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10 abril 2018 • Toledo, sábado 14 de abril de 2018

Desde Mi Campanario

Roy Campbell, “in memoriam”: II Congreso sobre el poeta Roy Campbell

1. Tolkien, Campbell y los Inklings (D. Miguel Ángel Gimeno Álvarez)

Corría el 6 de octubre de 1944 en plena II Guerra Mundial cuando J.R.R. Tolkien dirigía una carta, la 83 de sus The Letters of J.R.R. Tolkien, a su hijo Christopher. Tolkien no esperaba que el trimestre académico se pospusiera una semana por lo que días antes había aprovechado para disfrutar, si cabe aún más, de la compañía de sus amigos en las habituales tertulias literarias del grupo de los Inklings en el The Eagle & Child, su pub de referencia en Oxford. Como era norma habitual y con la cerveza como testigo; allí estaban Charles Williams, C.S. Lewis y su hermano Warnie. Pero días atrás había aparecido un extraño en una de las esquinas de ese pub de la calle St. Giles. Se trataba de un hombretón alto, fuerte, de ojos claros y brillantes que, con traje caqui y sombrero de ala ancha, no perdía detalle de la conversación del grupo de Tolkien sobre el poeta W. Wordsworth. Era un tal Roy Campbell cuyo aspecto físico y ligera cojera hicieron que Tolkien recordase el personaje de Trotter, luego Aragorn, en «El señor de los anillos».

El acento del invitado, su origen sudafricano, su conversión al catolicismo y el amplio anecdotario que puso a disposición de sus expectantes oyentes abrieron una gran ventana al mundo salvaje de un protagonista con raíces, vivencias y amigos comunes al propio Tolkien quien, sin dudarlo, le invitó a un nuevo encuentro en el que C.S. Lewis estuviese algo más receptivo, menos crítico, y no tan afectado por la ingesta del dulce oporto.

2. Mary Campbell: de hippy a terciaria carmelita (Dr. Emilio Domínguez Díaz)

Pudo haber sido Sylvia o, tal vez, Kathleen. O Helen, Ruth, Rosalind o la pequeña Lorna pero fue Mary, la hermana mayor de las Garman, quien en la primera parte del siglo XX inspiró tanta poesía, pintura, bustos además de suscitar tantos comentarios o temas de conversación en aquel Londres del primer cuarto de siglo. Las hermanas Garman levantaron pasiones y raro es no hallar el nombre de Mary, Kathleen o Lorna en las biografías de los «ilustres» miembros del Grupo de Bloomsbury auspiciado por su musa Virginia Woolf. Tal vez, esa presencia pudo haber sido contraproducente en el devenir de sus vidas pero, indudablemente, supuso un trampolín en los mentideros bohemios londinenses de la época.

Mary era increíblemente atractiva, extravagante, obstinada, una mujer de armas tomar y, con ese comportamiento, se convertiría en icono para el resto de sus seis hermanas menores. Sus miradas y sonrisas causaban estragos en los hombres y todo lo que aparecía en su entorno aumentaba de valor. Mary, pionera de las andanzas de las Garman por Londres, rompió moldes y las rígidas convenciones y normas con las que habían vivido debido a las imposiciones del Dr. Walter Garman, su padre. Sedujeron, inspiraron, captaron las miradas de todo aquel que pasaba a su lado y, especialmente Mary y Lorna, fueron capaces de gestar el don de la inspiración y creatividad en los demás con esa extraña habilidad familiar que hacía que los hombres perdiesen la cabeza ante sus negativas. Los corazones de muchos de ellos pagarían las consecuencias del desdén de las dos hermanas. Pero en ambas vidas, llenas de pasión y glamour, hubo un detonante, un antes y un después, un punto de inflexión iniciado tras abrazar una nueva fe y convertirse al catolicismo.

3. Roy Campbell, español honorífico (Dra. Beatriz Villacañas Palomo)

Desde su Sudáfrica natal, el periplo vital y literario de Roy Campbell es, sin duda, uno de los más apasionantes. Viajero y hombre de acción, desde la lejana Durban que le vio nacer, Roy Campbell emprendió un viaje por países tales como Inglaterra y Francia, con estancias llenas de peripecias o dificultades en ambos y, pese a ello, o quizá también por ello, estancias fructíferas y esenciales. Fue en Inglaterra donde comenzó su andadura literaria y, sobre todo, fue en Inglaterra donde conoció a Mary Garman, la mujer que habría de ser su esposa y compañera de por vida, la mujer con la que habría de tener a sus hijas Anna y Tess. Mas el periplo vital y literario de Roy Campbell, esta vez con Mary Garman e hijas a su lado, continúa. Y es precisamente esa continuación la que lleva a Roy y a Mary al destino que será decisivo para sus vidas, el país que habría de cautivarles hasta el extremo de sentirle como hogar definitivo: España. Fue en España donde el matrimonio Campbell se convirtió a la fe católica y fue en España donde, en la Guerra Civil, el matrimonio se jugó la vida y también donde vivió más fructífera e intensamente. La vida de Roy Campbell en España generó en el poeta un amor fecundo, tan fecundo que dio frutos de extraordinario valor. Lleno de gratitud, y la gratitud, no lo olvidemos, es signo de grandeza,

Roy Campbell se expresó así:

“España es un país al que le debo todo, pues España salvó mi alma.”

Y, en España, Toledo, ciudad donde se intensificó la relación de Roy Campbell con los Carmelitas. La espiritualidad del Carmelo, los referentes carmelitas de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, a quien tanto admiraba Mary, la amistad del poeta con los carmelitas y la guía espiritual y amistosa de los Padres Evaristo y Eusebio conducirían providencialmente a la preservación de manuscritos y otros tesoros de los Carmelitas toledanos que éstos, en un arcón, llevaron a la casa de los Campbell al comienzo de la Guerra Civil.

Roy Campbell, católico converso, vivió amistades y experiencias españolas no sólo como un español más, sino como un español grande, valiente y apasionado, que tanto en su vida como en su arte irradiaba españolidad: pinturas taurinas, poemas patrióticos y religiosos y, por supuesto, su traducción al inglés de poetas españoles como Lorca y nada menos que la poesía de San Juan de la Cruz, labor a la que dedicó once años.

En Mithraic Emblems, publicado en Inglaterra dos meses después de salvar la vida y la de su familia de las violencias en Toledo, aparecen, como encabezado, dos versos en español del célebre En una noche oscura:

“…Sin otra luz ni guía/ sino la que en mi corazón ardía”

Y es que, hablando de corazones ardientes, el corazón español de Roy Campbell era el de los grandes campeones.

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