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«La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»
Epístola (Col 3, 12-17)
12Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. 13Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. 14Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. 15Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. 16La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. 17Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Evangelio (Mt 13, 24-30)
24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

TISSOT: El enemigo siembra cizaña
Reflexión
I. El Evangelio de hoy (Mt 13, 24-30) comienza así: «El Reino de los cielos se parece…». Sabemos pues que se trata de una “parábola”, breves narraciones que Jesús utiliza para anunciar los misterios del “Reino de los Cielos”. Esta expresión en el Evangelio de san Mateo equivale a la de “Reino de Dios” que utilizan otros evangelistas porque él escribía a cristianos procedentes del judaísmo que no usaban el nombre de Dios por respeto hacia su santidad y utilizaban este tipo de expresiones para referirse a Él.
Como recordamos en la fiesta de Cristo Rey, por “Reino de Dios” entendemos un triple Reino espiritual:
La parábola nos advierte de las relaciones que existen entre estas tres realidades y de que únicamente en la fase final y definitiva del reino de Dios en el Cielo, Cristo habrá juzgado a todos y dado a cada uno su merecido. El mismo Jesús explicó el sentido de la parábola después de proponerla a sus oyentes:
36Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga (Mt 13, 36-43).
Después de la siembra del dueño, «mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo». Es inevitable que el mal y el bien coexistan y se desarrollen a lo largo de la historia y en la vida de cada uno. Por eso, mientras vivimos en este mundo (tanto en el ámbito personal de la vida de la gracia como en el comunitario de la vida de la Iglesia) el fruto sólo será bueno si se cultiva el terreno de la vida según la voluntad divina.
II. Dos aplicaciones podemos hacer de esta enseñanza a nuestra vida cristiana:
II.a) Importancia de vivir en gracia de Dios. La santidad es una de las notas que permiten distinguir a la Iglesia fundada por Jesucristo de tantas sociedades o sectas fundadas por los hombres y que se dicen cristianas
La Iglesia verdadera es Santa porque santa es su cabeza invisible, que es Jesucristo, santos muchos de sus miembros, santas su fe, su ley, sus sacramentos, y fuera de ella no hay ni puede haber verdadera santidad.
Ahora bien, la parábola de la cizaña nos advierte de que todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores («Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros»: 1Jn 1, 8). En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del Evangelio hasta el fin de los tiempos. La Iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación y es santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia (CATIC 827).
No basta para salvarse ser miembro de la Iglesia Católica, sino que es necesario ser miembro vivo. Es decir estar actualmente en gracia de Dios porque los fieles que se hallan en pecado mortal son miembros muertos. Recordemos a este respecto, la parábola de la vid y los sarmientos: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca; después los recogen y los echan al fuego, y se queman» (Jn 15, 5-6)
II.b) Exhortación a la vigilancia. Los malos y pecadores están en esta vida mezclados con los justos, como la cizaña con el trigo. La paciencia del Padre Celestial espera, «porque hay muchos que antes eran pecadores y después llegan a convertirse» (san Agustín). Pero esta situación no se prolongará indefinidamente. Llegará el tiempo de la siega: particularmente al fin de la vida de cada uno y al fin de los tiempos. Entonces el que sea cizaña será segado y arrancado de la vida para el fuego del infierno y el que sea trigo puro y limpio será segado y cogido para el cielo.
Pero mientras llega ese momento, la parábola de la cizaña no es una invitación al irenismo ni a la transigencia cómoda con los que propagan la mentira y el pecado. La abundancia de cizaña sólo puede contrarrestarse con abundancia de bien. No basta lamentarse ante los errores y ante sus medios tan poderosos sino que hay que poner, frente a ellos, todos los medios a nuestro alcance.
Los ciudadanos del Reino son invitados a imitar la misericordia del Padre, conscientes de las dificultades que se derivan de la convivencia con los malos, tratándolos con prudencia para evitar ser confundidos por sus falsos criterios pero también con la esperanza de que respondan a la gracia de Dios y cambien de conducta.
III. Nos dirigimos con confianza a la Virgen María para que nos alcance la gracia de hacer nuestro el fruto de esta enseñanza de Cristo. Y para ello nos sirve la petición de la oración secreta: que Dios perdone compasivo nuestras culpas y dirija nuestros vacilantes corazones, para que así podamos alcanzar un día la vida eterna en la gloria del Cielo.