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15 febrero 2025 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Domingo de Septuagésima: 16-febrero-2025

Epístola (1Cor 9, 24-27; 10, 1-5)

24¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar. 25Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. 26Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; 27sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

[10] 1Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar 2y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y por el mar; 3y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. 5Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Evangelio (Mt 20, 1-16)

1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Andrei Nicolayevich Mironov: «Parábola de los trabajadores de la viña» (Casa Central de los Artistas, Rusia) https://alfayomega.es/wp-content/uploads/2020/09/Parabola-Trabajadores-Vina.jpg

Reflexión

I. Comienza hoy el tiempo de Septuagésima que precede inmediatamente a la Cuaresma y que se desarrolla en tres domingos: el de Septuagésima (que estamos celebrando), el de Sexagésima y el de Quincuagésima, nombres derivados de la palabra latina Quadragésima (=Cuaresma). La etimología es obvia; pero en cambio no es exacto su significado matemático; pues si bien el primer domingo de Cuaresma es, numéricamente, el día número cuarenta antes del Triduo Pascual, éstos otros tres no son ni el “quincuagésimo”, ni el “sexagésimo”, ni el “septuagésimo”, ya que la semana sólo consta de siete días, no de diez.

Estas tres semanas constituyen lo que podríamos llamar una “Antecuaresma” o preparación litúrgica para la misma, como queriendo evitar una transición demasiado brusca hacia el tiempo penitencial por excelencia que es la Cuaresma. El objeto de este tiempo es predisponer al cristiano, con textos y con símbolos muy apropiados, para convencerle de la necesidad de la penitencia y moverle a practicarla. Para ello nos recuerda la gravedad y consecuencias del pecado, y empieza a crear una atmósfera de recogimiento y de austeridad:

  • Los ornamentos son morados
  • Tanto en la Misa como en el oficio divino se suprime el Aleluya y en la Misa, además, el Gloria.
  • Después del Gradual se reza o se canta el Tracto que expresa sentimientos de súplica angustiosa y de humilde confianza que debemos asimilar nosotros en estos días.

II. La enseñanza que nos da la liturgia este Domingo podemos sintetizarla así: el Evangelio pone ante nuestros ojos la meta de nuestra vida cristiana en la gloria del Cielo y la Epístola nos señala el camino: el esfuerzo, la lucha que tenemos que aportar en la obra de nuestra salvación para alcanzar ese objetivo.

II.1. El reparto del jornal a los obreros contratados que vemos en el Evangelio (Mt 20, 1-16) nos remite al Juicio de Dios en el que todos los que han trabajado por su Reino reciben una paga que representa la vida eterna.

Pero en el plan de Dios, la gratuidad de su don no exime de la responsabilidad de cooperar con Él. Pertenecer a la Iglesia no es simplemente estar en el camino de ser salvados. Es formar parte de un cuerpo en el que los miembros todos tenemos que trabajar unos por otros y esforzarnos por llevar a todos los hombres la redención que nos mereció Cristo y que la Iglesia extiende a lo largo de los siglos. Todos estamos llamados a trabajar en esa viña que es la Iglesia. Siempre y para todos hay en ella un quehacer y lo importante es que cada uno descubramos el nuestro.

II.2. Si el Evangelio subraya la gratuidad de la salvación que es don de Dios inmerecido por nosotros, la enseñanza de san Pablo en la Epístola (1Cor 9, 24-27. 10 1-5) pone ante nuestros ojos lo que tenemos que aportar en la obra de la salvación. Y lo compara con el esfuerzo, la lucha. El Apóstol describe al cristiano militante, valiéndose de las comparaciones con los famosos juegos de la antigüedad: carrera (v.24) y pugilismo (v.26), donde todos se lanzan, se controlan y renuncian a cuanto pueda apartarlos de su objetivo. Así hemos de empeñarnos nosotros, y con tanta mayor razón, por obtener el premio de la eternidad.

Para motivar este esfuerzo, san Pablo recurre a la experiencia de lo ocurrido al pueblo de Israel tras el éxodo de Egipto. El adjetivo «todos» se repite cinco veces para acentuar que aunque «todo Israel» recibió aquellas bendiciones, sólo un pequeño número entró en la tierra prometida.  Es decir, que no estamos aún confirmados en la gracia (cf. Hb. 8, 8 ss.), y nuestra carne estará inclinada al mal hasta el fin, por lo cual, aunque ya somos salvos en esperanza (Rm. 8, 4), hemos de saber que sólo podremos vencer nuestras malas inclinaciones recurriendo a la vida según el espíritu (Ga. 5, 16 y nota) [1] .

III. En eso radica la grandeza de la vida cristiana: en que con la divina gracia y unidas a los méritos de Jesucristo, nuestras obras tienen la promesa de un gran premio que confiamos alcanzar en la vida eterna. Busquemos la protección de la Virgen María especialmente en esos momentos en que el trabajo de la vida se nos hace más difícil, como les ocurrió a los protagonistas de la parábola por el peso del día y el bochorno y seamos fieles a nuestra vocación de hijos de Dios que esperamos llegue a su plenitud un día en la gloria del Cielo.


[1] Cfr. Juan STRAUBINGER, La Santa Biblia, in: 1Cor 10, 12.