Widgetized Section

Go to Admin » Appearance » Widgets » and move Gabfire Widget: Social into that MastheadOverlay zone

20 enero 2024 • Rito Romano Tradicional

Marcial Flavius - presbyter

III Domingo después de Epifanía: 21-enero-2023

Epístola (Rom 12, 16-21)

16 […] No os tengáis por sabios. 17A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. 18En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. 19No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor. 20Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. 21No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.

Evangelio (Mt 8, 1-13)

1Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. 2En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 3Extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida quedó limpio de la lepra. 4Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 5Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: 6«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». 7Le contestó: «Voy yo a curarlo». 8Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. 9Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». 10Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. 11Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». 13Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Paolo Veronese: Curación del siervo del centurión

Reflexión

I. Leemos en el Evangelio de este Domingo dos milagros de Cristo: la curación de un leproso y la del siervo del Centurión. Inmediatamente después del Sermón de la Montaña, relata san Mateo numerosos milagros y termina con un resumen general: «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia» (Mt 9, 35).

El evangelista quiere probar que Jesús es el Mesías y actúa como tal y que, con ello, se estaban cumpliendo los anuncios de los profetas que san Mateo cita expresamente en varios lugares de su Evangelio que escribió para los judíos de Palestina con la finalidad de demostrar que Jesús es el Mesías prometido, porque en Él se han cumplido los vaticinios de los Profetas.

En numerosos pasajes también aparece la vinculación que hay entre el reino de Dios y el poder de los milagros. Así cuando san Juan Bautista envía a sus discípulos a preguntar a Cristo si es el Mesías, Él responderá afirmativamente remitiéndoles al significado que tienen sus milagros: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!» (Mt 11, 4-6). Y ante la acusación de los fariseos, que le acusaban de expulsar demonios en virtud diabólica, el mismo Cristo les dijo: «Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mt 12, 28), es decir, los milagros son signo de la instauración del reino mesiánico.

Podemos por tanto decir, en síntesis que estos milagros garantizan el anuncio del Reino de Dios que era el contenido inicial de la predicación de Jesús, como resumen los evangelistas: «Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 14-15; cfr. Mt 4, 17) Esta expresión sintetiza todo el mensaje de Jesucristo. Todo hombre debe confesarse pecador y creer en la buena nueva de que Dios es un Padre que perdona. El rechazo de este mensaje por parte del pueblo llevó a Jesús a la Cruz (STRAUBINGER).

II. Jesús anuncia una buena noticia (eso significa Evangelio): la llegada del reino de Dios. Es decir, que Dios es quien reina, que Dios es el Señor, y que su señorío está presente, es actual, se está realizando. La novedad del mensaje de Cristo es que en Él Dios se ha hecho cercano, que ya reina en medio de nosotros. Dios reina en el mundo mediante su Hijo hecho hombre y con la fuerza del Espíritu Santo.

El estadio terreno del reino de Dios es la Iglesia, en la que ya poseemos los bienes traídos por Cristo como son la revelación, la redención, la filiación divina, los sacramentos… y esperamos la plenitud de este reino en la vida eterna. Esta es en una palabra la vida cristiana, que a partir de las lecturas que estamos comentando podemos señalar que reúne tres características:

  • La vocación a la vida cristiana parte de una verdadera conversión personal, que nunca se realiza de manera definitiva y que debe renovarse continuamente, en las distintas etapas de la existencia.
  • En segundo lugar, la respuesta humana debe ser siempre llena de confianza, también cuando lo que Dios pide puede parecer no comprensible inmediatamente, ilógico e incluso humanamente inútil.
  • En fin, toda vocación debe ser misionera, hacerse «anuncio de conversión» también para los demás, un anuncio que es más eficaz en la medida en que más se vive, en primer lugar, a nivel personal.

III. «Se ha cumplido el tiempo», decía Jesús al llamar a la conversión y a acoger el Evangelio en la propia vida. Tanto el carácter urgente de la invitación de Jesús como lo inmediato e incondicional del seguimiento que pide nos hacen ver que no se puede vivir aplazando continuamente las decisiones que la conversión implica porque el tiempo del que disponemos (nuestra propia vida) es limitado y no sabemos hasta cuando se prolongará. No podemos seguir viviendo como si Jesucristo no hubiera venido. Su presencia debe determinar toda nuestra existencia.

El Señor nos ha invitado a seguirle, a cada uno en unas peculiares circunstancias, y hemos de examinar cómo estamos correspondiendo a esa llamada o si hay cosas en nuestra vida que nos impiden dar una respuesta rápida y generosa. También acudimos a la Virgen María; le pedimos fortaleza para ser fieles a nuestra vocación con una vida entregada al Dios que nos ha llamado a la santidad en esta vida para estar con Él por toda la eternidad en la gloria del Cielo.