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9 noviembre 2025 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

Dedicación de la Archibasílica del Santísimo Salvador: 9-noviembre-2025

Epístola (Ap 21, 2-5)

2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo. 3Y oí una gran voz desde el trono que decía: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios». 4Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor, porque lo primero ha desaparecido. 5Y dijo el que está sentado en el trono: «Mira, hago nuevas todas las cosas».

Evangelio (Lc 19, 1-10)

1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, 3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. 5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. 10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

James Tissot: Zaqueo en el Sicomoro esperando el paso de Jesús (Brooklyn Museum)

Reflexión

I. La liturgia nos invita a celebrar hoy la Dedicación de la Archibasílica del Santísimo Salvador, construida por el emperador Constantino en el s. IV como sede de los obispos de Roma.

Al coincidir este año con el Domingo, día en que hacemos memoria de la Resurrección de Jesús, podemos recordar que los templos edificados por los hombres son símbolo de la Iglesia viva, la comunidad cristiana edificada sobre Cristo que es su verdadero cimiento.

Como dijo san Pedro en los primeros momentos de la vida de la Iglesia anunciando el Evangelio ante el mismo Sanedrín que había llevado a Jesús a la muerte en Cruz: «Él es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular» (Hch 4, 11-12). San Pedro aplica aquí a Jesucristo la cita de un Salmo (118, 22), que ya el mismo Jesús se había aplicado a sí mismo (cf. Mc 12,10), diciendo que, aunque había sido rechazado por los judíos, Él es la piedra angular en la nueva casa de Israel que es la Iglesia, y por tanto le da solidez y cohesión.

II. Toda esta enseñanza, aplicado a nosotros los bautizados, es lo que lleva a san Pablo (cf. 1Cor 3-17) a decir que somos edificio y templo de Dios.

Es el Espíritu Santo el que nos convierte en templo de Dios, habitando en nuestra alma en gracia: a pesar de nuestra condición limitada y de nuestros pecados. Dios Padre misericordioso reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados y hace de nosotros una construcción bien ordenada, en estrecha comunión con Jesucristo.

Esto sucede de modo culminante cada vez que asistimos a la celebración de la santa Misa. El profeta Ezequiel (cf. Ez 47, 1ss) vio el agua que manaba del Templo del Señor, un agua que, en sentido espiritual, se puede aplicar a la Palabra de Dios, a la gracia y dones del Espíritu Santo, a los sacramentos y a las bendiciones que nos ha merecido Jesucristo, Él mismo habló, en efecto, del agua viva de su Palabra (Jn 4, 10) y del río de agua viva que mana de su seno y que es el Espíritu Santo (n 7, 37)

Así, la Iglesia construida con piedras vivas se edifica en la verdad y en la caridad, y es plasmada interiormente por el Espíritu Santo, transformándose en lo que recibe, conformándose cada vez más a Jesucristo de cuyo Cuerpo y Sangre se alimenta.

Para aplicar esta enseñanza a nuestro comportamiento cuando venimos a la iglesia, a este templo que es la Casa de Dios, procuremos:

  • Prepararnos con tiempo para la celebración en la que vamos a participar, dejando a un lado otros quehaceres, poniéndonos en presencia de Dios con recogimiento para acoger los dones espirituales que Él quiere hacernos llegar
  • Comportarnos con la mayor dignidad, con toda corrección en nuestros gestos, ayudándonos para la oración con el silencio y adorando a Jesús verdaderamente presente en la Eucaristía o saludando a la Santísima Virgen y a los santos de nuestra devoción representados en sus imágenes.

III. Calladamente, pero con toda su eficacia de Madre asociada a la obra de nuestra redención y santificación, la Virgen María siempre se encuentra presente en nuestros templos y en la celebración de la Santa Misa. Procuremos traerla a nuestra memoria y a nuestro corazón durante ella y en nuestra acción de gracias. Invocamos también su intercesión para que nos ayude a convertirnos en casa de Dios y templo vivo de su amor.