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31 enero 2026 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Domingo de Septuagésima: 1-febrero-2026

Epístola (1Cor 9, 24-27; 10, 1-5)

24¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar. 25Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. 26Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; 27sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

[10] 1Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar 2y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y por el mar; 3y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. 5Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Evangelio (Mt 20, 1-16)

1Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. 3Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo 4y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. 5Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. 6Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. 7Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. 8Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: 12“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Andrei Nicolayevich Mironov: «Parábola de los trabajadores de la viña» (Casa Central de los Artistas, Rusia) https://alfayomega.es/wp-content/uploads/2020/09/Parabola-Trabajadores-Vina.jpg

Reflexión

I. Comienza hoy el tiempo de Septuagésima que precede inmediatamente a la Cuaresma y que se desarrolla en tres domingos: el de Septuagésima (que estamos celebrando), el de Sexagésima y el de Quincuagésima. Estas tres semanas constituyen una preparación litúrgica para la Cuaresma, como queriendo evitar una transición demasiado brusca hacia este tiempo penitencial por excelencia. Para ello se empieza a crear una atmósfera de recogimiento y de austeridad en la Liturgia con signos como los ornamentos morados o la supresión del Aleluya y el Gloria.

Al coincidir este año la Septuagésima después del III Domingo de Epifanía en el que hemos hablado de la vocación cristiana, los textos de la Misa de hoy son especialmente oportunos para completar la enseñanza que dimos subrayando la absoluta iniciativa de Dios en la llamada que nos hace y la necesidad de corresponder a la gracia y de ser fieles a nuestra vocación.

II.1. En los hombres que son llamados a trabajar a diversas horas la parábola del Evangelio (Mt 20, 1-16) subraya la gratuidad de la salvación que es don de Dios inmerecido por nosotros, la predilección de que hemos sido hecho objeto por parte de Dios y como Él actúa con la más completa libertad en el reparto de sus gracias.

II.2. La gratuidad de este don no exime de la responsabilidad de cooperar con Él. La enseñanza de san Pablo en la Epístola (1Cor 9, 24-27. 10 1-5) pone ante nuestros ojos lo que tenemos que aportar en la obra de la salvación. Y lo compara con el esfuerzo, la lucha. El Apóstol describe al cristiano militante, valiéndose de las comparaciones con los famosos juegos de la antigüedad: carrera (v.24) y pugilismo (v.26), donde todos se lanzan, se controlan y renuncian a cuanto pueda apartarlos de su objetivo. Así hemos de empeñarnos nosotros, y con tanta mayor razón, por obtener el premio de la eternidad.

III. Una forma concreta de cooperar con la gracia es lo que llamamos reforma o revisión de vida

Reformar quiere decir volver a formar; volver a dar forma; como quien trabaja una imagen en arcilla y ve que no le salió lo que él quería, la vuelve a amasar y comienza a darle forma otra vez. Revisar la vida significa examinar las distintas dimensiones de la propia vida para ir descubriendo las cosas que hay que cambiar, purificar, quitar, empezar, modificar, rectificar o intensificar. Para ello hay que prestar atención a dos cosas:

  • Las cosas de las que hay que apartarse: porque están mal hechas, o porque no dan gloria a Dios, o porque comportan apegos desordenados al mundo, o porque son fuente de pasiones no dominadas, o porque son ocasión de pecado, etc.
  • Las cosas que hay que asumir para mejorar nuestras actitudes: porque vemos que Dios lo quiere así, o porque damos con ello mayor gloria a Dios, o porque condice con nuestros deberes de estado, o porque nos acerca más a Dios, o porque aprovecha más a nuestros prójimos, etc.
  • Las cosas que seguir haciendo tal cual, o mejorándolas, de acuerdo con los mismos criterios que acabamos de decir.

Para llevar a cabo esta reforma nos puede ayudar un plan de vida del que hablaremos el próximo domingo en relación con la parábola del sembrador que nos propone el Evangelio

III. En esto radica la grandeza de la vida cristiana: en que con la divina gracia y unidas a los méritos de Jesucristo, nuestras obras tienen la promesa de un gran premio que confiamos alcanzar en la vida eterna. Busquemos la protección de la Virgen María especialmente en esos momentos en que el trabajo de la vida se nos hace más difícil, como les ocurrió a los protagonistas de la parábola por el peso del día y el bochorno y seamos fieles a nuestra vocación de hijos de Dios que esperamos llegue a su plenitud un día en la gloria del Cielo.