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2 enero 2024 • Algunas de las efemérides oficiales del calendario

Manuel Parra Celaya

Celebraciones para el nuevo año

He echado una mirada a un calendario del nuevo año para empezar a situarme ante lo que espera en un futuro inmediato y evitar, provisoriamente, solapamientos e intromisiones entre lo personal, lo familiar y lo -llamémoslo- institucional, como aquella vez en que programé una bonita actividad montañera precisamente el día de mi aniversario de boda, desliz que mi esposa aún recuerda aunque, en su bondad, me haya perdonado.

Compruebo que las festividades religiosas del 2024 están donde constaban tradicionalmente, sin cambios aparentes por decisiones a veces difíciles de entender; las nacionales, también, aunque lo suficientemente mermadas y reducidas, quizás con la esperanza de que pasen desapercibidas entre las celebraciones de los días de días de las diferentes Comunidades Autónomas; se sigue marcando como celebración, eso sí, la Fiesta Nacional de España el 12 de octubre -de momento-, con curiosa exclusión de cualquier referencia a la Hispanidad y a su Patrona, la Virgen del Pilar. En general, en un calendario, copioso de celebraciones, predominan las de carácter mundial o internacional, para dar fe de que estamos inmersos en un mundo globalizado.

Son muy respetables, y quiera Dios que fecundas y benéficas, las festividades que pretenden incidir en aspectos médicos, preventivos y curativos, como el Día Mundial contra el cáncer (antigua fiesta de la banderita) y la más específica contra el cáncer infantil, cuya sola mención impresiona sobremanera; o el día dedicado al síndrome de Down, el de la concienciación sobre el autismo, el de las enfermedades raras o el de las personas con discapacidad; claro que estos días para recordar a nuestros semejantes con dificultades quedan como inanes si no van acompañadas de una parte generosa en los presupuestos oficiales y quedan en el capítulo de buenas intenciones, como está ocurriendo en España, donde se desvían ciertas dotaciones para gastos políticos de dudosa calidad filantrópica; otro tanto ocurre con el Día Mundial de la Ciencia, que, de contar con suficiente respaldo económico e institucional, evitaría el exilio forzoso de los investigadores españoles.

Algunas de las efemérides oficiales del calendario deberían ser proclamadas, estudiadas y suficientemente trabajadas en los colegios y, en general, en todo el marco de la sociedad, como el Día de Europa -la de verdad, no la impuesta por Bruselas- o el dedicado a la Familia, aunque mucho me temo que no cesen por ello los ataques contra la célula base de la sociedad, tan extendidos y brutales, por parte de la ideología woke. También son sumamente respetables el Día Mundial de la Infancia y el de la Juventud, si bien un servidor trasladaría este último del mes de agosto a mayo, en la festividad de San Fernando, por aquello de la fidelidad a la propia historia y por vergüenza torera, lo que algunos llaman contumacia. Por razones personales y sobrevenidas, me enternece el Día de los abuelos, aunque, bien mirado, los homenajeados en esa fecha vienen a estar de servicio todo el año…

Otros días marcados en el calendario de 2024 no pasan de ser brindis al sol, que resultan paradójicos en el mundo en que vivimos, como el dedicado a la paz, a la amistad, a la solidaridad o a los Derechos Humanos, mientras que otros nos suenan a algo vacuo o trivial, como el Día de la Naturaleza, el del Medio Ambiente o el de los Océanos, con permiso de los ecologistas y del Papa Francisco, pues la protección al medio natural es cosa de todos los días y debería constar en la agenda -¡no la 2030, por favor, que eso no se lo cree nadie!- de los Estados. Y otra contrata curiosa es el Día Mundial de los Animales, se supone que por inspiración de los grupos animalistas, que imagino celebrarán de forma entusiasta todas las personas que han sustituido los carritos de bebé humano por esos artilugios en que pasean a sus perritos falderos para que no cansen.

Sigue siendo propagandístico el Día Internacional de la Mujer, de marca feminista, cuando un respeto y una equidad con respecto a todas las personas de ambos sexos evitaría su uso ideológico y partidista; sobre el día contra la violencia de género podemos decir otro tanto, pues cualquier tipo de violencia contra el ser humano es detestable por sí, y en este punto cobrarían especial importancia, no solo las leyes diseñadas por inútiles y la represión policial, sino la educación y, por supuesto, el seguimiento y control de algunas costumbres ancestrales de otras culturas que comparten nuestros espacios.

Desconozco el alcance del Día Mundial de la Radio y, todavía más, el señalado del Community Manager, pero acaso sea debido a mi ignorancia. El Día del Voluntariado yo lo denominaría del Servicio, porque vislumbro que de eso se trata, y en su celebración incluiría un merecido homenaje a nuestros soldaditos destacados por todo el mundo en supuestas misiones de paz, que, para más inri, han recibido estas Navidades la visita del Presidente del Gobierno español, quizás para añadir más riesgo a su tarea.

Me falta un Día a favor de la Vida, que podría figurar muy bien cuando recordamos a finales de diciembre el infanticidio del maníaco de Herodes, pero a lo peor no sería bien vista la alusión al aborto en algunas pláticas a la violeta, y no quiero pedir peras al olmo.

Quedan otras muchas fechas que, por supuesto, no van a borrarse de mi recuerdo personal, y cuya conmemoración es rigurosamente personal o que queda reducida a los españoles a quienes las otras memorias no han privado de la suya… Sea como sea, aprovecho para felicitar al nuevo año a todos los lectores, especialmente a quienes seguro que comparten conmigo unos buenos deseos y esperanzas para España que es ocioso mencionar ahora.