Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone
«La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»
El 16 de julio de 1936, el eco de un disparo en el Campo de Tiro de La Isleta modificó el rumbo de la historia en Las Palmas de Gran Canaria.
En aquel instante, la vida del Gobernador Militar, el general Amado Balmes, se apagó de forma repentina. Con el paso de los años, una densa niebla de teorías conspirativas y relatos de corte político intentó reescribir lo sucedido, sugiriendo la sombra de un complot o de un asesinato planificado. Sin embargo, la verdad histórica descansa con firmeza sobre un trípode de testimonios directos que rechazan categóricamente cualquier atisbo de homicidio.
El primer pilar de esta verdad se forjó en la misma mesa de autopsias. El doctor Arturo García Domínguez, un respetado médico forense de convicciones socialistas, fue el encargado de examinar meticulosamente las heridas del general. A pesar de los intentos posteriores de diversos historiadores por reinterpretar sus hallazgos, en el seno de su hogar nunca hubo espacio para la duda. Su hija, María Luisa García Díaz, recordaría siempre la tajante e invariable afirmación que su padre repitió a lo largo de su vida: «Mi padre siempre dijo que a Balmes no lo mataron». El dictamen pericial era claro: la muerte había sido el trágico resultado de una imprudencia mecánica al intentar desencallar el arma:
La hija del forense: «Mi padre siempre dijo que a Balmes no lo mataron»
La confirmación más íntima y rotunda provino de la propia familia del militar. Años más tarde, cuando la revista Interviú publicó un relato que pretendía presentar al general como una víctima fusilada por razones ideológicas, su hija, Julia Balmes Alonso-Villaverde, alzó la voz de inmediato. A través de una enérgica réplica oficial, calificó aquellas narrativas de «totalmente falsas» y defendió el honor y la memoria de su padre. Para la familia, no existía conspiración alguna: Balmes mantenía una estrecha amistad con Franco y su fallecimiento había sido, simple y dolorosamente, un «desafortunado accidente […] al disparársele un arma de fuego que probaba».
Finalmente, al unir estas voces del pasado, el análisis histórico contemporáneo y la investigación periodística de medios como El Debate, se termina por consolidar el relato unificado. Al contrastar la documentación y los registros de la época, la conclusión es unánime: las hipótesis de asesinato no son más que construcciones artificiales e instrumentalizaciones posteriores y así lo expresa y confirma el hijo de uno de los doctores que hizo la autopsia al brigadier, el abogado Carlos Sánchez-Galindo López-Linares:
El general Balmes, una muerte manipulada
De este modo, el veredicto del médico forense que examinó el cuerpo, la certeza absoluta de la hija del general y el rigor del análisis documental confluyen en una misma y única dirección. Lejos de las ficciones del complot, los tres testimonios se entrelazan para confirmar que la muerte de Balmes no fue un crimen político, sino el destino fortuito y trágico de un accidente con su propia arma

Carta de la hija del general Balmes publicada en la página 42 de la Revista Fuerza Nueva de 12/08/1978. La misiva iba dirigida al Director de “Interviú”. Queda meridianamente explicada la posición de Amado Balmes con respecto al Alzamiento y al general Franco