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3 mayo 2025 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

II Domingo después de Pascua: 4-mayo-2025

Epístola (1Pe 2, 21-25)

21Pues para esto habéis sido llamados, | porque también Cristo padeció por vosotros, | dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. 22Él no cometió pecado | ni encontraron engaño en su boca. 23Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; | sufriendo no profería amenazas; | sino que se entregaba al que juzga rectamente. 24Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, | para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. | Con sus heridas fuisteis curados. 25Pues andabais errantes como ovejas, | pero ahora os habéis convertido | al pastor y guardián de vuestras almas.

Evangelio (Jn 10, 11-16)

11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan las ovejas. 14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. 16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 

Reflexión

I. Este segundo Domingo después de Pascua leemos el evangelio de san Juan (Jn 10, 11-16), en que Nuestro Señor se presenta a sí mismo como el buen Pastor. Se trata de unos versículos tomados de un discurso más amplio (vv. 1-29) en el que como se expresa en la introducción que hemos escuchado, Jesús habla «a los fariseos», continuando las palabras que aparecen inmediatamente antes, en los últimos versículos del capítulo anterior, en el que se relata la curación del ciego de nacimiento y las controversias posteriores: «Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece» (Jn 9, 40-41). Los fariseos eran los rectores espirituales de Israel y Cristo expone aquí las condiciones requeridas para la autenticidad de esto, ya que los fariseos eran, de hecho, malos pastores (Jn 10, 1ss).

Este texto se lee en el tiempo litúrgico de Pascua porque fue en estos días entre su Resurrección y Ascensión cuando Jesucristo estableció y consolidó su Iglesia y comenzó por darle el Pastor que debía gobernarla hasta la consumación de los siglos y que no es otro que Él mismo. En efecto, como enseña Santo Tomás, aunque los fieles se hayan visto privados de la presencia corporal de Cristo, sin embargo, la presencia de su divinidad es permanente entre ellos, según lo que dijo Él mismo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20).

Jesús, no es una figura que pasó, que tuvo un lugar en el tiempo y en el espacio pero se fue, dejándonos como mucho un recuerdo cada vez más desdibujado. Jesucristo vive como cabeza de la Iglesia, en el Reino glorioso del Padre, es el buen Pastor y la Iglesia como un rebaño que Él mismo cuida haciéndonos llegar la vida de la gracia, la vida sobrenatural.

II. En el Prefacio de los Apóstoles se expresa muy bien cómo Jesús sigue siendo el Pastor de la Iglesia a través del ministerio de los Apóstoles y de sus sucesores:

«Digno y justo es […] rogarte, Señor, suplicando, Pastor eterno, que no abandones a tu rebaño, sino que por tus santos Apóstoles lo guardes con continua protección, para que sea gobernado por los mismos rectores que elegiste para pastores tuyos y vicarios de tu obra»

Una de las manifestaciones más importantes de esa presencia de Cristo resucitado es la nota de apostólica que caracteriza a la Iglesia. Pertenece a la fe de la Iglesia la afirmación de que Cristo quiso establecer una sociedad jerárquica, es decir, estructurada por los obispos sucesores de los Apóstoles.

La nota de apostólica es una de las que permite distinguir y reconocer a la Iglesia fundada por Jesucristo y a la que cada uno de nosotros hemos sido convocados por una gracia particular. Decimos que esta Iglesia es apostólica por tres razones:

  • porque se remonta sin interrupción hasta los Apóstoles y fue fundada y edificada sobre ellos y su testimonio;
  • porque cree y enseña todo lo que ellos creyeron y enseñaron
  • y porque sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles mediante los obispos que les suceden en su ministerio pastoral (cfr. Catecismo mayor I, 10, nº 162).

III. La presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros y su acción que nos llega a través de la Iglesia, y especialmente de los sacramentos, es el fundamento de nuestra esperanza, una virtud cuya vivencia se nos recomienda de manera particular en este Año Santo de 2025.

Que la Virgen Santísima, la Madre del Buen Pastor siga siendo columna sobre la que se sostiene la solidez de nuestra fe y de las enseñanzas que hemos recibido para vivir de tal manera en la Iglesia militante mientras estamos aquí en la tierra que podamos formar parte un día de la Iglesia triunfante en el Cielo.