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4 junio 2016 • En esta hora trágica de la historia humana

Angel David Martín Rubio

A tu Corazón Inmaculado nos confiamos y consagramos

Fatima Corazon MariaAyer celebraba la Liturgia de la Iglesia la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y hoy [*] nos invita a poner nuestros ojos en el Corazón Inmaculado de María Santísima.

Para no tener una idea parcial e incompleta de lo que es realmente la devoción al Corazón de María hay que considerar su objeto de dos maneras: su objeto material y su objeto formal, sin separarlos nunca.

El elemento material es el mismo Corazón físico, real, palpitante, de la Santísima Virgen. Un Corazón de carne, humano, en todo semejante al de los demás hombres, pero Inmaculado desde su misma Concepción. Y el otro elemento, el formal, es invisible e inmaterial, y consiste en el Amor, en la Caridad de la Virgen Madre, encerrada y simbolizada en ese Purísimo Corazón.

1. El Corazón más semejante al de Jesús por la gracia

Desde toda la eternidad, Dios tenía determinado para la salvación de los hombres, que el Verbo se hiciera carne en las entrañas purísimas de la Virgen María.

No habiendo criatura tan unida al Verbo divino como su Madre, tampoco la hay que por la gracia se asemeje a Jesucristo tanto como su Madre. Por eso la primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de su vida interior: «María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón» (2, 19).

El Corazón de María conservaba como un tesoro todos los acontecimientos de la vida de Cristo, en especial los que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús. Además, la Virgen nos ama en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. El suyo es un corazón maternal, atento, vigilante a todo lo que ocurre a sus hijos.

Así como Cristo vino al mundo por María, del mismo modo tienen los hombres que volver a Dios por María; pues habiendo por Ella recibido al Autor de la gracia, por Ella hemos de recibir los frutos de la Redención.

2. El Corazón más semejante al de Jesús por las virtudes

La humildad, la mansedumbre, la pureza… no hay Corazón más semejante al de su Hijo que el de María.

Al considerar la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestro propio corazón: si somos dóciles a las gracias; si meditamos en él todos los acontecimientos de la vida para sirvan para acercarnos más a Dios; si arrancamos de él todo aquello que nos separa de Dios: el pecado y sus raíces.

Recordemos hoy cómo el papa Pío XII acudió al Inmaculado Corazón de María en un momento especialmente difícil para la vida de la Iglesia y del mundo:

«A Ti, a tu Corazón Inmaculado, en esta hora trágica de la historia humana, nos confiamos y consagramos no sólo en unión de la Santa Iglesia, Cuerpo Místico de tu Jesús, que sufre y sangra por tantas partes y en tantos modos es atribulada, sino también de todo el mundo, destrozado por feroces discordias, abrasado por un incendio de odios, víctima de las propias iniquidades» (31-octubre-1942).

A este purísimo Corazón acudimos también nosotros, a la que es llamada Refugio de los pecadores y Consuelo de los afligidos, para que Dios perdone nuestras culpas y nos socorra en nuestras necesidades materiales y, especialmente, aquellas que se ordenan a la salvación de nuestras almas.

Corazón dulcísimo de María, prepáranos un camino seguro, para que, obedientes siempre a los mandatos de Dios, le amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades.

«Oh Dios omnipotente y eterno, que has preparado en el Corazón de la Bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo; concédenos en tu bondad que, celebrando devotamente la fiesta de su Inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por J. C. N. S» (Misal Romano, ed. 1962, 22-agosto: or. colecta).

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[*] La costumbre de anticipar la Liturgia del domingo en las Misas vespertinas del sábado, hace que esta fiesta pase completamente desapercibida para la mayoría de los fieles. En el Rito Romano Tradicional, el Corazón de María se celebra el 22 de agosto, Octava de la Asunción, desde que fue fijada en esa fecha el 4 de marzo de 1944. La Misa y el oficio fueron redactados de nuevo siendo papa Pío IX, en 1855, utilizando en parte los formularios compuestos por san Juan Eudes en el siglo XVII.

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