Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone
«La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»

Cristóbal Colón (Sebastiano del Piombo, 1519)
https://www.cervantesvirtual.com/portales/fray_hernando_de_talavera/imagenes_personajes/imagen/imagenes_personajes_03-cristobal_colon_oleo_de_sebastiano_del_piombo/
Al igual que la curiosidad la publicidad hizo su efecto. Ya puestos, tras el partido España-Dinamarca, sucumbí a la tentación de ver en directo el documental producido por RTVE y Story Producciones, «Colón ADN» sobre los orígenes de Cristóbal Colón según la genética, en el que, tras las investigaciones a partir del ADN familiar, se iba a precisar -¡por fin!-, dónde había nacido el hombre que hizo posible la expansión de la cultura occidental y cristiana a un nuevo continente poniendo, sin saberlo, el primer camino en la construcción de la Hispanidad. De esto último el citado documental prefirió no hablar. Y al final seguimos sin saber dónde nació exactamente el Almirante de la Mar Océana.
Que conste que mi impresión, dejando a un lado todo el proceso de búsqueda y localización de los restos de los familiares de Colón y del ADN de aquellos que pudieran identificar por comparación su origen (impresionante en este sentido el trabajo durante 22 años del equipo dirigido por el doctor José Antonio Lorente) , bien descrito, interesante, aunque sin la tensión de misterio que se le quiso dar en el metraje –a mi juicio le faltó ritmo y le sobraron anuncios de alerta sobre lo que se iba a descubrir–, quizás sea que lo que más vaya a perdurar de esta investigación sin precisión concluyente, es que el montaje y la narración preparada, la base argumentativa en función del conocimiento histórico, que debía enmarcar el hallazgo, ni fue blanca, ni fue inocente. Es más, desde mi punto de vista, incurrió en algunos errores, porque en el fondo era una construcción al revés. Una vez conocido el resultado se amolda el relato a lo que se quiere transmitir, donde me temo que alguien temía que alentara un mito nacional si el espectador asumía la conclusión de que Cristóbal Colón era español.
En este sentido me asombraron unas notorias fallas en el argumentario, así como la falta de anotaciones sobre las limitaciones que presentaba la investigación, y, especialmente, que no se hubiera recurrido a otros destacados expertos en la biografía del Almirante, la ausencia de los especialistas en el tema fue clamorosa, más allá de los que andaban en debate sobre su posible lugar de nacimiento en España de muy desigual entidad y credibilidad. ¡Qué caras se les quedaron a los partidarios de la tesis gallega, vasco-navarra o mallorquina cuando les dijeron que los datos genéticos desmienten sus asertos! A su trabajo ya no le queda otro destino más que la papelera. Aunque, probablemente, en unos meses, cuando se cuestionen las conclusiones, reformularán sus teorías.
Una y otra vez, para destacar la importancia del descubrimiento, se dijo, con notoria exageración que la investigación iba a cambiar la Historia, que obligaría a reescribir los libros de historia… No en vano, en las carátulas del documental se anunciaba: «El documental que reescribirá la Historia Universal». Pero una cosa es la publicidad y otra la realidad. Usualmente cuanto mayor es la grandilocuencia léxica menor es la realidad del contenido. Y así fue.
De todos modos, sin disolver todas las dudas en casos concretos, el que Colón naciera en un lugar o en otro no obliga ni a cambiar la Historia, ni a reescribir más que unos breves párrafos. Ni tan siquiera destruye al cien por cien la tesis tradicionalmente admitida de sus orígenes genoveses, aunque aparentemente la apee de su posición preminente; aparentemente. Pero esto, insisto, no cambia el curso de la Historia.
Quienes, de algún modo, por interés y por oficio, hemos seguido el debate sobre el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón, en el que han tenido espacio las teorías más peregrinas, alguna exhibida en el propio documental, la mayor parte de ellas desechadas por quienes de verdad, sobre fuentes documentales, han trabajado sobre el personaje, siempre hemos mantenido que carecía de importancia en los hechos y su proyección dónde hubiera nacido Cristóbal Colón; que lo trascendente en el impulso es la voluntad de quiénes decidieron asumir el riesgo de enviar unos navíos hacia un horizonte sin determinar, a través de un océano vacío y con la posibilidad, más que cierta, de que fracasarán y no retornarán; haciéndolo en un momento preciso para escribir la historia de un modo determinado (no hubiera sido lo mismo una expedición portuguesa que la realizada amparada por la monarquía hispana en 1492, en la que ideológicamente no cabían las formas de lo que hoy denominamos imperialismo). Y ello solo cabe anotarlo en el haber de unos reyes que se llamaban Fernando e Isabel.
Más de dos decenas de teorías, algunas descabelladas, han aparecido en las últimas décadas sobre el país o la ciudad en que Colón vino al mundo. El esperpento lo firmó, tras darse algún pábulo a su tesis, Thorwald Brynidse, quien afirmó que el Almirante habría nacido en los EEUU… pero ya puestos, por ejemplificar, cabe recordar que Goodrich, en el último tercio del XIX, indicó que era un pirata griego… Y sin salir de España se ha sostenido que nació en algún lugar de Cataluña, en Galicia, en Guadalajara en Sevilla, en Plasencia, en Valencia, en Navarra, en el País Vasco (vasco-navarro por enfermedad)… Amén de la tesis tradicional, basada en citas en documentos más o menos discutibles en algunos casos y aparentemente irrebatibles en otros, de que pudiera haber nacido en la República de Génova –11 ciudades italianas también reclaman ser el lugar de origen del Almirante de la Mar Océana–. Tesis que los resultados del estudio del ADN familiar no puede descartar. Génova, donde, por cierto, se conserva su supuesta morada; que, como es natural, el que suscribe no rehusó visitar, previo pago de entrada, como no he rehusado visitar la tumba de Julieta en Verona.
Tras casi dos horas de proyección, algo más de 100 minutos, por fin se nos indica, no sé por qué era lo que yo preveía desde el principio, que el ADN de la familia de Colón prueba sus orígenes judíos (según el ADN serían «rasgos compatibles). Tampoco ello era nada nuevo. Esta teoría, que algunos creen que tiene su gran aportación en el trabajo de Cecil Roth, ya tenía pábulo en el siglo XVI. Y en el siglo XX la tesis de los orígenes judíos de la familia Colón ya contaba con defensores tan eminentes como Salvador de Madariaga. Pero ello no solventaba el problema de dónde nació Almirante…
Curiosamente en el documental hay una cierta insistencia en afirmar que era judío, judío y no de otra nacionalidad. Los judíos, evidentemente, tienen el defecto de que también nacen en algún sitio y no conviene trasladar las tesis del pueblo/nación/estado al siglo XV en una trasposición interesada a la actualidad como de hecho se hace. Por lo que, en puridad según el modo de ver las cosas del defensor de la tesis en el documental, Francesc Albardaner, Colón no sería ni portugués, ni genovés, ni valenciano, ni castellano, ni gallego, ni en realidad español… sería judío de nación (así lo afirma en el documental). Así se han apresurado a transcribirlo publicaciones menudas y periodistas con mayor o menor tendencia sensacionalista, con la intención, evidente, de que, llegado el caso, no se le pudiera considerar español o al menos sembrar la duda.
No sé si harán fortuna algunas de las frases/opiniones del documental sobre un Colón perseguido y atemorizado por la Inquisición, orlado con imágenes tétricas y condenados a la hoguera, convenientemente distribuidas para remarcar la otra parte del relato, algo que no se sostiene. Pero, al menos, eso es lo que se pretendía transmitir.

Dióscoro Teófilo Puebla Tolín: Primer desembarco de Cristóbal Colón en América (1862)
Vayamos a la conclusión genética: de origen judío y nacido en algún lugar del Mediterráneo Occidental. Ello ni implica que Colón fuera en 1492 judío, en todo caso sería un converso, ni que no pudiera haber nacido o vivido su familia en Génova, o nacer en Valencia, como apunta otra teoría con mayor entidad dadas las teóricas limitaciones de la genovesa (inexactas por otro lado), o que su familia fuera realmente de Valencia y emigraran a Génova como conversos en algún momento, como apuntaba Salvador de Madariaga. Todo ello probablemente nunca se sepa, queda, eso sí, el uso permanente en sus escritos del castellano, la ausencia de escritos importantes en ligur (que sería el dialecto italiano que pudiera usar de niño), y unos lógicos lusismos, como anotó Menéndez Pidal, que se confunden con modos del catalán.
Desmontemos el argumentario del miedo y la persecución, de la sombra amenazante de la horrible Inquisición y la «leyenda» de Colón huyendo de inquisidores que a veces se escapaba en la narración, o incluso, como se afirma, refugiándose en Portugal de una «persecución inexistente» a finales del reinado de Enrique IV, que otorgaba también mercedes a los judíos; y de Juan II, rey de Aragón, considerado benefactor de los judíos. Pero es que la tesis de Albardaner necesita un Colón judío, que rezume judaísmo y explicar por qué no estaba en Valencia.
¿Y si era de Génova? Difícil es que fuera judío y no converso, tanto él como su familia. Ya que, como se nos dice en el documental, también fueron expulsados en el siglo XII y no había ningún judío en la república (categorización que como tal es inexacta). El problema es que la expulsión definitiva de los judíos de la República de Génova se produjo en 1515 y que, anteriormente, pese a las limitaciones, era posible tener el permiso para residir; lo que no rezaba para el caso de los conversos. Lo que sí parece evidente era que para ser comerciante del tipo que se achaca a la teórica familia de Colón en Génova, a mediados del siglo XV, era preciso ser converso y los conversos serían sus padres o sus abuelos. Quizás este posible Colón genovés y converso marchara precisamente para tener mayores posibilidades como navegante a otros lares para acabar en Portugal tras navegar por el Mediterráneo algunos años, desde edad tan temprana como los 10 años; o quizás, ya puestos a especular, pudiera nacer en Génova por casualidad, porque su familia estuviera comerciando en esos 3 días de venía que tenían los judíos para estar en la ciudad –aunque sea rizar el rizo–, pero buscar apoyos para sostener teorías es relativamente sencillo. Afirmar que por el hecho de ser judío no podía nacer en Génova es un exceso con escasa base, algo que a buen seguro defenderán los partidarios de la tesis genovesa y que se derruye si los conversos iniciales eran los abuelos del Descubridor.
Volvamos a los reinos hispanos y a los factores que condicionaron el posible lugar de nacimiento del Almirante y a su condición de converso o judío, aceptando que él o sus antepasados nacieran en la ribera mediterránea, y más concretamente en Valencia.
Tendríamos que retrotraernos al año 1391, cuando se producen una serie de progroms, con numerosas víctimas en algunas ciudades de los reinos de Castilla y Aragón: Sevilla, Córdoba, Valencia y Barcelona. Es la fecha que se escoge como punto de partida de un nuevo grupo social de importancia creciente en los reinos de España: los conversos. Colón nació, según la tesis más usual, en 1451. Sus padres debieron nacer unos veinte años antes aproximadamente, lo que nos situaría sobre 1420-1430, por lo que sus abuelos pudieron sentir aquel temor y optar por transformarse en conversos, o simplemente se dejaron llevar por la creciente ola de conversiones (las conversiones en Valencia a principios del XV fueron abundantes). ¿Dos generaciones después eran solo culturalmente judíos o mantenían en secreto su fe? No serían a buen seguro marranos (conversos que mantenían su aspecto externo judío). Algunos autores, como anotamos, para hacer converger las tesis, estimaban que pudiendo ser originarios de Valencia se trasladaran a Génova a resultas del miedo de 1391, pero ya siendo conversos, pues en Génova era muy difícil, como hemos señalado, residir de otro modo por la gestión de permisos. Fuera como fuera, ese miedo difícilmente pudo llegar a Cristóbal Colón.
Colón, eso sí, nació a mediados del siglo XV, cuando precisamente se despertaban, especialmente en Castilla, envidias con respecto a los conversos que ascendían hasta la cúspide del estado por su notoria influencia, también sucedería lo mismo en Aragón. Pero ser converso no era un demérito, ni parece que existiera persecución alguna contra quienes, como en el caso de la familia de Colón, es seguro que se dedicaban al comercio de textiles (quizás a la seda en el caso de confirmarse su origen valenciano).
Hacía 1477 Colón residía en Portugal, pero años antes ya era marino, nada extraño para quien quería ser navegante que buscara esos lares mirando hacia el Atlántico. Portugal estaba en plena fiebre descubridora y viajera impulsada por la corona. Es evidente que adquirió una cierta posición como marino y contrajo un matrimonio ventajoso con Felipa Moniz, hija de Bartolomeu Perestrelo, matrimonio por el rito católico; familia de condición noble. Dada su nueva posición pudo llegar a la corte de Juan II y exponer, sin suerte, su proyecto (1483-1484). Pero es evidente que su estancia en Portugal no era producto de algún tipo de miedo.
Colón, judío converso, poco debía temer de la Castilla inquisitorial, a la inversa de lo que se nos dice en el documental, cuando decidió llevar su proyecto a la corte del poderoso reino castellano. Recordemos que la Inquisición en la Corona de Castilla se establece a partir de 1478 y no estuvo realmente operativa hasta 1480 y que el primer acto de fe, con 6 condenados, tuvo lugar en Sevilla en 1481. En la Corona de Aragón aún tardaría en ponerse en marcha. Se estima que el número de conversos existentes en los reinos hispanos podría superar los 150.000. Pero estos, salvo que judaizaran, poco tenían que temer de la Inquisición. Tampoco parece que la hipotética familia valenciana de Colón, por fuerza conversa, pudiera albergar temor alguno.

Mapa portulano atlántico de Juan de la Cosa (Cádiz, 1500).
Se estima que Colón llegó a Castilla a finales de 1484 o principios de 1485, con la Inquisición funcionando, sin que conste que se le ocurriera acudir a su hipotética Valencia natal. Insistimos, poco o nada tenía que temer de la Inquisición, salvo que judaizase si era converso. Y si era judío o mantenía prácticas judaizantes, ¿se iba a meter en la tenebrosa boca del lobo que el documental refleja? Pero, en todo caso, es más que evidente que, aceptando la tesis, Colón debía de ser converso de varias generaciones.
Destacar que sus primeros contactos en aras de llevar su proyecto a los Reyes fueron con religiosos influyentes, además de los frailes de La Rábida: Fray Hernando de Talavera y la abadesa del convento de Santa Clara, Inés Enríquez. El primero procedía, como debemos suponer que Colón, de una familia judeo conversa; la segunda era tía de Fernando el Católico. Con este último aval no hace falta recurrir a teorías, ya desechadas, sobre su parentesco por ser hijo ilegítimo del Príncipe de Viana, para acercarse a los reyes (serían los hombres de Fernando los que negociaran con él las capitulaciones). El listado de hombres notorios que fueron sumándose a la causa de Colón es largo. Ciertamente otros conversos –también de una o dos generaciones–, de los que había notoria representación en el gobierno de Castilla y Aragónd, iban a ayudarle para realizar su expedición al servicio de la corona; pero otros no lo eran. Y Colón residió, recordemos, durante cierto tiempo en conventos. Difícil es sostener que no fuera converso y sin sospecha con el decreto de expulsión en vigor o que se dedicara a lo que se llamaban «prácticas judaizantes» sin ser descubierto.
Lo evidente es que aquel converso, que casi con seguridad ya no era judío más que en el ADN, que prefirió ocultar sus orígenes en sus escritos, no tuvo problema alguno, ni fue nunca molestado. Evidentemente no le afectó el Decreto de la Alhambra de expulsión de marzo de 1942, porque, insistimos, en todo caso era converso. Procesos como el célebre del Santo Niño de la Guardia, con 8 condenados, de gran repercusión en la época, no debieron preocuparle. Y no hay por qué sostener, como de hecho se hace, que la inmensa mayoría de los conversos, que podían serlo de segunda o tercera generación, fueran judíos ocultos.
¿Cuál era la posición de Cristóbal Colón? En este caso, ante la falta de evidencias documentales, solo cabe, como se hace, recurrir a sus escritos, donde hay elementos culturales de referencia judía, lo que no puede resultar inexplicable; pero citar al rey David, por ejemplo, no era tampoco extraño en la retórica cristiana y en sus escritos también están esas otras referencias cristianas. Orillando, eso sí, las abundantes referencias que son muestra de su catolicismo (¡un converso judaizante que una y otra vez hacía apelaciones a la Santísima Trinidad!). Queda la prueba a la inversa, que es la falta de denuncias de judaizar contra el Almirante. Un hombre, recordemos, que iba a pasar los siguientes años de su vida rodeado de testigos y, parte de ellos, a bordo de unos barcos de reducido espacio y que acabó ganándose no pocos enemigos políticos.
Terminado el documental dudo que quede cerrado el debate sobre el lugar donde pudo venir al mundo, porque ello no puede precisarlo, más que a grandes rasgos, el ADN, por lo que habrá que seguir incidiendo en la investigación que pueda encontrar algún día el necesario documento perdido. Mientras, la hipótesis valenciana ha salido aparentemente reforzada al derruir definitivamente unas más que peregrinas teorías, a excepción de la genovesa, aunque los empecinados seguirán abriendo nuevas vías, dado que lo único que parece cierto es que tuvo que nacer en las riberas del Mediterráneo. Ningún estudio del ADN puede establecer el lugar exacto, a menos que se tenga comparativa con familiares que vivieran en aquel lugar, y ese es el que no aparece en «Colón ADN».
Reiteremos, que lo importante no es el lugar en que naciera finalmente Cristóbal Colón –si es español del siglo XV, pues mejor que mejor, diría un castizo por la honrilla patria–, sino que fueron los Reyes Católicos los que hicieron posible que, un 12 de octubre, llegara a las playas de Guanahani bajo su bandera y tomara posesión de las tierras en nombre de ellos. Y en la cristianización de ese Nuevo Mundo, que se abre con el envío de una poderosa armada en el denominado segundo viaje, iban a colaborar cristianos viejos y cristianos nuevos, conversos y de fe vieja.