda. En el trasfondo de esta simplificación se encuentra la capacidad que la izquierda ha tenido para incorporar al ecologismo en su discurso después de vaciarse del marxismo. Una sola mirada internacional basta para encontrar en los movimientos conservacionistas a unos grandes adalides en favor de la preservación del medio ambiente, así ocurre, por ejemplo, en Gran Bretaña con los defensores de la caza del zorro.

Incluso para quienes no aceptan el criterio de los científicos que aseguran que la temperatura del Planeta corre un serio riesgo de aumentar en 4 grados C por encima de la temperatura predindustrial (es la medida que actualmente cuantifica el riesgo de calentamiento global y posterior Cambio Climático), incluso para ellos resulta cortoplacista un planteamiento que no pase por acciones a favor de la preservación del medio ambiente.

Lo anterior no obsta para que haya que entender los argumentos de quienes consideran un lujo reducir sus tasas de crecimiento, necesarias para sacar a sus países de la pobreza, si es a costa de poner medidas que encarezcan los costes de muchas de sus industrias. De ahí la necesidad de mantener en el hipotético acuerdo de la COP21 en París mecanismos financieros de ayuda a estos países.

Un nuevo acuerdo internacional que respetando la soberanía de los países firmantes, incorpore medidas obligatorias (admítase que con diferentes intensidades) para la preservación del Medio Ambiente, sería un gran avance para los derechos de la persona.

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