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9 junio 2015 • Tienes que ser "de los que no se contentan con menos que con ofrecerlo todo"

Marcial Flavius - presbyter

Novena al Sagrado Corazón de Jesús. Día sexto: Primera parte de la consagración. La entrega

Conjunto monumental dedicado al Sgdo. Corazón. San Juan de Aznalfarache (Sevilla). A sus pies reposan los restos mortales del cardenal Segura

Conjunto monumental dedicado al Sgdo. Corazón. San Juan de Aznalfarache (Sevilla). A sus pies reposan los restos mortales del cardenal Segura

Decíamos que la primera parte de la Consagración al Sgdo.Corazón de Jesús supone entregarle aquello que es nuestro: el alma, el cuerpo, las buenas obras y todo lo que de algún modo nos pertenece.

Como sin duda, el alma es lo más importante, vamos a detenernos el significado que tiene para un cristiano el hacer consagración de ella al Sagrado Corazón. En primer lugar hemos de entregarle el alma, y al decir el alma se entienden cuatro cosas: el asunto de la salvación eterna, el progreso en la vida espiritual, la libertad y las faltas.

1. EL ASUNTO DE LA SALVACIÓN ETERNA

La ansiedad que todos tenemos respecto de la otra vida, la preocupación que toda alma piadosa siente de vez en cuando de si estará en gracia de o no; de si se salvará… Esto quiere el Señor que lo dejemos todo en sus manos; no lo podemos poner en otras mejores. Habiendo comprado tan caro con su pasión y muerte nuestra redención, Él tiene vivo interés en que nos salvemos, mucho más que nosotros mismos. Además quiere que pongamos en Él esa confianza; quiere que practiquemos la virtud teologal de la esperanza, con la cual deseamos y esperamos la vida eterna que Dios ha prometido a los que le sirven y los medios necesarios para alcanzarla.

2. EL PROGRESO EN LA VIDA ESPIRITUAL

Tantos propósitos y tantos fallos, siempre levantándose y siempre cayendo… No progreso nada… ¿Es que yo no puedo ser santo? Estas y otras preocupaciones semejantes, nos invita el Corazón de Jesús a dejarlas en sus manos: Haz todo lo que puedas, pide lo que te falta… y descansa en el Señor. No hacerlo así es oculta soberbia. Dios da a cada uno las gracias que quiere, cuando quiere y como quiere; querer nosotros más es falta de humildad.

Bien está que tengas grandes deseos pero no olvidemos que la santidad consiste en la conformidad al querer divino, manifestada en el cumplimiento constante y exacto de los deberes del propio estado. «Hermanas mías, que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudiéremos, hará su Majestad que vayamos pudiendo cada día más y más» (Sta.Teresa)

3. LA LIBERTAD

Pide la voluntaria y libre entrega de lo que tenemos más propio que es la libertad. Cristo no violenta el corazón, el amor, el afecto de nuestra voluntad, pero lo quiere, lo desea y nos lo pide con acento paternal: «Dame, hijo mío, tu corazón» (Prov 23,26). Y ¿qué vale mi corazón para que Dios me lo pida con ese requerimiento? Vale la sangre de todo un Dios, que se entregó a la muerte por mí. Dice Sta.Margarita que después que le entregó su libertad, ya no obraba ella, sino que todas sus obras eran como si las hiciera el mismo Divino Corazón. Lo mismo decía San Pablo: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20).

4. LAS FALTAS

¿Para qué? Para mayor ganancia nuestra. Quiere que se las ofrezcamos humillándonos a fin de que las mismas faltas aprovechen para nuestro bien, para convertir en oro nuestra escoria.

En cierta ocasión dijo a Santa Gertrudis: «Bendita mancha que te ha valido el quedar más limpia por tu humildad. En efecto, si tenemos una mancha en la mano, al ir a lavarnos, no lavamos tan sólo aquella mancha, sino las manos por completo, quitando hasta lo que no habríamos quitado si no nos hubiera caído aquella mancha».

5. NOS LO PREMIARÁ ESPLÉNDIDAMENTE

Además de todo esto, quiere el Corazón de Jesús que le ofrezcas tus proyectos, tus habilidades, tus ministerios, los miembros de tu familia que tanto te preocupan, todo, todo quiere que se lo entregues generosamente. Tienes que ser «de los que no se contentan con menos que con ofrecerlo todo» (Pío XII)

Por el Evangelio sabemos que Jesucristo promete la vida eterna al que cumple sus mandamientos (Mt 19,17) y al que haga obras a las que no está obligado, si las hace por puro amor de Dios, tendrá un gran tesoro en el cielo (Mt 19,21), y recibirá ciento por uno ya en esta vida (Mt 19,29)

Resumiendo la primera parte del pacto: amor al Amor. Si el Corazón de Jesús se entregó a Sí mismo por mí, natural es que yo le pague con la misma moneda, entregándome todo a él. Esto es consagrarse: entregarse al Amor, corresponder con amor al Amor.

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