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13 abril 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

II Domingo después de Pascua: 14-abril-2024

Epístola (1Pe 2, 21-25)

21Pues para esto habéis sido llamados, | porque también Cristo padeció por vosotros, | dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. 22Él no cometió pecado | ni encontraron engaño en su boca. 23Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; | sufriendo no profería amenazas; | sino que se entregaba al que juzga rectamente. 24Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, | para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. | Con sus heridas fuisteis curados. 25Pues andabais errantes como ovejas, | pero ahora os habéis convertido | al pastor y guardián de vuestras almas.

Evangelio (Jn 10, 11-16)

11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; 13y es que a un asalariado no le importan las ovejas. 14Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, 15igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. 16Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 

Divina Pastora de Cantillana (Sevilla) Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Divina_Pastora_de_Cantillana#/media/Archivo:Pastora_Divina.jpg

Reflexión

I. Este segundo Domingo después de Pascua se designa con el nombre de Domingo del Buen Pastor por leerse en la Misa el evangelio de san Juan, en que Nuestro Señor se da a sí mismo este título (Jn 10, 11-16).

Este texto se lee en el tiempo litúrgico de Pascua porque fue en estos días entre su Resurrección y Ascensión cuando Jesucristo estableció y consolidó su Iglesia y comenzó por darle el Pastor que debía gobernarla hasta la consumación de los siglos y que no es otro que Él mismo.

En efecto, como enseña Santo Tomás, aunque los fieles se hayan visto privados de la presencia corporal de Cristo, sin embargo, la presencia de su divinidad es permanente entre ellos, según lo que dijo Él mismo: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). Cristo es el buen pastor y la Iglesia como un rebaño que Él mismo cuida haciéndonos llegar la vida de la gracia, la vida sobrenatural. «A la Iglesia dejará toda su autoridad sobre nosotros; en manos de la Iglesia pondrá el depósito de todas las verdades que ha enseñado; ella será la dispensadora de todos los medios de salvación que ha destinado para los hombres»[1].

II. Inspirándose en estas palabras de Jesús al definirse como el Buen Pastor, la piedad cristiana y la liturgia de la Iglesia también aplican a la santísima Virgen María los títulos de “Divina Pastora” o “Madre del Buen Pastor”, por ser la Madre de Jesús que así se presenta y la Madre de todos los miembros de su Cuerpo Místico que es la Iglesia.

A la luz de la Palabra de Dios comprobamos que el propio Jesús ha contado con la participación de la Virgen María en su obra redentora. Esto lo vemos claramente meditando en escenas tan señaladas como las Bodas de Caná (Jn 2, 1-12) o la presencia de la Virgen junto a la Cruz (Jn 19, 25-27).

  • Todo el episodio de las bodas de Caná está bajo el signo de María. Ella es la que se preocupa de las necesidades de aquellos esposos, pero sabe que Jesús es el principal responsable y el que solo puede hacer el milagro. De acuerdo con esta su relación de fe y de absoluta confianza en su Hijo, María indica a Jesús la difícil situación, diciéndole: «No tienen vino»; y a los criados: «haced lo que Él os diga». Son palabras que pueden acomodarse a lo que la Virgen sigue haciendo, al presentar a su Hijo nuestras necesidades y al indicarnos a nosotros el único camino conduce a la salvación: «haced lo que Él os diga».
  • Lo mismo encontramos al pie de la Cruz de Jesús. Allí está la Virgen María, entera en su sufrimiento, acompañando a su Hijo en el momento supremo. Y allí está ella, acogiéndonos a todos como hijos en la persona de san Juan.

«Nuestro amantísimo Redentor Jesús, en la persona de San Juan, le encomendó a toda la santa Iglesia, y aun a todo el género humano, para que, a la manera que el Señor había sido el Buen Pastor, que dio su vida por el místico rebaño, así lo fuese la Santísima Señora hasta la consumación de los siglos»[2].

Se cumple así el plan del Padre: que María estuviera asociada a su Hijo en la muerte redentora de Jesús, único Salvador de los hombres, como lo había estado en el momento de su venida al mundo. Y también ahora, la Santísima Virgen, por su función misma de Madre y Pastora, sigue con maternal solicitud a sus fieles devotos, los cuida y defiende, aleja de ellos los peligros y busca su salvación.

Esta verdad debe llevarnos a rodear de amor a la Madre de Jesús, honrándola de forma particular, sobre todo con el culto litúrgico, asistiendo a la celebración de la santa Misa, y con el rezo del Rosario. Y pidiendo a Dios los favores y gracias que necesitamos por intercesión de esta Divina Pastora.

«Señor Jesucristo, Pastor bueno, que entregaste la vida por tus ovejas, y, elevado en la cruz, nos diste a la Virgen por Madre; concédenos, por su intercesión poderosa, seguirte ahora como Pastor nuestro en la tierra, y llegar después a la Pascua eterna en el cielo».


[1] Próspero GUERANGER, Año Cristiano, III, Burgos: Ediciones Aldecoa, 1956, 237.

[2] Beato Diego José de Cádiz (1743-1801), Carta a la Reina de España, María Luisa de Parma, pidiéndole su ayuda para la aprobación de la advocación, cit. por https://yosoypastoreno.blogspot.com/2012/04/maria-madre-del-buen-pastor.html