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27 diciembre 2021

Desde Mi Campanario

La pedagogía del “apartheid”

27El Sr. González-Cambray, a la sazón Conseller d´Educació de la Generalidad de Cataluña, dictamina tajantemente en una entrevista que “no hay conflicto con el catalán en la escuela catalana y no ha existido nunca”, y reparte sus acusaciones tremendistas contra la familia del niño de Canet de Mar que se atrevió a reclamar el 25% de clases en castellano, la prensa (no subvencionada, claro) y los tribunales.

Un nuevo agravio, pues, servido en bandeja para que el nacionalismo separatista practique su deporte favorito, el victimismo, y que ha tenido su expresión pública en una manifestación que, esta vez, no derivó en tumulto ni en quema de contenedores. Allí estaban todos, los antiguos rivales en el parlament, los partidarios de la unilateralidad y los más cucos, los que siguen sangrando al gobierno de Sánchez a cambio de su apoyo; los puigdemonistas y los posibilistas… Y, también, vaya usted a saber por qué, UGT, CC.OO. y diversos sindicatos de la cuerda.

Naturalmente que no existe conflicto “con el catalán”, lengua tan española como otra, que se emplea simultánea o en alternancia por la inmensa mayoría de catalanes con el idioma común, el castellano o español por antonomasia. El conflicto real es con la utilización política del catalán, como ariete del nacionalismo para conseguir sus objetivos, para conferir en un gueto a quienes son reputados de malos catalanes, para ahondar en el nosotros y ellos, para hacer más grande la fractura que divide hoy en día a la sociedad.

El detonante, ya saben, ha sido un niño de cinco años, cuya familia reclamó ese 25% concedido por resolución judicial; el resultado está siendo un recorrido que va desde el escrache a la amenaza de apedreamiento; del ser señalado por el dedo inquisitorial al vacío social; del vacío al ostracismo e, incluso, a la muerte civil. ¿Quién tendrá ahora agallas para sumarse a la reclamación? La dictadura silenciosa ha dejado de ser silenciosa, y se ha convertido en vecinal y callejera.

Esto es el resultado, no solo del gobierno sanchista y de sus amistades peligrosas, sino de toda una trayectoria de todos los gobiernos españoles, mande Juan o mande Pedro en los Madriles (léase Suárez, González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Sánchez, que tanto monta); la impunidad de los separatistas para imponer sus ucases y desobedecer sistemáticamente las sentencias de los tribunales ha sido total. Ahora queda la pedagogía del apartheid de los alumnos y familias díscolas.

¿Problema idiomático? Este puede ser el interrogante que se formularía algún ingenuo que no viviera el caso in situ. No, simplemente es una nueva vuelta de tuerca en el intento establecer barreras sociales y de marginar a los que se puedan oponer; es una demostración más del supremacismo de los separatistas, que requiere un estudio más profundo que vaya al fondo del asunto.

Todo nacionalismo se sustenta en una base, casi subconsciente, de tipo biológico, al llevar al terreno de la espontaneidad, de lo inmediato, lo que da cuerpo a un tema político, el de una supuesta construcción nacional. En sus orígenes, los nacionalistas -en nuestro caso, los de Cataluña y del País Vasco- llevaron este biologismo hacia sendas inequívocamente racistas; conocidos son los dislates de Sabino Arana, pero más silenciados -en este momento- son los de los nacionalistas catalanes primigenios; así, Valentí Almirall, con su teoría de las dos razas, la centro-meridional o semita y la de tipo anglosajón o catalana; o Pompeyo Gener, con su clasificación antropológica entre semitas y arios, o Pere Mártir Rosell, en su propuesta de “desterrar la raza infame”, o la del Dr. Rober…

Una segunda generación nacionalista dulcificó la división, llevándola al terreno idiomático, como explicación bíblica del mito de Babel, casos de Prat de la Riba, Pere Montanyola, Pompeu Fabra…, incluso con algún nostálgico en los años 20 del siglo pasado, como Mosén Riera, que entroncaba el catalán con una raza ario-gala y el castellano con lo íbero-romano, arabizado por sus hablantes semitas (vamos, la aldea de Asterix en versión pseucientífica).

En resumen, el idioma como trasunto de la raza. Y, evidentemente, a los inferiores no les queda más remedio que ser sumidos en un apartheid social y, en el caso de la escola catalana, pedagógico, destino del niño de Canet de Mar y de cualquier que reclame poder ser educado en las dos lenguas de uso en Cataluña.

Me viene a la memoria el recuerdo de un gran poeta sevillano recientemente fallecido, Aquilino Duque, enamorado de lo catalán, que gustaba de repetir aquella cita de Juan de Mairena (alter ego de Antonio Machado, como aclaración para quienes van a sufrir la ley Celáa), al negarse a definirse como andalucista, porque se trataría se “español de segunda” y “español de tercera”; pues bien, el poeta diagnostica, en su libro “Cataluña crítica”, que “nada hay que movilice a las masas como aquellas ideas-fuerza que son lo suficientemente elementales como para no pasar del paleocórtex o cerebro reptiliano”.

Evidentemente, estas ideas-fuerza son las que movían el otro día a los manifestantes que protestaban del “agravio” de los Tribunales y de la familia del niño de Canet. Lo malo es que los promotores de la manifestación y agitadores de las masas en la calle tienen los objetivos mucho más claros y -perdónenme al estar en fechas navideñas- satánicos.