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31 marzo 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Domingo de Pascua: 31-marzo-2024

Epístola (1 Cor 5, 7-8)

7Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. 8Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad.

Evangelio (Mc 16, 1-7)

1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. 2Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. 3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». 4Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. 5Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. 6Él les dijo: «No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. 7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”». 

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

Reflexión

En este Domingo de Pascua la Liturgia de la Iglesia nos invita a llenarnos de santa alegría por el misterio de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Con la palabra “Resurrección” significamos que Cristo triunfó de la muerte al reunirse su alma santísima con el cuerpo del cual se había separado por la muerte. El Hijo de Dios encarnado comienza así una vida gloriosa e inmortal en la que conservará por toda la eternidad las llagas que mostró a los Apóstoles y que nos recuerdan que el Resucitado fue Crucificado por nosotros, y que nos alcanzó la redención por medio de la Cruz.

I. El misterio de Cristo resucitado es el corazón de la Iglesia. No se puede entender de ningún modo lo que es la Iglesia y lo que significa en el mundo si se la concibe únicamente como una sociedad de hombres que buscan la verdad o que coinciden en un programa de acción; o si se piensa en Jesucristo únicamente como un fundador, en quien los sucesores ven al maestro o a un ejemplo perdurable.

En realidad, hay una presencia constante de Cristo Salvador a través de la historia. Gracias a la presencia de Cristo resucitado, la Iglesia es más que nosotros, que los miembros que formamos parte de ella y podemos decir que la Iglesia es nuestra madre porque es el ámbito que nos garantiza la actuación salvadora del Señor.

Así, el magisterio de la Iglesia (cuando lo es porque responde a su verdadera naturaleza), nos transmite la fe pura, sin permitir que se disuelva en la corriente turbia de las cambiantes opiniones humanas y los sacramentos nos levantan, por encima de una mera convivencia humana, a participar de una vida superior, la vida de la gracia, del «amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 5).

II. El Bautismo nos incorpora al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia. Y Cristo-cabeza de este cuerpo está ligado vitalmente con todos sus miembros. Cada uno de nosotros somos miembros de la Iglesia desde el día en que recibimos el sacramento del Bautismo. Cuando se nos imprimió el carácter de cristianos y fuimos hechos hijos de Dios.

El Bautismo está íntimamente relacionado con la muerte y la resurrección de Jesucristo. Como explica san Pablo (2ª lect. Col 3, 1-4): «si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra». Es decir, que después de haber sido lavados de las manchas del pecado, comencemos un nuevo modo de vida, perseverando en la santidad y justicia, guardando los mandamientos de Dios.

La resurrección de Jesucristo no solamente nos da fuerza para alcanzar la santidad, sino que nos permite perseverar en esta nueva vida, sirviendo piadosa y santamente a Dios. Esa es la obra que lleva a cabo la Iglesia en nosotros actualizando el misterio de Cristo muerto y resucitado.

Por intercesión de la Virgen Santísima, a quien la Iglesia felicita por la Resurrección de su Hijo (Reina del Cielo, alégrate…) esperamos alcanzar una resurrección espiritual que se participación de la de Jesucristo para que vivamos de su vida, según sus enseñanzas… Para que llevemos una vida de hijos de Dios aquí en la tierra y así Él nos haga participar de su vida gloriosa en el Cielo.

Cfr. Catecismo Romano y http://www.meridianocatolico.es/obispo1-cristopresiglesia.htm