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3 noviembre 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

XXIV Domingo después de Pentecostés: 3-noviembre-2024

Epístola (Rom 13, 8-10)

8A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. 9De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.

Evangelio (Mt 8, 23-27)

23Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. 24En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. 25Se acercaron y lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». 26Él les dice: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. 27Los hombres se decían asombrados: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

J. TISSOT: “Jesús calma la tempestad” (1886-1894)

Reflexión

I. Todo el Año Litúrgico se organiza en torno a la fiesta de la Pascua y, dependiendo de la fecha en que ésta se celebra, la distribución de las semanas que van entre Epifanía y Septuagésima no siempre permite que se utilicen los formularios de las Misas correspondiente a los 6 domingos después de Epifanía. Los sobrantes se retoman entre el 23º y el último domingo después de Pentecostés (éste siempre tiene textos fijos). Dicho de manera más exacta, del tiempo después de Epifanía se toman las lecturas mientras que las antífonas son las mismas que el domingo 23. Son éstas las que nos dan el tono propio del tiempo litúrgico que estamos viviendo y que nos invita a poner los ojos en la venida de Cristo glorioso al final de los tiempos para juzgar a vivos y muertos y para el triunfo definitivo de su Reino. Esté será el tema del Evangelio del último domingo después de Pentecostés y del primer domingo de Adviento sin solución de continuidad (es decir, sin interrupción) entre ambos a pesar de tratarse del final y del comienzo del Año Litúrgico.

II. El Evangelio de hoy nos presenta el milagro de la tempestad calmada por Jesucristo (Mt 8, 23-27) que aparece en los tres Sinópticos; según el texto más breve de todos, que es el de san Mateo, donde aparecen los rasgos esenciales de la narración: la virulencia de la tormenta, la reacción de los discípulos y la actuación de Jesús.

II.1. El episodio ocurrió en el Mar de Galilea, situado en el curso del río Jordán y en cuyo entorno se encontraban las ciudades como Cafarnaúm en las que Jesús desarrollaba su ministerio en los primeros momentos de su vida pública. Las tormentas son muy peligrosas para los barcos de pesca, pues está situado en una depresión o cuenca a la que llegan los vientos procedentes de las altas cordilleras del entorno: «se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas».

II.2. El evangelista nos presenta la reacción de los discípulos; al comprobar que Jesús dormía: «se acercaron y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (v. 25) y cómo fueron objeto de un cierto reproche por parte de Jesús: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (v. 26). Los discípulos habían sido hasta entonces testigos de grandes milagros y recurrían a Él en el momento difícil para que los salvara; pero no tenían plena confianza.

II.3. Por último, al someter al mar con el imperio de su voz, Jesús se presenta con el poder de Dios y las palabras que les dirige nos enseñan cómo la fe se impone sobre cualquier motivo que pueda causar tribulación.

III. En ocasiones todo hombre, como la barca, tiene dificultades, sufre el embate de las olas, vive envuelto en ellas… «Oh Dios, que conoces nuestra fragilidad y sabes que no podemos resistir entre tantos peligros como nos cercan…» (or. colecta).

Pero Jesús responde siembre: la tempestad calmada es una manifestación de la omnipotencia de Dios, el único de los atributos divinos que confesamos en el Credo. Esa omnipotencia es:

  • universal, porque Dios, que ha creado todo, rige todo y lo puede todo;
  • es amorosa, porque Dios es nuestro Padre;
  • es misteriosa, porque sólo la fe puede descubrirla cuando se manifiesta en la debilidad (CATIC nº 268).

La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal (como cuando Jesús dormía en la barca). Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Así, Cristo crucificado es «fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1Cor 1, 24-25). (ibíd nº 272)

IV. Sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. De esta fe, la Virgen María es el modelo supremo: ella creyó que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37) (ibíd nº 273). Por su intercesión confiamos alcanzar las gracias que pedíamos en la oración colecta para hacer frente a las dificultades exteriores e interiores: «concédenos la salud de alma y cuerpo, para que venzamos, con tu asistencia, los males que padecemos por nuestros pecados».