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7 octubre 2015 • San Pío V atribuyó al rezo del Rosario la victoria de la Cristiandad en la Batalla de Lepanto

Angel David Martín Rubio

Rosa mística: Virgen del Rosario

virgen-del-rosarioEl nombre de Rosario, define un conjunto de oraciones dedicadas a la Virgen y pronunciadas a manera de guirnalda de rosas en su honor.

Desde antiguo, María ha sido la Rosa mística. «Rosa entre espinas», la llamó Edulio Caelio en el siglo V. Cuatro siglos después, el monje Teófanes Graptos usa el mismo símil refiriéndose a la pureza de María y a la fragancia de su gracia. La Iglesia de Oriente la invoca como «Rosa mística de la cual salió Cristo como milagroso perfume» (Himno Akathistos). San Bernardo dice que la misma Virgen fue una rosa de nieve y de sangre.

1. Desde la Edad Media, el Rosario consta de tres series de Misterios (Gozosos, Dolorosos y Gloriosos): las “tres partes” del Rosario. Las 150 avemarías (50 en cada una de estas partes) evocaban los 150 Salmos que componen el Libro del Antiguo Testamento, por lo que se llamaba al Rosario: el Salterio de María.

Su origen puede verse en la recitación continuada de 150 avemarías por parte de los monjes legos, mientras que el resto de los monjes que sabían podían hacerlo, rezaban las horas canónicas del Oficio Divino en el Coro. Para estos inicios nos remontamos al siglo XII en el seno de las grandes órdenes monásticas como benedictinos, cistercienses y cartujos. Con la aparición de los mendicantes, a comienzos del siglo XIII el fundador de la Orden de Predicadores (los dominicos), el español Santo Domingo de Guzmán, asumió para la espiritualidad y la predicación de sus frailes la costumbre de recitar avemarías, añadiendo un aspecto que llegaría a ser esencial al Rosario: la meditación de los misterios de la redención: vida de Cristo y de María.

Para hallar consolidada la forma con los quince misterios y las decenas de avemarías, con el padrenuestro y el gloria, hay que llegar al siglo XV con el dominico francés Alain de la Roche, fundador de la Cofradía del Rosario. El también dominico Alberto Castellano estableció los quince misterios agrupados en tres series de cinco, forma consagrada por el papa San Pío V en una Bula de 1569 (Consueverunt). El mismo Papa atribuyó al rezo del Rosario la victoria de la Cristiandad en la Batalla de Lepanto el 7 de octubre de 1571.

Como aquellos cristianos que con su oración consiguieron esta victoria tan trascendental para toda la cristiandad, hoy rezamos el Rosario ante tanta ayuda como necesitan el mundo y la Iglesia, ante tantas gracias que nos son precisas para sacar adelante nuestra vida interior y salvar un día nuestra alma.

2. Después de contemplar los misterios de la vida de Jesús y de Nuestra Señora, terminamos el santo Rosario con las Letanías y algunas peticiones que varían según la costumbre o la piedad personal.

El origen de las letanías se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Eran oraciones breves y dialogadas entre el clero y el pueblo fiel y tenían un especial carácter de invocación de la misericordia divina. Se rezaban durante la Misa –todavía hoy conservamos algún recuerdo de ello en el rezo o canto de los Kyries antes del Gloria- y especialmente en las procesiones en honor de la Virgen y los santos.

Las que se rezan actualmente en el Rosario comenzaron a cantarse solemnemente hacia 1500 en el Santuario italiano de Nuestra Señora de Loreto (de ahí procede el nombre de Letanía Lauretana). Desde allí se extendieron a toda la Iglesia.

Las Letanías Lauretanas recogen una tradición antiquísima de elogios llenos de amor de los cristianos a su Madre del Cielo y las expresiones de admiración de los Santos Padres de la Iglesia. Cada título es una breve oración o jaculatoria que dirigimos y se agrupan según un orden lógico: maternidad divina, virginidad perpetua, mediación, realeza universal y ejemplaridad y camino para todos sus hijos.

Al detenernos despacio en cada uno de estos títulos, podemos considerar los dones con los que Dios ha adornado a nuestra Madre del Cielo y servirnos con frecuencia de estas invocaciones para recordar lo mucho que necesitamos a la Virgen y expresarle nuestra devoción más sincera.

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