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2 Junio 2015 • Novela histórica sobre Omar ben Hafsun, • Fuente: Blog del autor

Desde Mi Campanario

Cesáreo Jarabo Jordán: ·”El primero de los insurgentes”

El primero de los insurgentes

CESÁREO JARABO JORDÁN

El primero de los insurgentes

2015

160 págs.

Pedidos en este enlace

 

Desde que el año 711 Táriq, con la colaboración de los hijos de Witiza y la falta de espíritu del pueblo español conquistase España, el pueblo hispano visigodo conoció saqueos y violaciones de todo derecho; tantas que ni aun las leyes impuestas por los invasores eran respetadas; se hacían y deshacían tratados con una alegría propia de gentes que no tienen la más mínima noción de derecho ni de justicia.

La fácil conquista de España, sin apenas lucha, a base de tratados más o menos ventajosos con las ciudades, dejó a los invasores sin la posibilidad de apropiarse de todos los bienes con la facilidad que ellos deseaban.

Esta situación provocó no pocas situaciones comprometidas por una y otra parte, de los invadidos con los invasores y de los invasores entre sí. Eso se complicaba por el hecho de que los invasores eran una multiplicidad de razas y de tribus inconexas, sin atisbo de cultura, cuya forma de vida casi exclusiva era el pillaje, con una doctrina religiosa que no condenaba el robo como lo condena el cristianismo y con una fe en la fuerza de las armas que los hacía temibles a los ojos de los pobladores de la península, acostumbrados de antiguo a las delicias de la civilización romana, occidental y cristiana.

Los saqueos, las persecuciones, las opresiones de todo tipo y color fueron conocidas por el pueblo español que por comodidad, por falta de fe, por complicidad con el enemigo o por anidar una falsa esperanza de sacudirse el yugo opresor del extranjero guardó compostura en el momento de la invasión y no les hizo frente ni se encastilló en los montes del norte, como hicieron muchos naturales.

Quedaba, pensaban muchos incautos, la posibilidad de renegar del cristianismo y convertirse al islam importado por los invasores, pero también eso resultó falso. Doblemente falso, primero porque una doctrina que no cree en la libertad no puede ser buena y segundo porque quedó demostrado que la solución en sí también era una trampa; mahometanos o cristianos, los españoles siguieron distinguiéndose de los invasores por múltiples aspectos: cultura, afabilidad, respeto, idiosincrasia, patriotismo…

Ciertamente muchos españoles cambiaron sus nombres hispanorromanos por nombres árabes, sus vestimentas hispanorromanas por vestimentas árabes, pero su mente, su pensamiento, no pudo cambiar al compás de las vestimentas y de los nombres.

Bien al contrario, los españoles de Al-Andalus, por las puras necesidades del invasor, debieron ocupar los lugares preponderantes en la cultura, ya latina, ya árabe; poetas, filósofos, escritores… españoles, con nombres árabes por necesidades de pura subsistencia y españoles de pensamiento, palabra y obra.

Pruebas dieron con las horribles matanzas de mártires cristianos habidas en Córdoba; pruebas que demostraron que el sentimiento nacional en los naturales de Al-Andalus no era menor que el de los compatriotas del norte; sentimiento que llevó al martirio no solo a quienes no habían renegado del cristianismo, sino aun a personas que habiendo abrazado el islam, a la hora de la verdad prefirieron renunciar a Mahoma y morir abrazando la cruz.

Constante fue la afluencia de mozárabes a tierras del norte; gentes que en su momento optaron por la convivencia con el invasor y que apostataron del cristianismo con el único fin de integrarse en la nueva sociedad impuesta y gentes que acabaron huyendo al norte, en busca de la patria, el Dios, la convivencia y la libertad que en el sur se les negaba.

Los masivos asesinatos llevados a cabo en Toledo y en Córdoba, o la destrucción, hasta hacer desaparecer hasta sus cimientos la ciudad mártir de Elvira, son tres pruebas de la situación real a que se veían sometidos los españoles bajo el imperio del Islam.

En ese ambiente, viéndose diezmados por las persecuciones, surgieron varios caudillos hispánicos que durante los primeros siglos de dominación plantaron cara a los invasores; Tudmir, Ben Marwan y Omar Ben Hafsún son tres muestras de heroísmo y sagacidad que gozaron de posibilidades reales; posibilidades que se vieron truncadas por diversas circunstancias; no fueron iguales las de Teodomiro que las de Ben Marwan u Omar, como no fue el mismo momento histórico.

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