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25 agosto 2018 • "Buscad, pues, primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura"

Marcial Flavius - presbyter

14º Domingo después de Pentecostés: 26-agosto-2018

Rito Romano Tradicional

Evangelio

Mt 6, 24-33: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores: porque, o aborrecerá al uno, y amará al otro o al uno sufrirá, y al otro despreciará. No podéis servir a Dios, y a las riquezas. Por tanto, os digo: no os inquietéis por hallar que comer para sustentar vuestra vida, o por los vestidos para vuestro cuerpo. ¿No es más el alma que la comida, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo como no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues, ¿no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros, a fuerza de discurrir, puede añadir un codo a su estatura? ¿Y por qué andáis solícitos por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo: ellos no trabajan, ni hilan. Y sin embargo, yo os digo, que ni Salomón, en el apogeo de gloria, llegó a vestirse como uno de estos lirios. Pues, si el heno del campo, que hoy es, y mañana es echado al horno, así viste, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos?” porque los gentiles se afanan por estas cosas. Ya sabe vuestro Padre que habéis menester de todas ellas. Buscad, pues, primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura..

Gustavo Doré: El Sermón de la Montaña

Reflexión

En el evangelio que se lee hoy [Mt 6, 24-33] Cristo nos propone como ejemplos a los Pajaritos y a los Lirios: los Pajaritos no siembran ni almacenan y siempre tienen que comer; los Lirios no hilan ni cosen y están muy bien vestidos. Parece demasiado poético, y hasta ha parecido a algunos una exhortación a la gandulería general. Mas en esta parábola nos prohíbe Cristo la Solicitud Terrena, que trae consigo la avidez y codicia de riquezas, la cual arrastra tras de sí males innumerables. La avaricia es un pecado jefe, que manda a otros muchos; porque Solicitud Terrena pueden tener tanto los ricos como los pobres, sin Cristo.

433.- ¿Qué nos prohíbe el séptimo mandamiento: NO HURTARÁS? – El séptimo mandamiento: No hurtarás, prohíbe tomar o retener injustamente lo ajeno, o causar algún daño al prójimo en la hacienda, de cualquier modo que sea

441.- ¿Se perjudica en la hacienda al prójimo solamente con el hurto y la rapiña? – Se le perjudica también con los fraudes, la usura y cualquier otra injusticia contra los bienes.

442.- ¿Cómo se comete el fraude? – El fraude se comete engañando al prójimo en el comercio con pesos, medidas o monedas falsas y con mercancías averiadas; falsificando escrituras y documentos; en suma, haciendo trampas en las compras y ventas o en cualquier otro contrato, y asimismo cuando se niega uno a dar lo justo o lo convenido.

443.- ¿Cómo se comete la usura? – La usura se comete cuando se exige sin legítimo título un interés ilícito por alguna cantidad prestada, abusando de la necesidad o ignorancia del otro.

444.- ¿Qué otras injusticias se cometen contra los bienes del prójimo? – Hacerle perder a uno injustamente lo que tiene, perjudicarle en sus propiedades, no trabajar conforme al deber, no pagar por malicia las deudas y salarios debidos, herir o matar animales que son del prójimo, dejar que se echen a perder las cosas encomendadas, impedir a otro la consecución de cualquiera justa ganancia, dar la mano al ladrón y recibir, esconder o comprar la cosa hurtada.

Cristo no predicó la haraganería ni la supresión de la prudencia. Es la más importante de las virtudes morales, sin la cual todas las otras se convierten en vicio. Cristo no predicó que no había que trabajar, que no había que pensar en los hijos ni en la vejez, que no había que guardar el dinero…

Cristo no nos manda ser imprevisores, nos manda vencer en nosotros la Solicitud Terrena: “No andéis solícitos y ansiosos por lo que habéis de vestir o de comer, o por el día de mañana: el día de mañana se trae su propia ansiedad, no la asumáis hoy… Mirad las Aves del Cielo… ¿Hay alguno de vosotros que pueda añadir un trecho al tiempo de su vida?”

467.- ¿Qué nos prohíbe el décimo mandamiento: NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS? – El décimo mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos, nos prohíbe el deseo de quitar a otros sus bienes y el de adquirir hacienda por medios injustos.

468.- ¿Por qué prohíbe Dios aun el deseo de los bienes ajenos? – Dios prohíbe los deseos desordenados de los bienes ajenos porque quiere que aun interiormente seamos justos y que nos mantengamos siempre muy lejos de las acciones injustas.

A estos dos puntos, el mandato de huir la solicitud (madre del temor, la avaricia y la explotación del trabajo ajeno) y el consejo de la pobreza voluntaria, se añaden los tremendos anatemas de Cristo a las riquezas y a los ricos

469.- ¿Qué nos manda el décimo mandamiento? – El décimo mandamiento nos manda que estemos contentos con el estado en que Dios nos ha puesto, y que suframos con paciencia la pobreza cuando el Señor nos quiera en ese estado.

470.- ¿Cómo puede el cristiano estar contento en el estado de pobreza? – El cristiano puede estar contento aun en el estado de pobreza, si considera que la mayor felicidad es la conciencia pura y tranquila, que nuestra verdadera patria es el cielo, que Jesucristo se hizo pobre por nuestro amor y ha prometido un premio especial a los que sufren con resignación la pobreza.

Omnia in bonum! ¡Todo es para bien! Todo lo podemos convertir en algo agradable a Dios, y en bien del alma. Esta expresión de San Pablo puede servirnos para repetirla a modo de jaculatoria, como una pequeña oración, que nos dará paz en momentos difíciles.

La Santísima Virgen, Nuestra Madre, nos enseñará a vivir confiadamente en las manos de Dios, si a Ella acudimos frecuentemente cada día. En el Corazón Dulcísimo de María –cuya fiesta hemos celebrado el pasado 22 de agosto– encontramos siempre paz, consuelo y alegría.

Elaborado a partir de: Leonardo CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo. Los números remiten al Catecismo Mayor de San Pío X