Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

8 marzo 2026 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

III Domingo de Cuaresma: 8-marzo-2026

Epístola (Ef 5, 1-9)

1Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, 2y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. 3De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar; es impropio de los santos. 4Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido; todo eso está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios. 5Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza, o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. 7No tengáis parte con ellos. 8Antes sí erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor. 9Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.

Evangelio (Lc 11, 14-28)

14Estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, 15pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». 16Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. 17Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. 18Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. 19Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. 20Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, 22pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. 23El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. 24Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. 25Al volver se la encuentra barrida y arreglada. 26Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio». 27Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». 28Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. Editorial BAC

James TISSOT: Jesús sana a un endemoniado mudo (c.1886 y 1894), Museo de Brooklyn, Nueva York

Reflexión

I. Nos dice el Evangelio de este Domingo (Lc 11, 14-28) que estaba Jesús «echando un demonio que era mudo», y apenas salió el demonio, habló aquel hombre, y la multitud se quedó admirada.

Muchas veces vemos cómo en los evangelios las debilidades de la naturaleza humana y las enfermedades del cuerpo o del espíritu sirven para representar de manera simbólica el estado en el que se encuentra el hombre que vive alejado de Dios, desconectado de la vida sobrenatural. Así ocurre, por ejemplo, en el Evangelio de san Juan con tres momentos que se recogen en la liturgia de Cuaresma vinculada históricamente a la preparación de los catecúmenos para recibir el Bautismo:

  • La sed y el agua: en el diálogo de Jesús con la mujer samaritana.
  • La oscuridad y la luz: curación del ciego de nacimiento.
  • Y muerte y la vida: resurrección de Lázaro.

En los diálogos que acompañan a estos encuentros, Jesús toma ocasión de expresiones usuales, dichas en sentido material e inmediato (por ejemplo, la sed después de un largo camino o la muerte de un amigo), para presentar realidades sobrenaturales. Se trata de signos de una verdadera curación espiritual que es el motivo de su Encarnación redentora: «por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo del Cielo».

II: En esa significación más profunda está ya presente el núcleo de lo que será la doctrina de la Iglesia sobre los sacramentos. (EUNSA).

Además, esos diálogos nos hacen comprender que la oración y los sacramentos son el lugar de nuestro encuentro con Cristo. Jesús es el primero en buscarnos.

La oración es el encuentro entre Dios que nos llama y el hombre que tiene sed de Él y le busca (CEC, 2560): «Como busca la cierva corrientes de agua, | así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42, 2-3). Y el fruto de este encuentro es que el hombre rinda a Dios un culto que brota de su corazón y que es suscitado por el mismo Espíritu Santo: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5, 1-2; 5-8).

Gracias a este don del Espíritu Santo y a su encuentro con Jesucristo con quien se va identificando día a día, el bautizado está en camino y encuentra en la oración y los sacramentos el alimento que necesita para avanzar en nuestra peregrinación hasta alcanzar la vida eterna.

III. Por otro lado, es cierto que ya hemos sido liberados de la esclavitud del pecado por la luz de la gracia y la victoria de Cristo, pero mientras dure nuestra vida estaremos en lucha. Por eso san Pablo en la Epístola (Ef 5, 1-9) subraya el contraste entre las obras de las tinieblas y el pecado y las obras que son propias de quienes ya somos hijos de la luz: «Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz» (v. 9). Antes éramos «tinieblas» por nosotros mismos; ahora «luz», en Cristo y gracias a Cristo: «admirable revelación que nos muestra cómo la buena conducta procede del conocimiento sobrenatural de la luz de Cristo» (STRAUBINGER).

IV. Aprendamos esta enseñanza que hoy nos da el santo Evangelio. Jesús nos espera, especialmente en este tiempo de Cuaresma, y tiene algo que decir a cada uno de nosotros: «Ojalá escuchéis hoy su voz: No endurezcáis el corazón» (Sal 95). Detengámonos un momento en silencio, en una iglesia ante el Sagrario, o en otro lugar retirado y escuchemos su voz que nos dice: «Si conocieras el don de Dios…».

La Virgen María (que escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica como hemos leído en el elogio del Evangelio) nos ayude a encontrar a Jesús que nos revela su amor y nos enseña el camino que conduce a la vida eterna.